El PSOE sobrevive con respiración asistida pero aún lidera la izquierda

  • Pedro Sánchez obtura la herida que podía causarle Unidos Podemos y a cambio se desangra al permitir el potente impulso de la derecha.

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Cuanto más atomizada está la izquierda en este país, más mandobles se reparten unos y otros. Así es España. La derecha, silente, se mantiene cauta, a la expectativa, nadie se salta el guión y mientras en el Partido Popular nadie sacó los pies del tiesto, a pesar de los embates de Albert Rivera, en la izquierda volaban cuchillos, por más que Pablo Iglesias pretendiera con su sonrisa fingida propiciar que Pedro Sánchez se aliara con Unidos Podemos si el PSOE era rebasado en escaños. No fue así.

Pero el único ganador de los rencillas entre socialistas y la ensalada morada de formaciones ha sido el PP, que ha apuntalado su victoria con 14 diputados y 600.000 votos más que en diciembre. Sólo puede estar orgulloso Pedro Sánchez de haber salvado la honra de mantenerse en la primera posición de la izquierda española, pues el CIS y todas las encuestas y sondeos habidos y por haber colocaban a los chicos de Iglesias por encima de los socialistas, lo que habría supuesto una crisis de ignotas consecuencias en la histórica formación. Sobrevive el PSOE, cierto, pero empeora su ya de por sí horrible resultado del 20 de diciembre para sumar únicamente 85 actas, a 52 de los populares, que se dice pronto; le vale para alzar el puño frente a los 71 de Unidos Podemos. Triste consuelo.

No sale, pues, fortalecido de este 26-J el socialismo, pese a que Sánchez hiciera un discurso dirigido a Iglesias más que ejercer la autocrítica. Necesita respiración asistida la formación socialista para afrontar la duodécima legislatura, en la que puede haber Gobierno el próximo agosto y en la que el PSOE, por pura lógica, liderará la oposición. Otro triste consuelo. 

Ha subido una pizca el porcentaje de sufragios (cerca del 23% frente al 22% de diciembre) y sin embargo se le han ido por el sumidero más de 150.000 papeletas respecto a la anterior cita con las urnas. El PSOE ha obturado la herida que le podía causarle el partido morado, según los augures de la ciencia demoscópica, y en cambio se ha desangrado al permitir el impulso potente de un PP acuciado por los casos de corrupción.

Si el gran caladero de votos socialistas no estuvo a la altura el 20-D, donde sólo aventajó en un diputado al PP, el desastre en Andalucía ha sido absoluto en esta ocasión, ya que la principal líder territorial del PSOE, Susana Díaz, se ha visto dolorosamente superada con creces por el PP de Juan Manuel Moreno Bonilla, que disfrutó de 100.000 papeletas más que su oponente y logró 23 escaños por sólo 20 del partido que gobierna en la Junta. Podemos sigue muy lejos de dar el sorpasso sureño, aun birlando un acta a Ciudadanos y encaramarse con 11 por 7 de los naranjas. Triste desconsuelo.

Ya barruntó Felipe González hace bastantes meses que lo mejor que podía ocurrirle al PSOE era pasar a la oposición no cuatro años, sino ocho, para fortalecerse y volver a convertirse en el partido de referencia de la izquierda de este país. Parece que es lo que ocurrirá porque queda mucha tela que cortar dentro de la formación y está por ver qué sucede en con la Secretaría General cuando se celebre el Congreso del partido. Menuda patata caliente. 

Puede que Sánchez tenga las horas contadas cuando llegue ese día, pero ahora, anoche, decidió arrearle a Pablo Iglesias y no a Mariano Rajoy. Es más, el líder de los socialistas afirmó que estos comicios "han abierto un camino para la normalización política de nuestro país" y quiso acto seguido "felicitar a Mariano Rajoy porque el PP ha ganado las elecciones".

Tras la felicitación al presidente de los populares, no esperó demasiado el secretario general socialista para proclamar que "el PSOE sigue siendo la referencia de la izquierda", ya que "estos resultados reafirman su condición de partido hegemónico de la izquierda, a pesar de los augurios que presagiaban un fuerte retroceso del PSOE", en clara alusión al traspié de Unidos Podemos.

Insistió en este argumento, ciertamente de perdedor teniendo en cuenta que su pugna debería ser con el PP, en su alocución: "Fue el partido hegemónico de la izquierda en diciembre y ahora también lo ha sido contra una coalición de más de 20 partidos cuyo único objetivo era ganar al PSOE. Espero que Pablo Iglesias reflexione. Tuvo en su mano pactar con el Partido Socialista y poner fin al Gobierno de Rajoy, pero su ambición personal ha permitido que la derecha mejores sus resultados". Lo dicho, la izquierda atomizada, la izquierda a mandoble limpio.

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