José Calvo Poyato. Escritor, historiador y ex parlamentario andaluz del PA

"Andalucía no está imparable"

José Calvo Poyato José Calvo Poyato

José Calvo Poyato / O.Barrionuevo

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-¿Por qué Jorge Juan?

-Jorge Juan es un marino representativo de una generación de marinos ilustrados que además de soldados y militares eran científicos, con una formación muy sólida, reconocida en Europa. De hecho, a la Escuela de Guardiamarina, de donde salía formada la oficialidad de la Armada, venían a estudiar marinos de otros países. Jorge Juan impulsa la construcción del observatorio astronómico de la Armada y mide el arco del meridiano, con lo que demuestra que la Tierra es redonda pero no es una esfera, ya que está achatada por los polos; lo que había intuido Newton él lo demuestra empíricamente. Me encontré con que además hay una aventura en su vida menos conocida que me parecía apasionante y en la que había una buena novela.

-Una figura de la historia española que quizá si hubiera nacido en otro país sería más reconocida, como tantas otras...-Nosotros casi nunca hemos dado mucha importancia a nuestros grandes hombres. Los conquistadores de América a veces aquí son maltratados como una especie de genocidas, sin tener en cuenta que son hombres de su tiempo y responden a los esquemas mentales de su tiempo. Del cardenal Cisneros tiene que venir un hispanista extranjero a decirnos que posiblemente fue el mejor político de Europa de la primera mitad del siglo XVI: para nosotros es un inquisidor que quema los manuscritos árabes en Granada... No solemos, a diferencia de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno, ensalzar o al menos tener un recuerdo para nuestras grandes figuras. El caso de Jorge Juan es paradigmático. Cuando regresa de las Indias de medir el arco del meridiano y quiere publicar su libro Observaciones astronómicas del Perú, tiene problemas con la Inquisición, porque parte de la teoría heliocéntrica que había sostenido Copérnico: el sol es el centro de universo y los planetas giran en torno a él. La doctrina de la Iglesia sostenía todavía una teoría geocéntrica. Esto indica hasta dónde había obstáculos para los hombres de ciencia, o el hecho de que aquí apenas se les hiciese caso mientras se disputaban su presencia en Francia o Gran Bretaña. De hecho, la Royal Society lo invita a que vaya a dar una conferencia, a hacerlo socio, y esto es lo que aprovecha el marqués de la Ensenada para que desarrolle una aventura increíble: un hombre de ciencia, marino ilustrado, actuando de espía, disfrazado por los barrios de Londres en busca de información muy importante para el marqués de la Ensenada y para la monarquía hispánica.

-La novela tiene tres focos: Madrid, Cádiz y Londres...

-El Madrid de mediados del XVIII está todavía muy anclado en el pasado: calles oscuras y sucias donde se siguen arrojando los desperdicios desde las ventanas, que se convierten en barrizales en invierno, están apareciendo los primeros cafés, hay una Inquisición que todavía tiene fuerza... En los ambientes cortesanos hay un lujo extraordinario, siguiendo las modas francesas. Yo he querido reflejar el choque entre lo tradicional y lo nuevo, que se manifiesta en las tertulias. Londres es la gran capital, dobla a Madrid en población, se está recuperando del terrible incendio que sufrió casi un siglo antes y en el Támesis está la flota más poderosa del mundo. Me interesan los ambientes tabernarios en los que Jorge Juan y sus colaboradores se mueven. Y Cádiz ya empieza a verse encorsetada por los problemas de extensión. Tiene unos 80.000 habitantes y una burguesía poderosa y ya es la cabecera de Indias. He querido recoger también el ambiente de las tabernas y el buen humor gaditano.

-¿Cómo ve la Andalucía actual?

-Ni está imparable ni es la primera..., es la primera por desgracia en aspectos que son dramáticos. Tenemos unas tasas de paro que en algún caso duplican la media nacional. Nuestra sanidad siempre ha estado por debajo de la media en cuanto a número de médicos y camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes y ahora la situación incluso ha empeorado, lo cual ha dado lugar a protestas en las calles por determinadas políticas que el Gobierno andaluz ha querido implementar. Nuestra renta per cápita también está muy por debajo de la media española... Digo todo esto después de tres décadas de Gobierno socialista. Hay magnitudes que no se pueden cambiar de un día para otro, pero tres décadas es un tiempo lo suficientemente largo como para haber invertido algunas tendencias. Hay una parte importante de la sociedad andaluza subsidiada. Más allá de estos elementos que los gobiernos del Partido Socialista no han podido cambiar, más allá de la propaganda (Rodríguez de la Borbolla decía que iban a convertir Andalucía en la California de Europa), también es cierto que hoy tardamos dos horas menos cuarto en ir de Córdoba a Madrid, que la red de autovías no tiene nada que ver con las carreteras de hace 30 años, al igual que la capacidad turística de Andalucía. Por otra parte, veo la vida parlamentaria muy apagada.

-Y el andalucismo, ¿dónde está?

-Durante muchísimos años tuvo como sostén al Partido Andalucista, que hoy desgraciadamente no existe. A partir de 2005 se cometieron una serie de errores en cadena en la dirección del partido, estoy hablando de Julián Álvarez y de Pilar González, y eso condujo a que esté disuelto técnicamente. El andalucismo como planteamiento creo que tiene posibilidades de desarrollo: quién no lucha por su tierra, que es lo que tiene más próximo. Lo que pasa es que habría que delimitar muy bien esa lucha, ese deseo de mejorar lo que está más cerca. Yo nunca he creído en un andalucismo que no esté insertado en España. Ese andalucismo debería estar en la conciencia de los andaluces. El problema es que muchas conciencias subvencionadas no ven más allá de la subvención.

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