La reforma del sistema financiero español estará lista en seis meses

  • El Ejecutivo recorta los plazos para contar con un puñado de entidades cuyo tamaño mínimo ideal estaría en 120.000 millones en activos · Ningún 'matrimonio', por improbable que parezca, está descartado

Seis meses se da el Gobierno para la reforma de la reforma del sistema financiero. Seis meses para apretar más aún una lata donde cuatro años atrás cabían 53 sardinas y pronto no habrá más de 13, la mayoría, eso sí, de tamaño extra (al menos 120.000 millones en activos). Las quinielas son infinitas, a veces sesudas, a veces fantasiosas. Todo es posible. La crisis se cargó aquella aspiración tan española (y tan cateta) de las grandes cajas autonómicas. Una por minipaís para alimentar el mito del apoyo personalizado al tejido empresarial autóctono y a sus sensibilidades e idiosincrasia, como si la Caja de Badajoz no pudiera prestarle a un emprendedor vasco igual de bien que un nativo.

Antes de la gran tormenta, antes de que Europa comenzase a sospechar del sistema financiero nacional (hasta el punto de excluir a efectos de capital principal las provisiones genéricas, otrora admiradas como símbolo de la sensatez del Banco de España), antes de que estallara en las portadas de la prensa el descaro de unos consejos de administración ultramediatizados y millonarios, todo parecía valer. Incluso que el ex presidente de la Junta, Manuel Chaves, tuviese suficiente poder para forzar una unión a la andaluza -Unicaja, Cajasol, Cajasur, Cajagranada y Caja de Jaén- donde el interés político se impusiera al criterio de la racionalidad.

Pero no. El rascacielos se quedó en adosado y Unicaja se fusionó (expresión formalista en este caso) con Caja de Jaén y, en los próximos meses, con Caja España-Duero, momento en que perderá la exclusividad de su gen andaluz. La BBK se hizo con Cajasur. Cajagranada se integró en Banca Mare Nostrum. Y Cajasol en Banca Cívica. La Caixa conserva intacta su catalanidad tras absorber a Caixa Girona y no verse envuelta -por ahora- en ninguna de las operaciones de adjudicación puestas en marcha por el Banco de España (la última, la de la CAM, endosada al Sabadell sin que quede aún claro el agujero de la primera y el impacto que tendrá en las cuentas del segundo). La otra excepción identitaria es Novagalicia (Caixa Galicia más Caixanova). Ibercaja (Aragón), Pollença (Baleares) y Caixa Ontinyent (Valencia) todavía caminan en solitario.

Catalunya Caixa y Unnim han perdido sus señas de identidad al estar mayoritariamente en manos del FROB, o sea, del Estado. Las vascas son también cordobesas. Bankia es un batiburrillo a efectos de procedencia, igual que Banca Cívica, Liberbank, BMN o Caja 3.

La subasta de cadáveres atraviesa su ecuador. La CCM acabó en manos de Cajastur, y ya se han citado los destinos de la CAM y Cajasur. Queda la incógnita del Banco de Valencia. Y en la recámara aguardan dos pesos welter -Catalunya Caixa y Novagalicia, ambas con más de 75.000 millones en activos- y un peso pluma -Unnim, con 29.300-. Cualquiera puede cargar con el marrón, sobre todo quienes aún no han bailado con ninguna de las chicas feas. Los mentideros de las finanzas contemplan como hipótesis más probable que el BBVA apechugue con Catalunya Caixa y que el Santander cobije a las gallegas. El tercer movimiento implicaría pues al tercer gigante, La Caixa, que se zamparía a Unnim, manteniendo, de nuevo y como por arte de magia, su ADN.

No es tan sencillo. En realidad, hay otras operaciones (o, mejor, tanteos preliminares) en marcha. La BBK estaría sondeando a Banca Cívica pese a que su presidente, Mario Fernández, aclaraba hace dos semanas que preferiría crecer sin recurrir a los anabolizantes de una fusión. Otras voces apuntan al en principio muy peregrino matrimonio La Caixa-Bankia. Fuentes de la entidad catalana confirman que "cualquier escenario es posible, incluso aquellos que años atrás habrían parecido descabellados".

En las sombras danzan , paralelamente, algunos actores secundarios con ganas o necesidad de expandirse. Es el caso de Bankinter, que con 57.000 millones y naturaleza cien por cien bancaria no alcanza la dimensión mínima deseada por el Gobierno. Y el de Unicaja, cuyo presidente, Braulio Medel, siempre se ha mostrado dispuesto a estudiar nuevos horizontes (¿Banco de Valencia? ¿Ibercaja?). Todo es factible porque el tiempo apremia y el equipo económico de Rajoy que encabezan De Guindos y Montoro aprovechará sus primeros pasos para subrayar su apuesta por la velocidad y la contundencia, rasgos que nunca distinguieron al anterior inquilino de La Moncloa.

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