Emilio Lora-Tamayo

"Continuamente están cayendo meteoritos"

  • Emilio Lora-Tamayo está vinculado al CSIC desde 1975, organismo en el que ha sido director del Centro Nacional de Microelectrónica, vicepresidente y presidente en dos periodos.

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-De camino a la Casa de la Ciencia, en la puerta de una discoteca se lee Un sueño hecho realidad. ¿Puede ser una definición de la ciencia? 

-Puede ser una definición, siempre que tanto el sueño como la realidad sean realizables.

-El político y el científico era un libro de Max Weber. ¿Son categorías contrapuestas? 

-No tienen por qué serlo. Entre uno y otro hay una categoría intermedia y fundamental, la política científica.

-¿El CSIC puede convertirse en CSI en la búsqueda de fondos para la investigación? 

-Para coger fondos con destino a la ciencia no hay que investigar. Hay que ser muy perseverantes para demostrar con hechos, empíricamente que decimos los científicos, que la ciencia puede ser una solución para salir de esta coyuntura económica.

-Andalucía está llena de magníficos científicos: Losada Villasante, Enrique Cerdá, López Barneo, José María Delgado, Miguel Lorente... ¿La normalidad sería cuando conozcamos tantos nombres de científicos como de futbolistas?

-Eso es una utopía y como cualquier utopía, algo muy saludable.

-Pero ni en Alemania, la famosa locomotora, son más populares los científicos que los futbolistas alemanes... 

-Y si en Estados Unidos lo son es porque allí el fútbol no es el deporte de moda, pero en ese país la gente sabrá más nombres de bateadores de béisbol que de científicos.

-Es miembro de las academias de Medicina y Cirugía de Cádiz y de la de San Dionisio de Artes y Ciencias de Jerez. ¿Y esa raigambre andaluza?

-Siempre he estado muy unido a Jerez por razones familiares. Mi padre nació en Jerez. La Academia de Medicina de Cádiz nombra por tradición a tres miembros de ámbitos distintos a la Medicina pero que tienen una interacción.

-¿Dónde le tocó la circunstancia de hijo de ministro? 

-Cuando a mi padre lo  nombran ministro, en la década de los sesenta, yo terminaba el Bachillerato y empezaba la carrera.

-Su padre fue ministro entre 1962 y 1968... 

-No llegó al mayo francés. Presentó la dimisión en marzo de 1968. Creo que fue el primero que lo hizo en la época de Franco.

-En Sevilla hay un colegio con su nombre en el Polígono Sur... 

-Lo conozco y he ido a dar algunas conferencias.

-¿Habrá ciencia en el cónclave de los cardenales?

-No lo creo. Aunque fe y ciencia forman un maridaje que no tiene por qué estar reñido.

-Ha venido a la Casa de la Ciencia a inaugurar tres exposiciones. Por su dedicación a la Microelectrónica, le interesará más la de los invertebrados que la de los cetáceos... 

-La que más me concierne es la tercera, la dedicada a las autopistas de la electricidad.

-¿Los casos de espionaje en Barcelona constituyen un mal uso de la microelectrónica?

-Yo creo que esa disciplina está mucho más relacionada con los temas de salud. Acaba de presentarse una nueva aplicación del licuefactor de helio en la Universidad de Zaragoza de aplicación en la refrigeración de los equipos científicos y médicos. 

-¿Lo de socialismo científico y socialismo utópico pasó a mejor vida?

-Más que socialismo, yo hablaría de socialización de la ciencia.

-Ciencias de la Salud. Ciencias de la Información. Premios de la Academia de las Ciencias Cinematográficas. ¿La ciencia se ha convertido en un barniz de prestigio?

-Seguramente dentro del ámbito cinematográfico hay aspectos científicos. Estoy pensando en la óptica, fundamental en el cine.

-Luis Cuadrado, el mejor iluminador del cine español, era ciego... 

-Ciencia en estado puro.

-¿Vio la gala de los Goya? 

-Un poquito. Estaba convaleciente en la cama.

-Lo más mediático de su notable currículum es que presidió el comité científico asesor para mitigar las consecuencias del hundimiento del Prestige. 

-Eso no tiene nada que ver con la microelectrónica, sino con mi capacidad de organizar un grupo de expertos, que yo no lo soy. Un equipo en el que había oceanógrafos, químicos, biólogos.

-¿Estuvo en el lugar del siniestro?

-Por supuesto. Y en el submarino para el taponamiento de las grietas. Si hubiéramos retrasado las decisiones, se habría vaciado todo el Prestige y la catástrofe habría sido mayor.

-¿Resultará incómodo en un futuro entrevistar a un hijo del ministro Wert, que ocupa la misma cartera que tuvo su padre? 

-¿Por qué? Yo le tengo mucho cariño a mi padre y seguro que los hijos del ministro Wert se lo tienen al suyo.

-¿Qué tenía su padre de andaluz? 

-Nació en Jerez. Fue catedrático en Sevilla, ciudad donde nacieron cuatro de sus once hijos: Amparo, María Josefa, Isidoro, Manuel. Yo ya nací en Madrid, pero he salido de nazareno en el Gran Poder y sigo muy vinculado a Sevilla por mi hermana Amparo.

-Si el asteroide que pasó rozando la tierra... 

-Rozándola a treinta mil kilómetros de distancia. El de más impacto fue el que no se había visto, el que cayó en los Urales.

-¿Hace treinta años se le habría echado la culpa del meteorito a la CIA?

-Meteoritos están cayendo continuamente en la Tierra, lo que ocurre es que antes no había medios de comunicación que lo contaran. Existe una disciplina y expertos que se dedican a buscar restos de meteoritos, pero los grandes son los menos.

-¿Una afición? 

-Andar por el campo.

-Hubo un Lora futbolista. 

-Y un Tamayo en el mundo del teatro. No tenemos nada que ver con ninguno de los dos.

-¿Un equipo de fútbol? 

-No soy futbolero. Nada de nada. Y hago bien porque a pesar de ser de Madrid vivo en Barcelona. Imagine el lío en el que me metería si me decantara por uno u otro bando.

-¿La ciencia invita a ser optimista?

-En abstracto, la ciencia nos permite ser optimistas de cara al futuro. Si me pregunta por el futuro inmediato de la ciencia en España, más que ser optimista, le diría que tengo que ser optimista.

-Su padre fue presidente del CSIC entre 1968 y 1972. Usted lo ha sido en dos etapas distintas. ¿Hay una tercera generación de Lora-Tamayo científicos? 

-No creo. Tengo tres hijos, uno es ingeniero y trabaja en una consultoría. Otro es médico y la chica es arquitecto.

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