La tranquilidad que otros ya quisieran

  • El club hispalense, sin deudas ni retrasos en el pago de las nóminas, atisba un panorama alentador

El Baloncesto Sevilla cerró la temporada 2015-16 con un claro balance positivo. De menos a más en el ámbito deportivo y con una "paz social", como señaló su presidente, Fernando Moral, que hizo olvidar las turbulencias del pasado verano, jugadores y cuerpo técnico crecieron en la cancha aupados por su gran redimiendo como locales en la segunda vuelta. Las clasificación para los play off por el título, una quimera al inicio de la campaña, casi se rozó en sus últimos compases.

La entidad hispalense, con Moral a la cabeza, confía en que lo peor ya pasó y que de cara al próximo curso se pueda confeccionar una plantilla competitiva que disfrute de la paz social tan celebrada. Ésa que otros ya quisieran.

Aún quedan varias cuestiones por aclarar en los próximos meses, en los que la inquietud podría volver a apoderarse de los aficionados. Y más tras conocerse que el lunes finalizó el plazo abierto por el propietario del club en abril para la ampliación de capital por 3,2 millones de euros. No obstante, Moral se apresuró en llamar a la calma, una vez más.

"Que el plazo haya finalizado no significa que el club esté en causa de disolución, sino que el propietario está buscando compañeros para que Sevilla siga teniendo baloncesto en la élite", explicó el presidente, optismista en cuanto a las negociaciones que se están llevando a cabo "con distintos grupos inversores" y de las que se podrían tener noticias a finales de mes. Así las cosas, no parece que vaya a revivirse la tensa espera que se instaló en las oficinas de San Pablo hace ahora un año.

Las palabras del máximo dirigente del CB Sevilla deberían ser suficientes para transmitir la misma calma que tanto ayudó al club en los momentos más duros. Lógicamente, lo ideal sería que la situación fuera otra y que en ningún caso la planificación de una temporada tuviera que incluir en la ecuación variables como la compra-venta de acciones, los grupos de inversión o la ampliación de capital, términos que nada tienen que ver con los entresijos del baloncesto.

Pero he aquí que donde algunos atisban incertidumbre otros bien pudieran ver una situación envidiable. Sirva o no de pobre consuelo, en esa élite a la que aludió Moral hay muchos equipos, casi todos de hecho a excepción de los grandes, con problemas de distinta índole que afortunadamente no alcanzan el CB Sevilla.

Para muestra, un botón. El del Joventut, que en palabras de su entrenador, Salva Maldonado, "está muy ahogado". La asfixia económica no sólo se traduce en la escasez de presupuesto para salir al mercado, sino en algo tan básico como el cobro de las nóminas. "Nuestros bajones deportivos coincidieron, casualmente, con épocas en los que había problemas de dinero. Quizá no fue ése el único motivo, pero está claro que no nos benefició porque quitó fuerza al equipo en situaciones de exigencia máxima". Así de claro se mostró en su particular balance de la temporada el técnico de la Penya.

Que los sueldos de los jugadores de baloncesto no son los del común de los mortales es un hecho. Que todos, mortales o no, queremos cobrar nuestras nóminas en tiempo y forma, también. Lo primero es lo primero y si alguna incidencia se registra en este campo no es de extrañar que la misma repercuta en el vestuario y se traslade después a la pista.

Y si en vez de una incidencia son varias, la cosa se complica. Que se lo pregunten al Bilbao Básket, que debe dos meses a su plantilla y tiene un plazo máximo de 15 días para lograr una línea de crédito de nada menos que un millón de euros para atender a la deuda de 2,7 millones que tiene que liquidar antes de junio de 2017. De no lograr esos ingresos a contrarreloj, el club entraría en concurso de acreedores.

Lejos de ese panorama se encuentra el CB Sevilla, que no debe ni un solo euro y aunque las nóminas que ofrece en ningún caso son desorbitadas sí incluyen una promesa hasta la fecha siempre cumplida: que se cobrarán sin retrasos ni menoscabos. A eso, como apuntó Luis Casimiro, se le llama tranquilidad. Y menos de los que podría pensarse gozan de ella en la que se supone es la segunda mejor liga del mundo.

No es cuestión de regodearse del mal ajeno, sobre todo si de quebraderos de cabeza el club hispalense también estuvo servido hasta hace poco. Pero las comparaciones, siempre odiosas, arrojan en este caso bastante luz sobre los aciertos alumbrados en unos despachos en calma.

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