Análisis

La UGT se enroca

  • Pastrana ha consolidado al sindicato como líder en representación laboral en el sur. Su salida está marcada por el ERE interno y las acusaciones de irregularidades.

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UGT Andalucía tiene 30 años de vida y Manuel Pastrana la ha dirigido 15. Ha habido, pues, suficiente tiempo para que el dirigente jiennense haya dejado huella. En lo positivo y en lo negativo. Las fuentes consultadas coinciden: su principal logro ha sido la consolidación del sindicato. La afiliación se ha incrementado un 52% desde 1998, primer año de Pastrana, hasta superar los 200.000. "Es casi imposible encontrar otra organización social voluntaria con más afiliados", señala José Carlos Mestre, secretario de Acción Institucional. Durante los primeros años de su mandato UGT logró otro hito: ganar las elecciones sindicales a CCOO, y lo ha mantenido. La organización tiene casi 20.000 delegados, un 35% más que en 1998, el 40% de los representantes censados en la región.

Esto ha sido posible no sólo gracias al trabajo puramente sindical. Pastrana, para bien o para mal, ha hecho visible la identidad ideológica de la UGT, socialista, y ha extendido su acción a todos los ámbitos: políticas sociales, educación, medio ambiente, etc. La presencia institucional se ha incrementado -no sólo en el consabido ámbito de la concertación social- y algunos miembros de la organización, como el propio Mestre, mencionan que en algunas de sus medidas la Junta ha estado claramente influida por las propuestas de UGT. "En la reforma del estatuto tomamos la delantera; fuimos arquitectos y no fontaneros, publicamos documentos, opiniones, e incluso libros", recuerda Dionisio Valverde, vicesecretario general de UGT y mano derecha de Pastrana.

Pese a fortalecer el sindicato interna y externamente, Pastrana ha encontrado escollos. El acuerdo con la Junta para la reordenación del sector público -que UGT sigue defendiendo por considerar que se logró un equilibrio entre el interés de los funcionarios y el del resto de trabajadores- costó una dolorosa derrota en las elecciones en la función pública en beneficio del CSIF. A nivel interno, algunos diferencian entre una primera etapa de integración de sensibilidades y una segunda más personalista. Manuel Jiménez, secretario general de la Federación del Metal en Andalucía, echó de menos en estos últimos años "más diversidad del mundo laboral" y no una dirección escorada hacia los servicios públicos. Cree que, pese a que en su gestión global hay más luces que sombras, debió abandonar en 2009 porque "su proyecto político había terminado". German Domínguez, secretario de Formación durante tres mandatos y que amagó la semana pasada con promover una candidatura alternativa, es más duro: "En los últimos tiempos no consultaba las opiniones, sólo tenía en cuenta a los cuatro o cinco de su camarilla". Pedro Marcos, secretario general de la Federación Agroalimentaria, afirma por su lado que él siempre se ha sentido libre para opinar e incluso para votar en sentido contrario a la dirección.

Pero lo que más daño a hecho a UGT en Andalucía como organización no han sido las luchas internas sino el ERE que aplicó a 130 trabajadores fijos discontinuos del programa de formación Andalucía Orienta y a 29 de la estructura, unidos a otros 28 despidos individuales y a un ERE temporal a 57. La falta de acuerdo con la sección sindical de la propia organización llevó a un despido de 20 días para los empleados de Orienta y 25 para los de estructura. El ERE está en los tribunales y sobre la mesa está el informe elaborado por una economista a instancia de la sección sindical. Eso se tradujo en informaciones que achacaban a Pastrana y a su ejecutiva sobresueldos, el pago de 852 euros con Visa oro de una cena en un congreso en Sudáfrica, la compra de una casa sindicato para uso del líder de UGT, desvío de fondos destinados a formación para otros fines, etc. La organización responde: no son sobresueldos, sino gastos derivados de su labor, ya que no cobran del sindicato, sino de su empresa (son liberados); la cena en Sudáfrica se pagó con una tarjeta normal y era para 26 personas; Pastrana vive en una vivienda del sindicato en Sevilla porque viene de Jaén; y no hay desvío de fondos: todas las cuentas están justificados.

Sí se admite una cosa: la lluvia de millones que llegaba de las Administraciones para los planes de formación -ahora en suspenso- obligó a incrementar la propia estructura del sindicato, que se ha revelado insostenible. "Eran tiempos en los que se permitían alegrías, parecía como que si no participabas de eso eras un poco rácano", afirma Valverde, que admite que las cosas habrían sido distintas si hubieran sido más autosuficientes.

Pastrana se ha ido en uno de sus momentos más difíciles. Los sindicatos de clase pierden imagen, como todas las instituciones. El monstruo de la crisis, el paro y el deterioro de las condiciones laborales acecha. Además, y con UGT, el escándalo de los ERE también sobrevuela, con la juez Alaya acusando a los dos sindicatos de cobrar ilegalmente 4,3 millones en comisiones. Ante todo esto, la cúpula de UGT se enroca. Cierra filas, se une y elige a un sucesor. Con tanta turbulencia fuera, mejor tener lo interno en calma.

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