Los directivos de la gran banca cambian de cara en Andalucía

Es como si toda la gran banca se hubiera puesto de acuerdo para dar cuenta del viejo dicho de revovarse o morir. Las principales entidades financieras españolas han acometido en el último año un intenso proceso de cambios en sus territoriales andaluzas, con la sustitución de los primeros espadas de sus respectivas cúpulas directivas. Bien porque los que estaban antes tenían que jubilarse (o prejubilarse), o bien porque habían sido asignados a otros cargos, el caso es que la gestión de Banesto, BBVA, Bankinter, Banco de Andalucía y el Santander ha cambiado de manos en poco más de doce meses. El primero fue el banco que preside Ana Patricia Botín, donde la dirección territorial pasó de Gonzalo Alonso, que se trasladó a la Dirección General de Banca de Particulares de la entidad, a Alberto Delgado.

Entre las primeras decisiones de Delgado estuvo la de acelerar el plan de expansión del banco en la región, con la apertura de 90 oficinas entre 2006 y 2007. El 40 por ciento de las inauguraciones tendría como foco de atención a pymes y comercios (sobre todo en polígonos industriales), otro tanto a las zonas en las que Banesto no estaba presente y el resto dirigiría su operativa a cubrir necesidades de promotores inmobiliarios.

Lo mismo ocurrió a finales de 2006 en BBVA, donde Pedro Rodríguez Serrano (oriundo de Almería) relevó a los responsables de Andalucía Oriental, José Antonio García Rico, y Occidental, Ignacio Rojas Marcos, después de que éstos se prejubilaran (ambos antes de los 55 años). La entidad aprovechó su nombramiento para unificar la gestión, crear una territorial Sur propiamente dicha y reorganizar su red de particulares, en un proceso orientado a reforzar la actividad comercial y rebajar el peso de las estructuras intermedias y los servicios centrales. Esa apuesta se tradujo, además, en el diseño de un nuevo puesto de director comercial, al que accedió José Conejero.

En octubre de ese mismo ejercicio, justo un mes después de la reorganización en BBVA, Bankinter sustituía a su director en la región. Pedro Fernández Maestre se prejubilaba tras 16 años desempeñando esa responsabilidad, y le sustituía en ella Eduardo Ozaita Vega, subdirector general adjunto del banco. Bilbaíno de 43 años, el nuevo gestor de Bankinter en la comunidad se incorporó con el ambicioso reto de duplicar el negocio de la entidad en un periodo de cuatro años, para superar la barrera de los 10.000 millones de euros. Su caballo de batalla serán los servicios vinculados al sector empresarial, al que ha convertido en sustituto de la actividad hipotecaria como motor de crecimiento -su objetivo es que las empresas aporten el 50 por ciento del negocio a medio plazo.

El broche a 2006 lo puso el Banco de Andalucía. La filial del Popular anunció en diciembre la jubilación de Francisco Pardo, que había desempeñado el cargo de director general desde 2002, año en el que, precisamente, sucedió a Francisco Fernández Dopico -hasta hace cuatro meses consejero delegado del grupo-. A Pardo lo sustituyó el vallisoletano Miguel Mozo, que ya había trabajado en el Banco de Andalucía entre 1996 y 2000 (fue director de zona para Málaga, Almería y Huelva y, posteriormente, para Sevilla y Madrid). Mozo se estrenó con el compromiso de crecer a un ritmo de dos dígitos durante los próximos ejercicios, y batiendo al mercado para ganar cuota. Partidario de que la filial más eficiente del Popular continúe haciendo "banca pura y dura", sus grandes apuestas en 2007 han sido las pymes y los créditos al consumo, ante la desaceleración hipotecaria.

El último fichaje entre los grandes bancos para sus divisiones andaluzas lo ha hecho el Santander, y se produjo el pasado septiembre. Ignacio Polidura, hasta esa fecha responsable de la dirección territorial, fue ascendido y pasó a los servicios centrales del grupo para liderar un proyecto "muy importante", pero del que la entidad aún no quiere avanzar nada. En su lugar se incorporó el santanderino Manuel Iturbe -ver texto superior-, un hombre de la casa, que ha desempeñado diferentes cargos de responsabilidad en la corporación. A diferencia de lo ocurrido en el caso de algunos de sus colegas, el desembarco de Iturbe no se produce con motivo de ninguna reorganización en la estructura o el funcionamiento del banco en la comunidad andaluza, donde ya mueve más de 27.000 millones de euros y tiene una red de 373 sucursales.

La incidencia y el peso de estos cinco bancos en el sistema financiero andaluz es más que evidente, si se tiene en cuenta que entre todos mueven un negocio de más de 115.000 millones de euros. Ese volumen responde a la apuesta que el sector ha mantenido en los últimos años por este mercado, como consecuencia del dinamismo económico de la comunidad -sobre todo en el ámbito de la construcción-. Tal apuesta no sólo se ha traducido en el refuerzo de sus respectivas redes comerciales, sino también en una preocupación creciente por la segmentación de sus servicios en función de la clientela.

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