Chary Herrera, coordinadora en Andalucía de Anadir

"El caso de los 'bebés robados' crece y crece, se ha desbordado"

  • Chary Herrera empezó sola a buscar en la red a su hermana cuando su padre le confesó que estaba seguro que se la arrebataron al nacer. Ahora lidera desde la asociación Anadir.

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-¿Cuál es su historia?

-La de ser la única chica de siete hermanos y escuchar un día a tu padre decir que tienes una hermana.

-¿Cuándo se lo dijo?

-A los 15 años. No pudo ocultarlo más. Me pidió que buscara a una chica que se pareciera a mí y, si alguna vez la encontraba, la abordara y le preguntara si tenía un antojo, una señal de nacimiento. Él llegó a verla. Fue en 1975.

-¿Y su madre?

-Mi madre siempre dijo "la niña está muerta" y punto. Es la reacción de muchas personas que tienen la convicción de que su bebé fue robado: borrarlo.

-¿Pensó que el caso de los bebés robados podía alcanzar esta dimensión?

-Yo veía el programa de Lobatón, el Quién sabe dónde, y se hablaba de niños adoptados, pero nunca de niños robados. No es que pensara que nuestro caso fuera el único... Pero tantos...

-¿Cuántos?

-No es fácil enumerarlos en Andalucía porque cada día siguen creciendo. Hay días que recibo cien llamadas.

-No todas la denuncias serán robos. Algún bebé moriría realmente.

-Naturalmente. La difusión en los medios ha ayudado mucho, ha hecho posible que esta trama salga a la luz tantos años después, pero también ha generado psicosis. Se ha desbordado. Muchos quieren denunciar sólo con su convicción, poniendo en la denuncia algo como yo soy uno de esos casos que salen en la tele.

-Hacen falta papeles.

-Claro, la Fiscalía y la Policía exigen un mínimo protocolo. Un legajo de abortos si, supuestamente, falleció antes de las 24 horas y, si fue después, certificado de nacimiento, inscripción en el registro civil, certificado de defunción, legajo de fallecimiento o copia del libro de inhumaciones, aparte del historial clínico de la madre. Esos papeles existen, a veces cuesta conseguirlos, pero existen.

-¿Por qué ha tardado tanto en salir a la luz? Estamos hablando de tres décadas.

-El miedo. Los médicos tenían mucho poder antes. He hablado con madres y padres que creían que si denunciaban les llevarían al calabozo. Conozco a un padre que lo hizo, que fue a comisaría y allí la Policía se rio de él, le dijo que cómo  iban a robar niños.

-Y pasaban página.

-Pues sí. Es como el caso de mi madre. Era tan doloroso... Mis padres nunca fueron al cementerio. La mayoría de los casos tiene un patrón muy parecido.

-¿Las asociaciones de memoria histórica se han interesado por estos casos?

-Sí, yo empecé por ahí, pero todo se mezclaba con la política y aquí de lo que estamos hablando es de codicia. Lo hacían por dinero. Hay médicos de esa época, que posiblemente participaron en esas prácticas, que tienen unos chalés lujosísimos que no se corresponden con lo que ganaba un médico de la época.

-¿Y el papel de las monjas?

-Decisivo. Algunas parroquias funcionaban como intermediarias. Era allí donde iban las familias pudientes a que les proporcionaran un bebé.

-¿No tiene dudas? ¿Y si todo esto se hubiera montado sólo sobre algún caso aislado?

-A estas alturas sabemos cómo funciona la trama. Los hospitales, que no tenían obligación de hacerlo, pagaban supuestos entierros para que los padres no pudieran ver los cuerpos... Hay un caso de una hija que tiene una madre nulípara, es decir, que nunca ha parido. Son demasiadas evidencias y coincidencias.

-¿Hubiera sido posible este movimiento sin las redes sociales?

-Facebook ha sido un excelente instrumento para coordinarnos. Antes, en los 80, apareció una denuncia en Interviú; diez años después salió otro reportaje sobre la clínica San Ramón de Madrid. Ha estado tantas veces a punto de estallar... pero siempre parecía que una mano lo tapaba. Con las redes sociales, y también con el apoyo de los medios, ha sido imparable.

-¿Qué cree que sentirá si encuentra a su hermana?

-No sé, me he llevado tantas decepciones, tantas falsas alarmas. ¿Sabe? Yo creo que, como dicen muchas madres, cuando encuentre a mi hermana, si la encuentro algún día, me daré cuenta de que es ella. Me lo dirá un sexto sentido.

-¿No ha sentido la tentación de ir a ver al médico que atendió a su madre?

-No. Tengo su dirección, su número de teléfono, lo sé todo de él, pero no, no quiero hablar con él. Eso es trabajo de la Policía.

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