Las elecciones (también) perjudican la salud

  • ¿Duerme mal? Hay una razón (y científica): los pensamientos negativos afectan a la calidad del sueño Hay remedio pero es doloroso: ni se le ocurra mirar el móvil antes de irse a dormir

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NO es culpa suya. Ni del calor del verano. Ni de las preocupaciones diarias. Ni siquiera de los mosquitos. Duerme mal por culpa de las elecciones. Los pensamientos repetitivos afectan a la calidad del sueño, retrasan el tiempo de descanso y lo alteran. Los comicios se han acabado convirtiendo en una "fuente de preocupación y de estrés". El resultado es un sueño más leve, menos reparador y con un mayor número de despertares.

No es superchería; es ciencia. Los investigadores de la Cátedra de Investigación del Sueño de la Universidad de Granada han realizado un estudio para averiguar cómo afectan las campañas y los largos periodos postelectorales a las personas más implicadas en los procesos: a los políticos y militantes que ejercen de protagonistas -y a las familias que lo soportan-, a los periodistas que estamos obligados a perseguirlos por exigencias del guión y, por supuesto, a ese votante aplicado como usted que no desconecta nunca atrapado en una absorbente espiral de hiperresponsabilidad.

El trabajo desarrollado con el Grupo Lo Mónaco no es sólo descriptivo. Vista la intensidad y el ritmo de las convocatorias, los expertos son precavidos y proponen una serie de recomendaciones. Para empezar: prohibidos los móviles, las tabletas y cualquier otro gadget tecnológico en el dormitorio. Ni los lleve ni los consulte antes de irse a dormir. Acceder a noticias o información de internet justo antes de acostarse es un factor seguro de alteración: nos sugiera el doctor Guillén-Riquelme que, entre una y dos horas antes, no busquemos información y no pensemos tampoco en el lío electoral si queremos dormir bien. Hay que desconectar. Pero, si aun así el sueño se resiste, nos recomienda que salgamos del cuarto, realicemos actividades monótonas, nos relajemos controlando la respiración e imaginemos un lugar idílico donde nos gustaría estar... La incertidumbre electoral, la de esta madrugada y la que se abrirá a partir de mañana, no habrá desaparecido pero usted -y yo- tal vez hayamos podido descansar.

Los investigadores del sueño nada dicen de ser positivos, de no dramatizar y de evitar el alarmismo, pero seguro que estarán de acuerdo con las recetas clásicas de los psicólogos para protegernos en las situaciones de shock. Con permiso de los artistas y de su vieja aversión por el amarillo, precisamente son psicólogos y meteorólogos quienes han puesto nombre al día más feliz del año: el yellow day. Y fue justo el pasado lunes. Se supone que es el día más agradable, alegre y optimista, con el verano y las vacaciones a la vuelta de la esquina, con más horas de luz y con una paga extra en el horizonte… La luz y el clima afectan a la generación de cortisol, serotonina o melatonina y, al final, todo influye en el estado de ánimo, en la energía y, por supuesto, en el sueño.

Pero todo va por barrios y es evidente que no todos dormirían ese día igual de bien... En Italia seguro que fue un yellow day para el Movimiento de Beppe Grillo, con sus 5 estrellas brillando en amarillo luminoso tras la histórica llegada al poder de los indignados a las simbólicas ciudades de Turín y Roma. En Reino Unido, un cambio de tendencia en los sondeos hacía vislumbrar un final menos traumático a la aventura del Brexit que ha terminado dejando en vigilia a media Europa. En España, el último día oficial para la publicación de encuestas volvió a sonreír al Partido Popular y al corazón multicolor de Unidos Podemos, pero el amarillo se sigue resistiendo para los dos partidos que han jugado la campaña en un difuso centro que cada vez se diluye más por el canibalismo de los extremos. Aunque las fotografías que se han ido filtrando estos días desde Andorra no han movido la tendencia de fragmentación de voto y de compleja gobernabilidad que vaticina la demoscopia, hay algo que deberíamos recordar tras el caso británico: siempre hay partido hasta el último minuto. En las elecciones generales de 2015 en Reino Unido, ni un solo sondeo fue capaz de vislumbrar un voto masivo al Partido Conservador y la mayoría absoluta de David Cameron. El día de su triunfo, los tres líderes de los partidos perdedores dimitieron en cadena. Ahora es el líder de los tories el que tiene que dar un paso atrás asumiendo la responsabilidad de llevar a la ruptura a su propio país. Fallaron las encuestas, se equivocaron las casas de apuestas y hasta erró un primo del pulpo Paul…

Hasta qué punto influirá en las elecciones españolas -el efecto dominó para el caso catalán es evidente- lo sabremos en cuestión de horas sin necesidad de recurrir a cócteles, banderas ni verduras camufladas. De momento, nos acostaremos con dos certezas: la partida vuelve a estar en nuestras manos y, con independencia de los resultados, son días intensos en los que no será fácil dormir.

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