eduardo rangel. corredor solidario

"Al cuerpo le gusta la guerra, pero se la tienes que dar"

-Lo primero que me viene a la cabeza es que es mentira que usted haya corrido ocho maratones en cuatro días.

-Yo también lo habría pensado. De hecho, yo también llegué a creer que era imposible. Cuando me lo propuse, de primeras dije que era posible. Pero cuanto más iba entrenando, más imposible me parecía.

-De hecho, parece una locura.

-Eso mismo pensé yo, que era una locura, porque me di cuenta pronto de que lo más duro del reto era el entrenamiento. Si para un profesional es arduo, mucho más lo era para mí, que soy corredor sólo desde hace dos años, cuando perdí 60 kilos y empecé esto como reto personal.

-¿Cómo ha sido su entrenamiento?

-Pues unos 200 kilómetros de carrera a la semana. Así comprenderá usted que le diga que más difícil que correr los ocho maratones ha sido llegar vivo al comienzo del reto.

-Tendría que explicar cómo soportaba esa tortura.

-Bueno, nunca me ha gustado dar consejos, pero después de una experiencia tan fuerte me veo con el derecho y la capacidad de dar alguno. Y el principal es que no se puede entrenar sólo físicamente. Hay una frase hecha que dice que el límite lo pone tu cuerpo, y yo digo que es mentira, que el límite lo pone tu corazón. Si la cabeza te falla, las piernas dicen no. Pero el corazón nunca te falla. Yo sabía que mi corazón no me fallaría, porque todo esto lo he hecho por mi madre.

-Explique eso.

-Mi madre murió hace dos años en el hospital Reina Sofía de Córdoba esperando un trasplante que nunca llegó. Y por ella empecé este reto, que busca conseguir que la gente se conciencie para donar sus órganos.

-Y podemos decir que algo ha conseguido.

-Y tanto. La gente se ha quedado impresionada con la hazaña deportiva, pero para mí esta es secundaria. Yo realmente pretendía esa concienciación, y puedo decir que con estas carreras estamos a punto de conseguir que se hagan 10.000 tarjetas de donante. Es decir, en unos días hemos duplicado la media de nuevas tarjetas que se expiden cada año en España. Con eso me quedo yo.

-Lo que no sé es cómo a pocos días de haber corrido tanto tiene usted todavía fuerzas para hablar.

-El primer sorprendido soy yo, pero no por cómo me encuentro ahora, cinco días después de haber acabado, sino por lo bien que me encontraba desde el primer día. No quiero que suene a prepotencia, pero es que no he sentido ninguna molestia ni dolencia. Físicamente me siento igual y psíquicamente estoy superorgulloso.

-Pero se diría que es usted un superhéroe.

-No soy ningún superhéroe. Me considero una persona normal con unas capacidades de sufrimiento por encima de lo normal, capaz de sufrir mucho por lo que creo.

-Pero por mucho que eso sea cierto, los cuerpos tienen un límite.

-Claro. Mire, en la tercera maratón, en Córdoba, el cuerpo me avisó. Tuve una sobrecarga en el cuádriceps, llegué casi arrastrándome y ahí pensé que no podía más. Pero tiré de motivación, era precisamente en Córdoba, donde mi madre murió. Y ahí el cuerpo respondió. De verdad que la mente te ayuda a pasar ese bache.

-Cualquiera diría que le gusta castigar su cuerpo.

-Bueno, al cuerpo le gusta la guerra pero se la tienes que dar. Si eres capaz de sufrir el cuerpo se adapta perfectamente, y lo demuestra el hecho de que iba mejorando mis tiempos según pasaban las maratones. A Sanlúcar, la última etapa, tendría que haber llegado destrozado. Los últimos kilómetros quería hacerlos solo, sin acompañantes, para darme tiempo a meditar en el sentido de lo que había hecho, y conseguí unos ritmos infernales. La gente se sorprendía, pero corrí a un ritmo de cuatro minutos el kilómetro. El cuerpo se adapta en cuanto pasas ese bache.

-¿Qué le diría entonces a la gente que nunca ha corrido?

-Que lo empiecen a hacer, que correr es vida. Yo empecé y me costaron mucho los principios, son duros, pero ahora se ha convertido en una filosofía de vida.

-Pues Woody Allen decía que los que corren lo hacen intentando huir, inútilmente, de la muerte.

-Ja, sí, bueno también hay quien dice que correr es de cobardes. Y yo les digo 'ponte a correr y verás como es de valientes'. Es verdad que puede que ahora sea una moda, pero lo que es bonito siempre es hacer deporte.

-Y queriendo o sin querer, ha conseguido usted un récord más que deportivo.

-Sí, una de las grandes alegrías de esta experiencia llegó cuando el coordinador de transplantes para toda Andalucía me dijo que ninguna campaña ha difundido tanto el mensaje de la donación como este proyecto Donando Vidas. Así que no me voy a quedar aquí, esto hay que continuarlo.

-¿Cuál sería el mensaje?

-Que todo lo que no sea donar órganos es como tirarlos a la basura. Que donar es dar vida. La peor noticia de estos días me la dieron el día que acabé la octava maratón, en Sanlúcar, cuando me dijeron que acababa de morir un chaval de 16 años en Córdoba esperando un trasplante. Hay que decir que muere todos los días mucha gente. Hay que romper el tabú que supone no querer hablar de donación.

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