La Fórmula 1 estrena trazado andaluz

  • Valencia será de nuevo en agosto escaparate del deporte mundial gracias al Gran Premio de Europa, cita que verá a Fernando Alonso correr sobre un circuito urbano diseñado por el presidente del grupo Ayesa

Consiga o no Fernando Alonso ahuyentar el calvario técnico que le persigue en el arranque de temporada, la maquinaria mediática que alimenta la Fórmula 1 volverá sus ojos hacia Valencia el próximo 24 de agosto, fecha en la que una de las ciudades con más expectativas de futuro de Europa desempolvará el esmoquin de las grandes galas para, tras el éxito amasado durante la America's Cup, colarse de nuevo en el escaparate de ese puñado de citas deportivas sobre las que gira el planeta.

Si la capital del Turia descuenta los 139 días que restan para escuchar cómo rugen los monoplazas sobre el asfalto del Gran Premio de Europa, la expectación no es menor a 700 kilómetros de distancia, en la isla sevillana de la Cartuja, sede del Grupo Ayesa. En los despechos que ocupan el espacio de lo que durante la Expo 92 fuera el Pabellón de Suiza se han pulido durante los últimos meses, hasta el más escrupuloso milímetro, los detalles de un trazado de 5,4 kilómetros y 25 curvas que serpenteará por la recién estrenada dársena portuaria del Grao y la zona de expansión de la ciudad.

La Generalitat valenciana se decantó en junio de 2007 por la oferta conjunta de Ayesa y Typsa, a las que adjudicó un contrato de 2,1 millones de euros para que se enfrascasen en la redacción del proyecto y en las posteriores labores de asistencia técnica. Primaba la experiencia, y ahí resultaba difícil batir la que atesora José Luis Manzanares, el hombre que en un viaje de cuatro décadas ha transformado la empresa que dirige en un gigante de la ingeniería. Su mano ya trazó el Circuito de Jerez y la posterior remodelación. La última creación la define como un trazado "rápido, ancho, en el que se pueda adelantar, pero también de habilidad, con curvas cerradas importantes". Espectáculo servido.

Con el proyecto en las alforjas, Ayesa y Valencia están sumergidas en lo que Manzanares no duda en calificar como "la verdadera carrera", la que libran ahora contra el tiempo. Sus cálculos auguran que la obra civil estará lista a finales de mayo, un mes antes que las infraestructuras de boxes y los edificios anexos. A partir de entonces, hasta el 24 de agosto, quedaría un mes y medio de margen para el carrusel de ensayos. En total, 12 constructoras a pie de obra bajo la supervisión directa de Ayesa.

La apuesta de Valencia, un circuito urbano, se mira casi por obligación en su precedente directo: Mónaco. "Es el más prestigioso, pero también muy problemático", asegura Manzanares. Primer escollo: la seguridad, "una auténtica obsesión " para la FIA y un condicionante vital en la redacción del trazado. "La gente ve el accidente de Kubica [Gran Premio de Canadá, junio de 2007] y se sorprende de que no pasara nada. Para dibujar un circuito la seguridad tiene que ser máxima. Hay que controlar las velocidades, las frenadas, las zonas de escapatoria, las defensas...", subraya. Tan en serio se lo tomó el presidente de Ayesa que los simuladores de la Federación Internacional de Automovilismo sólo detectaron un 1% de error en su trazado. "Les sorprendió nuestro trabajo científico", destaca orgulloso.

Segundo obstáculo: cómo sumergirse en una obra de tal magnitud en el corazón de la ciudad con el menor grado de impacto ciudadano. "La Generalitat lo tenía claro: no quería sacrificar la ciudad por una prueba al año. Quería un gran circuito con las mínimas molestias y creo que lo hemos conseguido", detalla Manzanares. En esa misión ha contado a favor con el hecho de que buena parte del trazado transcurra sobre territorio virgen, moldeable según las necesidades, pero que un día después del Gran Premio volverá a reintegrarse en la ciudad. "Si quitamos una palmera, ponemos cuatro", asegura el presidente de Ayesa, en un proceso que obligará a Valencia a "reinventarse" un mes antes y un mes después del Gran Premio para convivir con "una ciudad paralela" que incluye desde tres helipuertos hasta 3.000 metros cuadrados de cocinas, zonas VIP, boxes, torretas alternativas de electricidad o gigantescos sistemas de telecomunicaciones y de aire acondicionado.

El circo de la F1 aterriza en Valencia. "Aquí vende la imagen, y Valencia para eso es única. El puerto, el mar... Ecclestone está enamorado de la ciudad". El contrato de 7 años, ampliable según el magnate "hasta a 50", lo corrobora. De ser así, habrá trazado andaluz para rato. "Le van a mojar la oreja a Mónaco", vaticina Manzanares.

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