Levante · Sevilla FC

Otro tren al que no se sube (1-0)

  • El Sevilla pierde la oportunidad de colocarse en zona Champions en un duelo en el que voló su condición de invicto fuera de casa. Los de Marcelino, mejor en ataque que en defensa, fallaron lo imposible y regalaron el gol.

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Cuando podía haberle regalado a su gente unas navidades más tranquilas, el Sevilla se volvió a tirar al callejón dejando pasar una oportunidad preciosa para empezar a ser lo que quiere ser, un equipo de Champions. Con el Real Madrid calentando motores para su aterrizaje en Sevilla, el equipo de Marcelino, ya sea jugando bien, jugando mal o jugando decentemente, se empeña en generar un sinfín de dudas. Ayer no hizo a fin de cuentas un mal partido porque puso fútbol y tuvo ocasiones, más y más claras que el Levante, pero no controló una faceta imprescindible como es el juego defensivo y eso, en la globalidad de 90 minutos, hace caer la balanza a la parte que dice que no jugó bien. O como debiera.

El caso es que, cuando podía haberse alzado a la cuarta plaza, pone otra vez al personal a reflexionar y abre de nuevo el tarro de los debates. ¿Es lo que hay? ¿Puede alcanzar el objetivo? ¿Llegarán fichajes? Pese a no haber jugado un mal partido, todo parecerán nubes, se hará más hincapié en que viene el Madrid y se estirarán las orejas para hablar de la Copa del Rey y sus peligros. Este martes ya. Demasiado cerca.

Porque el Sevilla tenía que apretar ayer. La ocasión, con el rival que le precedía en la clasificación claramente al alcance de la mano, estaba para eso. Tenía la oportunidad el equipo de Marcelino de demostrar por qué era el único equipo invicto fuera de casa y de que merece estar más que el Levante en Champions, esa competición que parece ya que ha pasado un siglo que dejó de hacerle guiños a la afición nervionense. 

Y se encontró el once sevillista, además de un terreno de juego irregular, blando y sembrado de agujeros en una de sus áreas, a un Levante con su talante habitual, con el cuchillo entre los dientes empezando por un Kone hipermotivado ante su ex equipo con el tamiz de la rectificación de lo convencidamente dicho. El costamarfileño se pegó a Fazio para buscarle las cosquillas y por ahí ir erosionando la confianza del once de Marcelino. Lo lograba a ratos, presionando y escurriéndosele al argentino en la marca por detrás para generar una inquietud que el Sevilla realidad no tenía. Salvo esa chinita y alguna de Juanlu en la banda de Coke, Javi Varas veía a Medel más veces en campo del rival y eso era buena señal.

Estaba claro que el Levante, jugando en casa y con los números que tiene en su estadio, iba a empujar a la mínima ocasión que llegara, pero Marcelino vio cómo los suyos llegaban al descanso más o menos en los parámetros futbolísticos que había planificado. No obstante, había que tentar cuanto menos la suerte e ir evitando jugadas a balón parado, con sus prolongaciones y esas cosas que hacen que la fortuna también se apunte a este deporte llamado fútbol.

Arriba, el Sevilla ofrecía mejores prestaciones. Las posesiones eran más largas y eso daba la sensación de que el 4-1-4-1 dispuesto sobre el campo funcionaba mejor.

Pero más que los sistemas, a menudo en fútbol lo que mandan son los movimientos asociacitivos, la combinación entre jugadores con confianza... y ayer Rakitic estaba por la labor y también lo parecía al principio Negredo. El suizo-croata, a diferencia de lo que suele ser habitual en él, mantenía unos instantes el balón bajo sus pies para que las transiciones, una vez que sus compañeros veían su intención, fueran más limpias. Se le ofrecía mucho Negredo unos metros arriba, Manu en la izquierda y también, a su manera, Trochowski. Así, el Sevilla iba poco a poco pisando con más soltura el área de Munúa y metía miedo hasta cuatro veces en la primera parte: un cabezazo de Spahic, un tiro alto con todo a favor de Navas, una contra de Negredo y un obús de Trochowski.  Pero las cosas no se siguieron haciendo igual de bien tras el descanso. Para empezar, el alemán falló una ocasión imperdonable para rematar una jugada que fabricó Manu con un disparo que repelió Munúa, el meta que se agigantó después ante el ex jugador de Hamburgo.

Y como la ley de Murphy ya sabe todo el mundo lo que dice a los que suelen recurrir a ella, en la siguiente jugada el sevillismo se quedó helado cuando vio cómo su equipo era incapaz de despejar una segunda jugada después de haber ensayado durante buena parte de la semana las consecuencias más comunes en las situaciones de juego que se producen con el fútbol directo. Entre Javi Varas y Negredo no se entendieron y el Levante iba a empezar a ver de cerca la posibilidad de ganar su sexto encuentro ante su afición sin haber hecho gran cosa. Si acaso asustar con Kone.

Ya el tren había empezado a coger velocidad y se empezaba a ver que el Sevilla no se podía subir a él, aunque si no lo hizo fue porque falló ocasiones que no suelen dejarse pasar en un partido. Marcelino metió a Kanoute casi a la desdesperada, a Campaña por un Trochowski que se había ganado la ducha con ese semigol y a Armenteros porque lo tenía en la hoja de ruta. Había fútbol en el campo y las ocasiones llegarían, pero cuando el horno no está para bollos no se dora ni un colín. Los cabezazos de Kanoute y Spahic no vieron puerta y el tren, uno más, se le fue al Sevilla. A ver cuándo llega el próximo.

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