Caballero Bonald: "Hay cátedras universitarias, y el flamenco es la libertad absoluta"

  • El escritor jerezano estuvo junto al poeta Pere Gimferrer en unos encuentros sobre la lírica organizados por la colección Vandalia.

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José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) pasa los veranos en Montijo y los inviernos en Madrid. Pasó por el hotel Inglaterra de Sevilla en el que pernoctaron Pierre Louÿs,  Giuseppe Verdi, Italo Calvino, Hugh Thomas, Juan Goytisolo o Alfonso Grosso. Días atrás participó con el poeta Pere Gimferrer, otro clásico de la editorial Seix Barral, en unos encuentros en Sevilla sobre poesía organizados por la colección Vandalia.

-Hace cincuenta años ganó el premio Biblioteca Breve con Dos días de septiembre, escrita en Colombia. ¿Se fue al exilio?

-Tanto como exiliado. Más o menos. Puse tierra de por medio con una España brutal, opresiva, asfixiante. Tuve la oportunidad de enseñar Literatura en Bogotá. Estuve allí tres años muy a gusto.

-¿La democracia es que gane la derecha y no se tenga uno que exiliar?

-Entre otras cosas. Yo creo que todo es empeorable. A mí no me preocupa que gane la derecha. Es algo completamente razonable, propio de una democracia. Lo malo es que en la derecha, en el PP, está toda la derecha, los resabios del franquismo y el neocatolicismo.

-¿Dónde le cogió el otro 20-N?

-En un pueblo de Madrid que se llama Soto del Real y antes se llamaba Chozas de la Sierra. Como de allí era un obispo llamado Casimiro Morcillo, en vez de cambiarle el nombre al obispo, le cambiaron el nombre al pueblo. Allí me cogió la muerte de Franco. En verano le daba clases a los estudiantes de un college inglés. En lugar de pagarme en salario, me dejaban la casa en invierno.

-Escribió que las fronteras de la infancia coinciden con las del verano. ¿Y las del invierno?

-Con la adolescencia, con el descubrimiento del mundo, aunque lo que descubrimos los adolescentes de mi tiempo era un erial.

-Nace en 1926, de la quinta de la duquesa de Alba. ¿La conoce?

-Cuando vivía Jesús Aguirre, fui alguna vez a comer al palacio de Liria con Juan García Hortelano y Juan Benet. Y en otra ocasión coincidí con la duquesa en un jurado de flamenco que terminamos de madrugada en una venta. Entonces se le entendía algo cuando hablaba.

-Lleva cincuenta años diciendo Viva la Pepa (se casó en 1960 con Pepa Ramis). ¿Le llega el bicentenario?

-He intervenido en algunos actos. Es una conmemoración emocionante; en Cádiz se hizo la primera Constitución liberal en el sentido decimonónico del término, con algunos lastres propios de la época en la que se redactó.

-En Tiempo de guerras perdidas cita las dotes de memorión de Eduardo Arenas, padre del presidente del PP andaluz.

-Éramos compañeros de clase en los Marianistas de Jerez. Era de los primeros de la clase porque estudiaba mucho.

-Su hijo va camino, según las encuestas, de ser también el primero de la clase en la Junta...

-Alguna vez coincidí con Javier Arenas y me pareció una persona muy amable, muy agradable, que se ha ido volviendo con el tiempo arisco e insultante.

-Aparece en numerosas fotos del libro de los cien años de Seix Barral. ¿Su segunda casa?

-He estado muy vinculado a Seix Barral y a Carlos Barral, mi amigo y editor de mis primeras novelas. Seix Barral está reeditando toda mi obra. En enero sale un libro de poesía en el que tengo puesta mucha fe, un libro testamentario, Entreguerras o De la naturaleza de las cosas, referencia a Lucrecio.

-La Fundación Caballero Bonald ha dedicado sus últimas jornadas a Releer a los Clásicos...

-Contamos con dos sabios, Carlos García Gual y Francisco Rico.

-Rico es personaje de novelas de Javier Marías. ¿A qué novelista elegiría para que lo convirtiera a usted en personaje?

-A Manuel Rivas. Tiene el talento imaginativo de los gallegos que va de la Edad Media a Valle-Inclán y Cunqueiro.

-El año de la muerte de Franco, 1975, fue el centenario del nacimiento de Antonio Machado.

-Fuimos a Colliure en febrero de 1959, en el vigésimo aniversario de su muerte. Lo convocaron Juan Goytisolo y Semprún y se sumaron Picasso, Malraux, Sartre, Mauriac. Fuimos al cementerio, al hotel donde vivieron el poeta y su madre, y celebramos reuniones literarias y etílicas de las que salió el grupo generacional del 50.

-¿Celebró el día del flamenco?

-No me gusta la excesiva oficialización del flamenco. Hay cátedras universitarias, institutos, y el flamenco es la libertad absoluta, ese grito de una protesta sin destinatario de una raza larga y tenazmente sojuzgada como la gitana.

-Cuando pasen las elecciones, empezará a hablarse del Madrid-Barça. ¿Le llega ese ruido?

-No me he liberado de esa visión del fútbol como drenaje del franquismo por el que se evacuaban las pasiones de la época. Cuando veían a García Hortelano o a Pradera entrando en el estadio, lo veíamos como una traición.

-¿Bebe manzanilla en Madrid?

-El otro día pedí en el Palace a un camarero un Oloroso Seco y me trajo un Oloroso Dulce, un Solera del 47. Allí no saben qué es un Oloroso Seco, no conocen el Amontillado ni el Palo Cortado, vinos que se pueden tomar a cualquier hora del día.

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