¿De verdad el Sevilla se jugaba la vida?

  • Los blancos vuelven a demostrar que no hacen méritos para acabar en Champions

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El Sevilla volvió a fallar en otra cita clave. Ya no es noticioso que el equipo blanco dé la de arena en un encuentro donde la necesidad de vencer era imperiosa. Un Murcia desahuciado, y rozando el juego violento en la segunda parte, hizo que los sevillistas se metieran en el partido que no les convenía, con continuas interrupciones y quitándole el ritmo al juego. El Sevilla picó como un pardillo y, encima, se acabó desquiciando con la actuación arbitral de Bernardino González Vázquez, algo casi lógico, visto el papel desempeñado por el árbitro.

En la previa del duelo en La Nueva Condomina, Manolo Jiménez, ese entrenador que, cada día que pasa, da la razón a los que no confían en su capacidad para adiestrar una plantilla como la del Sevilla, decía que sus jugadores iban a luchar por la Champions hasta el último minuto, que iban a ganar los partidos por "orgullo" y "profesionalidad". El segundo termino es más difícil de juzgar, pero en lo que se refiere a orgullo, los jugadores blancos demostraron poco, o casi nada, ya que no murieron con las botas puestas, más bien se resignaron a que la suerte de este Sevilla no es terminar la temporada entre los cuatro primeros clasificados. El objetivo del club se escapa y, como bien dijo Jiménez el viernes, "no estamos muertos, pero si no ganamos...". Pues el Sevilla no se hizo con los tres puntos y ahora varios equipos amenazan con birlarle la sexta plaza que ocupa. El Almería podría ponerse hoy a un solo punto, mientras que el Deportivo está a tres y con el goal average a su favor.

Después del palo durísimo frente al Almería, el vestuario sevillista se había conjurado para sacar los próximos compromisos adelante, ya fuese por lo civil o lo criminal. La baja de Kanoute le hacía un pequeño favor al entrenador blanco, que no a su equipo. Sin el malí en la expedición, Jiménez podría volver a colocar a un solo delantero -el sistema que más le gusta- con dos hombres por detrás con llegada (Renato y Keita) y un jugador actuando de cinco argentino por delante de los centrales. Pero visto que el hombre que ocupaba esa delicada posición de inicio era Poulsen, la película comenzaba a verse borrosa. El danés sigue sin estar bien. En esa posición se tapa un poco más porque no tiene responsabilidades ofensivas, pero cuando Fazio -que jugó como central- salía de la cueva e iniciaba él mismo la jugada, daba la sensación de que el Sevilla estaba perdiendo a su mejor futbolista para iniciar las jugadas. En cuanto a la defensa, algunas cosas quedaron claras. Que Fazio tiene calidad a raudales y va bien por alto, aunque hay jugadas donde se le va el santo al cielo y deja pasar a los rivales sin apretarles lo más mínimo. Que David Prieto siempre cumple con las lagunas técnicas ya conocidas. Y que Crespo apenas está para jugar en Primera División.

Con todo esto, al Sevilla le restan cuatro jornadas para pelear por terminar en Europa. Más vale amarrar el segundo premio de la UEFA porque, de lo contrario, en verano se podría ganar un nuevo título: la Copa Intertoto.

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