Julia Marton-Lefèvre, directora general de la UICN

"No deberíamos comprar atún ni pedirlo en los restaurantes"

  • Sólo se pone seria cuando le pregunto, ingenuo, por su huella de carbono con tanto vuelo. "Claro que la calculo e invertimos para compensarla. Y cada vez viajo menos gracias a las teleconferencias". Orgullosa de la oficina mediterránea de la UICN en Málaga y de la participación que se da en ella a los países africanos, para ser alguien que debiera odiar el comunismo tiene muchas esperanzas puestas en China, a cuyo Gobierno asesora. Como a Coca-Cola.

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No es una exageración decir que la vida de Julia Marton-Lefèvre, directora general de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es de película. Sobre todo porque se va a rodar una basada en el libro Enemigos del pueblo, en el que su hermana, famosa periodista y escritora, relata la persecución de sus padres por la policía secreta húngara cuando ambas eran niñas y su huida a Estados Unidos. Aunque explique mucho sobre la arrebatadora y optimista personalidad de esta mujer de 64 años que cada verano cruza el Lago Leman en una travesía a nado de más de tres horas -"Hay que mantenerse en forma si intentas salvar el mundo", bromea-, ésa es otra historia.

-¿Por qué decide dedicar su vida al conservacionismo?

-Estudié Biología e Historia y me uní a los Cuerpos de Paz de Kennedy. Con ellos fui a Tailandia, donde impartía clases en la universidad. Allí leí Los límites al crecimiento y vi el daño que hacían al medio ambiente las tropas que iban y venían de Vietnam. Algo hizo click en mi cabeza y me dije: Esto es lo que quiero hacer. Así que volví a casa y me matriculé en uno de los primeros programas universitarios de políticas ambientales, en Harvard.

-¿Coincide con quienes ven al hombre como una plaga?

-Plaga es una palabra un poco fuerte, pero es verdad que hacemos mucho daño al medio ambiente porque no entendemos lo que nuestros hábitos de consumo causan. Pero si no pensara que el ser humano puede cambiar cuando tiene la información sobre el impacto ambiental de sus actos, me habría quedado en la cama esta mañana.

-¿Es el medio ambiente una preocupación de país rico? Con la crisis el cambio climático se ha caído de la mesa de los grandes problemas mundiales.

-Existe ese riesgo, y por eso debemos hablar mucho más de las oportunidades que ofrece a la economía combatir el calentamiento global. La economía verde crea empleos. Así podemos convencer a los líderes que sólo tienen una visión a corto plazo de que esta lucha sigue siendo su mayor desafío.

-Pero está la etiqueta liberal de que invertir contra el calentamiento global es caro para el contribuyente.

-Comprarse dos coches también es caro. Las políticas ambientales son caras, pero nos darán retorno. Aunque el problema real es que estamos educados para pensar sólo a corto plazo, sean las próximas elecciones o nuestro propio periodo vital. Acabo de tener mi primer nieto, y me pregunto qué tipo de planeta heredará. Ese debe ser el horizonte a mirar.

-¿Es justo culpar a los países en desarrollo?

-No me gusta ese término. Y además China, India y Brasil se mueven hacia otro nivel. Tampoco creo que debamos culpar a nadie. En el Norte pensábamos que era normal vivir así de bien. Pero con todo el conocimiento ambiental de los últimos años, si somos tan arrogantes de creer que podemos seguir así, entonces nosotros deberíamos ser culpados. En cuanto a China, la India y otros países, se trata de una cuestión de equidad. En nuestra parte del mundo más del 90% de la población tiene acceso a la educación, al agua potable, a la electricidad, al transporte. Esos países tienen derecho a hacer lo mismo. ¡China ha sacado de la pobreza a 600 millones de habitantes en cinco años! Pero confío en que en el camino sabrán cómo hacerlo sin tanto impacto en los recursos naturales.

-Sin embargo, en la Conferencia de Cancún se anticipa otro fracaso.

-Quizás sea bueno que vayamos sin las enormes expectativas que teníamos en Copenhague. Yo creo que habrá avances, aunque la cuestión es si este tipo de evento multilateral es el mejor lugar para discutir estos asuntos. No estoy segura de ello.

-Esta semana la UICN analizaba la situación del Mediterráneo. Esta es además una de las zonas con mayor presión inmobiliaria y turística.

-En muy poco tiempo por el desarrollo económico hemos eliminado unos valores que será difícil restablecer. El ecoturismo es una oportunidad económica real. Pero claro, probablemente no sea muy atractiva para los promotores que han estado construyendo una casa junto a otra todos estos años.

-¿Hay lugares sin redención?

-Probablemente, pero en esos sitios saturados al menos hay que parar. Otro problema grave del Mediterráneo es la sobreexplotación pesquera. Comeremos medusas porque hemos acabado con sus depredadores.

-Como el atún rojo.

-Es una de nuestras grandes preocupaciones. Incluso Japón ha empezado a prestar atención al problema. En la conferencia de la biodiversidad de Nagoya, nos llegaron a servir atún rojo para comer. Y muchos dijimos que no. No queremos atún.

-¿De ninguna clase?

-Creo que por ahora no deberíamos comprarlo. Hace poco charlaba con el príncipe Alberto, que está muy implicado, y me contó que en Mónaco los restaurantes no sirven atún. Y lo hacen por solidaridad, no por ninguna norma. Hacen falta más ejemplos como ése.  Y más liderazgos en estos asuntos.

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