Laboral Fórmulas para conseguir que el buen humor cale en la oficina

La risa busca trabajo

  • En EEUU ya hay empresas que vinculan el sueldo de sus mandos a lo divertidos que sean. España aún está lejos de esos extremos

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"No he trabajado ni un día en toda mi vida. Todo fue diversión". Con esta frase del célebre inventor Thomas Edison, presentan Eduardo Jáuregui y Jesús Damián Fernández su último libro, Alta Diversión (Alienta), todo un llamamiento a desterrar la solemnidad del entorno laboral y fomentar la risa. Fundadores de la consultora Humor Positivo -entre sus clientes están compañías como DaimlerChrysler, GlaxoSmithKline, Olympus o el Banco Sabadell-, los autores justifican su defensa de la carcajada en varios descubrimientos científicos, según los cuales, además de generar un ambiente de trabajo agradable, contribuye a "retener los recursos humanos más valiosos, a reducir el estrés, fortalecer la motivación, estimular la innovación, cohesionar los equipos...". Y un largo etcétera que ya ha llevado a numerosas compañías estadounidenses de primera fila a integrar el humor en sus programas de formación e, incluso, a vincular parte de la retribución de sus directivos a lo divertido que resulte trabajar con ellos.

Esto no implica, según subrayan los autores del libro, que en esas empresas se vaya a renunciar a la seriedad en el cumplimiento de las obligaciones; "sólo se trata de no tirar por la borda las relaciones humanas". El escritor y economista Fernando Trías de Bes sostiene, a este respecto, que "el mundo empresarial ha vivido alejado del humor", aferrándose al significado etimológico de la palabra negocio (negación del ocio) y cometiendo con ello un error: "Sin humor no hay ilusión, y sin ilusión no hay empresa". Jáuregui cree que las compañías españolas no son una excepción en esa tendencia y lo atribuye a dos circunstancias. Por un lado, el deseo de romper con algunos de los tópicos que suelen colgarle a España en el extranjero ha hecho que "nos empeñemos en demostrar que somos serios, renunciando a nuestra alegría y capacidad de desdramatizar". Por otro, habla de una especie de creencia cultural heredada de los calvinistas norteamericanos, que defiende el trabajo como algo "duro y gris", fomentando una "profesionalidad terminal, que no es necesaria para hacer las cosas bien". "Se puede disfrutar del trabajo sin renunciar a ser disciplinados, puntuales o eficaces", insiste.

Una práctica que podría ayudar a conseguir un ambiente distendido sería, a juicio del autor, que las empresas otorgaran un valor especial a aquellas personas que tuvieran "chispa". En esta línea se mueven, por ejemplo, algunos de los anuncios de selección de personal de Ikea.

Entre las compañías que ya han tomado nota de las bonanzas de la risa está Cajasol, cuya directora de Formación, Teresa Alberola, lidera un grupo de empleados que, bajo la denominación de La Jaula, organizan sin ánimo de lucro diferentes actividades, tanto para la caja de ahorros como para firmas externas (entre ellas, Iturri). Así, la convención de directivos de 2007 de El Monte (aún no se había fusionado con San Fernando) se convirtió en una especie de entrega de los Oscars, en la que dos presentadores vestidos de gala iban premiando a los responsables de los productos con más repercusión en la cuenta de resultados. Proyectaron, además, un corto en el que los propios empleados de la caja representaban un símil entre la relación de pareja y la que mantiene una entidad con su cliente. La primera convención de Cajasol como tal, celebrada en febrero de este año, sirvió de escenario para la proyección de un vídeo que recreaba una jornada laboral en pleno proceso de fusión.

Air Nostrum también es una asidua de los vídeos cómicos, a veces interpretados por su propio consejero delegado, Carlos Bertomeu, en cuyo despacho grabaron, incluso, una inocentada. En las oficinas de Google hay futbolines y Playstation y se celebran fiestas en las que sus empleados cantan y bailan. Las heladerías Ben & Jerry's tienen en EEUU un grupo, Joy Gang, que se encarga de promover la diversión y becas para iniciativas divertidas.

Precisamente, una consultora estadounidense (Playfair) promovió hace 10 años la consideración del 1 de abril como Día Internacional de la Diversión en el Trabajo. Eduardo Jáuregui y Jesús Damián Fernández proponen en su libro varias opciones para celebrarlo: desde bailar un minuto el Chiki Chiki o redecorar la oficina hasta poner un puesto de churros atendido por los jefes.

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