¿La lucha es contra la abstención?

  • Díaz, la líder andaluza que más se juega en estos comicios nacionales, segura de movilizar a su votante.

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EN público se proclama la remontada. En privado crece la incertidumbre, el temor a otro batacazo nacional. El PSOE, también el andaluz, vive las últimas horas antes de las elecciones de mañana bajo el síndrome de si el resultado podrá mejorar o no el del 20 de diciembre, que es el peor que haya tenido nunca en todo el país en unas elecciones a Cortes Generales desde la restauración de la democracia. Y en caso de empeorar, si el tan cacareado sorpasso se produce; y cómo y dónde se produce.

Esta campaña ha sido en Andalucía distinta a la anterior en las filas socialistas. Básicamente porque la implicación de la líder y presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha sido más evidente. Ella necesita mañana un resultado en su comunidad que no la inhabilite tanto para poder aspirar -esta vez sí- a la Secretaría General federal, como para tener un papel determinante en la configuración del papel que los socialistas jugarán en la formación del Gobierno que -acierten o no las encuestas en la aritmética parlamentaria- será de nuevo decisiva.

La inquilina del Palacio de San Telmo se ha volcado en fondo y forma. No en vano, es la líder política de Andalucía que más se juega en estos comicios. Ha trabajado en todas las provincias en las que hay riesgo de perder escaños o posibilidades de arañarlos. Y, sobre todo, ha sido, antes que ningún dirigente socialista de peso, el martillo pilón con el que intentar resquebrajar los cimientos que sustentan a Unidos Podemos (más a Podemos que a IU).

Su reto es doble, y espera lograrlo: demostrar que hay un PSOE, el del sur, capaz de mantener a Podemos bastante por detrás y que se impone también al PP como primera fuerza (en la comunidad).

Y parece estar segura de que su esfuerzo en estos quince días va a tener recompensa, a tenor de sus palabras de ayer. Horas antes de cerrar campaña en Sevilla con el candidato a la Moncloa, Pedro Sánchez, Díaz dijo que está convencida de que mañana irán a votar "mucha más gente de la que algunos piensan".

"Los ciudadanos se van a movilizar porque España se juega muchísimo, sobre todo las familias y los trabajadores", añadió.

¿Pero la lucha es contra la abstención? ¿Basta con movilizar al votante histórico del PSOE? La movilización es importante, pero detrás de la desafección al PSOE como proyecto político, no en Andalucía sino en todo el Reino, hay factores de mayor calado.

Factores que, lógicamente, no dirán sus cuadros dirigentes ni a los periodistas que le siguen en la campaña ni a los asistentes a los actos que convocan, habitualmente fieles a las siglas que están plenamente convencidos de votarlas. Entre esos factores está la falta de un liderazgo fuerte, la ausencia de un discurso ideológico convincente -problema común a toda la socialdemocracia europea-, la desafección con quienes antes se sentían identificados con el puño y la rosa y el ensimismamiento en la vida interna (las cuitas).

En Andalucía, además, el PSOE demuestra su mayor fortaleza en las ciudades medias que en las grandes, como norma general. Y en ese territorio la alianza de Podemos con IU es perjudicial para sus intereses. Los votantes fieles al Partido Comunista y a su marca electoral desde mediados de los ochenta, con implantación también en esos municipios medios, parecen estar dispuestos ahora a votar a Podemos, lo que no hicieron en diciembre. Fueron 256.080 ochenta votantes que ahora pueden sumarse -y las encuestas dicen que de manera masiva- a los 749.081 círculos morados que se contaron en las urnas de Almería, Cádiz -la única provincia andaluza a priori en riesgo de sorpasso-, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla. Más de un millón de votos que les pone en la pelea con PSOE y con PP.

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