"Si hay acoso escolar los profesores no vigilan bien"

-¿Tres cosas frente a las que debemos proteger al menor (en España)?

-Primero, de la permisividad con el alcohol y otras drogas, también de la sobreprotección, los niños tienen que saber que la vida les vencerá, que hay dolor, que hay sufrimiento... porque en España de lo que más mueren los jóvenes de 18 a 24 años es de suicidio, hay que hacerles resilientes. En tercer lugar creo que hay que defender a los niños frente a las separaciones mal llevadas, sin que se tenga en cuenta el interés del menor. Un cuarto, como prórroga, sería aquello que a los jóvenes les genera un vacío existencial, creo que hay jóvenes sin proyecto de vida.

-¿Cómo se llega a tener ese vacío?

-Porque no se llena de contenido. Si a mí a los siete años me mandan a un campamento, y miro las estrellas y me pregunto si habrá alguien más, si entiendo que la vida es compartir la cantimplora, si me levanto ilusionado para escribir porque sé que a alguien le va a interesar... estoy lleno de sentido, pero si todo lo centro en la búsqueda del placer, de la satisfacción, del hedonismo, de la felicidad... posiblemente al final te das cuenta de que la vida no te llena.

-¿Algún objetivo cumplido que le enorgullezca especialmente durante su etapa como Defensor del Menor?

-Yo tengo un orgullo muy grande conmigo y es que dediqué 20 horas al día, sábados y domingos, 20 años. A raíz de esto al salir tuve un infarto de miocardio. Fui consciente, en el prólogo de un libro lo mencioné: 'Llevo una vida de infarto y sé lo que me espera', pero volvería a hacerlo, sabiendo que podía morir. Lo haría encantado, creo que mereció la pena. Lo hice lo mejor que yo sé. Me siento especialmente orgulloso de haber puesto en el foco de la sociedad que los niños no son el futuro, son el presente. Hemos conseguido muchos cambios legislativos, como que los niños no puedan tener relaciones con adultos hasta los 16 años, o que los 42.000 españoles con sentencia firme por haber abusado de niños no puedan ejercer profesiones en relación con ellos.

-Antes de ser Defensor trabajó mucho tiempo con niños de educación especial. ¿Cuál fue su mayor aprendizaje?

-Algo que aprendí con ellos, y ahora con mi madre que lleva cinco años en una residencia con alzhéimer, que lo importante es el cariño, es el afecto, la emoción. Aprendí de ellos un día que un niño síndrome de Down se puso muy cabezón y le castigué sin salir de clase y en la hora del recreo, otro niño también se quedó, y me dijo: 'Castígueme a mí, ha castigado a mi amigo'.

-Pero, señor Urra, cada vez tenemos a menos gente para defender. ¿Por qué la gente no quiere tener hijos? ¿Es tan horroroso esto de educar?

-Yo creo que hemos transmitido que la educación es un conflicto, un dilema, genera muchos problemas que pueden volverse en contra... Pero creo que hay problemas estructurales, los chicos tienen mucha dificultad para encontrar una pareja con garantías, que requieren de unos ingresos, porque ser padre hoy implica darle una buena educación, sanidad, cuidados, relaciones con los amigos... Es algo que tiene un coste económico, emocional y de tiempo, en el buen sentido de la palabra costo, que no siempre las empresas y los trabajos de los jóvenes permiten compaginar.

-Un padre que no es honrado ¿puede educar en la honradez?

-No, yo no puedo decir a un niño que no se drogue y yo estar puesto de coca. No puedo decir a un chaval que sea honrado y no declarar hasta el último euro en Hacienda. Es tener auctoritas.

-¿Cómo se educa a ser solidario?

-Enseñando la solidaridad. A los nueve años a un niño le das cuatro euros de paga y le puedes ofrecer la oportunidad de dar parte. Darás y te sentirás bien porque has dado, tendrás menos.

-¿Cómo puede ser que hayamos ido a peor con la violencia de género?

-No lo sé. El 80% de los jóvenes de 14 a 19 años reconocen haber sido testigo de violencia de género entre parejas de su edad. Las chicas tienen muchos problemas con su físico, muchas quieren un chaval que sea un malote y que las defienda, saben que es agresivo, pero creen que conseguirán cambiarlos. El 33% de los jóvenes son muy celosos. Algo estamos haciendo mal.

-¿Por qué no hablamos de suicidios?

-El problema es cuando un joven se desesperanza, los adultos sabemos que a veces la vida es injusta, que pierde su sentido, que te abofetea, pero que a lo mejor mañana te cambia la vida y conoces a una persona... Eso lo hemos aprendido con la experiencia. Pero los jóvenes tienen un problema y es que pasan al acto con mucha facilidad.

-¿Por qué hay acoso escolar? ¿Es complicado erradicarlo del aula?

-No creo que si hay acoso los profesores estén vigilando bien. Hay que manejar el aula, no es complicado. Nosotros tenemos a 96 chavales y creo que no hay acoso, ni atisbo. Porque estamos muy encima. Al primero que empiece a tomar un liderazgo negativo: pararlo. Un buen profesor sabe lo que acontece en el aula antes de entrar.

-Estamos, de nuevo, en tiempo de elecciones... Usted planteó bajar la edad de voto, ¿cree que los adolescentes pueden votar con buen criterio o por lo menos con el mismo que los adultos?

-La sociedad cree que a los jóvenes de menos de 18 años no les interesa la política, pero el ochenta por ciento de los jóvenes en una encuesta que realizamos hace poco contestaron que les interesaría votar. No creo que deban de votar, porque bajaría la edad penal, entenderíamos que puede ir a la cárcel y eso sería muy lesivo. Lo que hago es la propuesta de decir ¿qué pasaría? ¿Ustedes piensan en los jóvenes? Quiero que la sociedad se plantee cosas, que se ponga el foco en los jóvenes.

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