Entrevistas

"Ver el luminoso del Tío Pepe en la Puerta del Sol es la pera"

-Al parecer, el Tío Pepe corre por sus venas.

-Y a mucha honra. Cuatro generaciones bebiendo Tío Pepe contribuyen a mejorar nuestra genética.

-Ha escrito un libro sobre su tatarabuelo Manuel María González, fundador de González Byass, al que usted llama con confianza MM. ¿Quién era?

-Un alma de empresario metido en un interesante cuerpo de hombre, tenacidad a prueba de bomba, capacidad de trabajo exasperante. Empezó con 23 años partiendo de la nada.

-¿Qué era antes?

-Un modesto empleado en una casa de comercio de Cádiz. Se hizo rico en poco tiempo gracias a su habilidad empresarial. Murió a los 75 años llamando al pan, pan y al vino, vino.

-Siguiendo el efecto mariposa, ¿qué habría sido de Jerez sin MM?

-No existiría el Tío Pepe, ¿se imagina? Hubiera sido una pérdida terrible, no sólo para Jerez, sino para el mundo entero. Un agujero negro. Y en Jerez no existirían los González, sólo los Domecq. Y habría un montón de bloques de pisos horrendos en la cuesta donde hoy se alza el hermoso conglomerado de edificios de González Byass.

-Regresa MM del siglo XIX y llega al Jerez de hoy. ¿Qué piensa?

-Uf, qué pocos empresarios quedamos.

-Más difícil todavía. Regresa MM del siglo XIX en la máquina del tiempo y cae en Wall Street.

-Saca la libretita del bolsillo para apuntar los valores en los que le conviene invertir. Coge el móvil y llama a su mano derecha para asegurarse de que ya están en marcha las medidas para paliar la crisis en Jerez.

-Ahora al revés. Viaja usted al pasado y se lleva de regalo para MM la botella de Tío Pepe que diseñó Ágatha Ruiz de la Prada.

-Me diría, Begoña, ¿qué margen de beneficio crees que deja esta botella tan extraña?

-Dicen de su familia, los González, que tienen algo de dandis británicos.

-Todo el mundo tiene una vena dandy, aunque unos la enseñen más que otros. Yo, desde luego, tengo debilidad por lo inglés, aunque por fuera se me nota poco. Me siento más a gusto arrebujada en una túnica india que enfundada en una chaqueta de tweed. Pero a los 18 años me fui a estudiar a Londres, sin haber salido nunca antes de Jerez, y en muchos aspectos sentí que había llegado a casa.

-¿Y qué tienen los González de carácter, digamos, típicamente andaluz?

-Su acogida afectuosa y un acento andaluz precioso que nunca camuflan.

-¿Se ha fijado que en Jerez ya no huele a vino?

-Sí, todavía me acuerdo de andar por la calle, de pequeña, y ese olor, que entonces no me parecía maravilloso, pero que lo es, saliendo de las umbrías. Sí, sí, me he fijado.

-¿Y qué cree que piensan de eso en Jerez?

-Lo que a la gente en Jerez le preocupa es que le den trabajo. Que venga de una bodega o de otra empresa, sinceramente, creo que les trae sin cuidado.

-Una empresa familiar en la época de las corporaciones. ¿Anticuado?

-Anticuado, no. Es una familia con modernos, conservadores, los que pasan de casi todo, los que no pasan de casi nada... Todos tienen su hueco.

-Mauricio González-Gordon, bodeguero, ornitólogo, uno de los salvadores de Doñana, le animó a escribir el libro. ¿Podríamos decir que es el patriarca?

-Mi hija dice que quiere casarse con un hombre como su tío-abuelo Mauricio. Si con ochenta y pico de años es capaz de causar esa impresión en una jovencita de dieciocho, imagínese su atractivo. Me gusta su mesura, su educación, la importancia que le da a todo lo que sea una afición. Y el vicio que ha conseguido a la hora de templar gaitas. Es el patriarca, aunque se empeñe en disimularlo.

-¿Qué siente cuando ve el luminoso del Tío Pepe, uno de los últimos de Madrid, en la Puerta del Sol?

-Ver el luminoso es la pera, sobre todo para mis hijos.

-¿Le hace sentirse importante?

-Pues sí, pero tras escribir el libro me hace pensar en lo satisfecho que estaría MM si lo viera. Le gustaban los signos externos: ser proveedor de la Casa Real, recibir a la reina en su bodega... Pero creo que más por la oportunidad de hacer negocio que por presunción.

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