Cuatro magníficos, tentados por el 'catenaccio'

Concentrados en la cita de esta noche. Así, como si de los jugadores de la selección de fútbol se tratase, estuvieron ayer Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias preparando el único debate a cuatro de toda la campaña electoral.

Si los convocados por Vicente del Bosque saltarán a las tres de la tarde al estadio de Toulouse para medirse a la República Checa en su primer partido de la Eurocopa, siete horas después lo harán en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid los candidatos del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, cuyo líder, Albert Rivera, fue el único de los cuatro que mantuvo ayer un acto de campaña.

La selección tendrá dos partidos más para enmendar posibles fallos en su debut. Los cuatro candidatos no contarán con una segunda oportunidad, no jugarán partido de vuelta, y de ahí que tengan la tentación de salir al terreno de juego televisivo a no arriesgar, a practicar un catenaccio que les asegure al menos el empate.

Una tentación consecuencia del sentimiento generalizado en los cuatro partidos de que el debate, el primero en la historia de la democracia con tantos líderes como protagonistas, no será decisivo, no servirá para ganar, pero sí puede haber bastante que perder.

De ahí que se dedique el mayor tiempo posible a su preparación, en solitario y con sus respectivos equipos, y que la mayoría haya optado por hacer un alto en su periplo de campaña y ceder hoy el testigo a sus segundos.

Rivera prefirió mantener el ritmo y se marchó a una de las que se está consolidando como sus plazas más fuertes, Valencia, para pedir el apoyo de los votantes del PP que no creen que Mariano Rajoy sea la "palanca del cambio", así como de los electores socialistas que "no se fían" de su partido por aliarse con "los socialdemócratas entre comillas". Pero también quiso dejar claro que Ciudadanos seguirá adelante pese a las agresiones y amenazas que sufre.

Unos actos (la interrupción de un mitin suyo el sábado en Barcelona y el ataque a una mesa informativa de Ciudadanos en el barrio madrileño de Vallecas) de los que responsabilizó al partido de Pablo Iglesias y a sus "amigos". Por eso, pidió a Podemos que condene la violencia de "los suyos".

Sobre actos de violencia, alertó también en Barcelona el ministro del Interior, Jorge Fernández, después de que la presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez-Camacho, fuera increpada el sábado en la localidad barcelonesa de Vic.

Esa actitud llevó al ministro a denunciar que en Cataluña se está incitando al odio contra el PP y demonizando a este partido, y todo ello puede acabar en violencia. Se trata de actos que alimentan el argumento de los populares de alertar contra el radicalismo y de pedir frente a ello el apoyo a la moderación que aseguran representar.

Es lo que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, puso de nuevo de manifiesto en un acto en Madrid en el que advirtió que un Gobierno PSOE-Podemos reeditaría en el ámbito nacional lo que ya se ha visto en municipios y comunidades: "Gestos, gastos y desgaste".

Y no sólo eso. Arrastraría a un programa como el de Iglesias "que quiere parecer sueco pero huele a griego". A Grecia, de nuevo en campaña, ha echado mano también la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, para advertir de que socialistas y podemitas emularían la bajada de pensiones que padecen los jubilados helenos.

En ausencia de Pedro Sánchez, fue la secretaria de Estudios y Programas del PSOE y candidata del PSC, Meritxell Batet, quien protagonizó el acto central de la jornada socialista.

Desde Barcelona, Batet prometió una "segunda revolución" por la igualdad real de género y con medidas como una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres, listas electorales paritarias al 50 por ciento y sanciones para proxenetas y clientes de prostitutas.

Podemos y Ciudadanos se persiguen, al menos en el itinerario de sus caravanas. El sábado, Rivera e Iglesias elegían Barcelona para su acto central, y ayer Íñigo Errejón actuó también en Valencia para asegurar que su fuerza política no ha tocado techo y pedir al PSOE, ante las críticas a su partido, que no se equivoque de adversario.

Si ayer repartieron juego entre sus lugartenientes, hoy toda la atención, con el debate por medio, volverá a los candidatos principales, a los "cuatro magníficos", como les ha definido hoy irónicamente el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, invitando a los electores vascos a pasar de todos ellos.

Ortuzar, en un acto en Fuenterrabía (Guipúzcoa), ha llegado a apostarse "pintxos y potes" para todos los asistentes a que los cuatro en cuestión no pronunciarán en el debate más de tres veces la palabra Euskadi. Más de uno estará atento por si puede reclamarle que cumpla esa promesa.

Otras promesas se escucharán previsiblemente durante las algo más de dos horas para intentar ser el destinatario de la frase con la que Rajoy respondió el pasado jueves a la pregunta de quién puede salir con éxito de ese debate: "A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga".

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