tomás alcoverro, periodista y corresponsal en Oriente Próximo

"Las guerras se cuentan mal"

Tomás Alcoverro, corresponsal de la Vanguardia en Oriente Próximo. Tomás Alcoverro, corresponsal de la Vanguardia en Oriente Próximo.

Tomás Alcoverro, corresponsal de la Vanguardia en Oriente Próximo. / Julian Venegas

-¿Puede contar en un minuto a un occidental qué ha pasado y qué pasa en Siria?

-Quien crea que entiende Oriente Próximo es porque se lo han explicado mal. El asunto de Siria está lleno de confusiones, especulaciones y manipulación. Todo está por verificar. La guerra de Siria es un campo de batalla internacional y, por tanto, hay muchas implicaciones que se van haciendo distintas a medida que pasa el tiempo. Nadie sabe cuándo va a acabar.

-Hace poco entrevistó a Bashar al Asad. ¿Lo ve inamovible en sus posiciones?

-El Gobierno está aferrado al poder mientras las circunstancias internacionales cambian y algunos que pedían su cabeza ya no la piden tanto. ¿Por qué? Porque se ha creado una situación de realpolitik que hay que tener en cuenta. El Gobierno aumenta su consideración en el poder y las organizaciones rebeldes lo van perdiendo.

-¿Y entiende a Al Asad?

-Sí, sí. Se simplifica el conflicto diciendo que es una revolución contra una dictadura. Es más complicado. De la revolución me gusta lo que dijo un gran poeta sirio, Adonis, que siempre suena para el Nobel, al inicio de la rebelión: "Qué revolución se puede esperar de gente que se manifiesta contra el Gobierno cuando salen los viernes de las mezquitas". Esto se está desenfocando. Hay mucha gente con Al Asad, mucha. Y él está jugando con el tiempo. Enemigos que tenía antes ya no lo son tanto...

-Pero en seis años hay muchos muertos, mucha gente que sale del país...

-Ojo, salen muchos, pero más de las zonas rebeldes que de las controladas por el Gobierno. Y los que se van de estos sitios suelen ser jóvenes, que se marchan por miedo a entrar en el Ejército.

-¿Cómo ha cambiado la zona desde que la conoce, hace cerca de 50 años?

-Horrible. He vivido el hundimiento de un mundo. El subtítulo de mi libro ¿Por qué Damasco? es esa idea, Estampas de un mundo árabe que se desvanece. Por ahora es irremediable por varias razones: demográfica, fanatismo, pobreza, hundimiento de los gobiernos. La gente vive hoy mucho peor que hace 50 años.

-¿Cuál es el tópico más injusto sobre la región?

-Reducirlo todo a esquemas simples: terrorismo, Oriente contra Occidente...

-Con internet, ¿es rentable un corresponsal?

-Soy un pequeño dinosaurio de una raza que va camino de desaparecer. Esto está cambiando mucho y no sólo por cuestiones tecnológicas; seamos francos, por la falta de dinero.

-¿En qué tiene razón Putin al defender a Al Asad?

-La tiene toda. Las relaciones de la URSS-Rusia y Siria vienen de décadas. Antes del hundimiento, la URSS tenía un papel muy relevante en el mundo árabe. Era la Guerra Fría y estaba con los árabes y contra EEUU. Las relaciones con Siria son de hace 60 años y, no se olvide, Rusia está en la frontera y EEUU está muy lejos. Lo que ha hecho Putin sólo es reanudar e impulsar las buenas relaciones. Hoy hay en Siria unas 100.000 personas con doble nacionalidad o casadas con sirias; antes del conflicto, en la televisión siria había un programa en ruso de noticias.

-¿Cuánto tardarían las sociedades civiles de los países musulmanes...

-Perdón, ¿sociedades qué?

-...en emanciparse del poder religioso?

-Hoy es imposible. En este libro hay un texto de los ateos del islam y pude hacerlo porque tenía unos vecinos laicos, pero es un tema tabú.

-¿Cómo cambia el comportamiento de un ser humano cuando hay una guerra y cuando no la hay?

-No creo que todo en la guerra sea malo; para empezar, se cuentan mal. En Alepo vi que el 80% de la ciudad está intacta; es una parte la que está destruida, pero sólo se habla de la otra. La guerra produce que uno se conozca mejor a sí mismo. Me di cuenta en el Líbano, donde la viví durante casi 15 años, de que la gente se acerca más unos a otros, se ayudan más, quizás por el miedo. Hay elementos en la guerra que no son totalmente horribles, aunque no hay que olvidar la crueldad o los crímenes impunes.

-Dice un amigo que la gente es feliz cuando canta y silba. ¿Allí lo hacen?

-Y ríe. No en Siria, pero en el Líbano hay mucha vitalidad, quizás por tantas injusticias, muertes y calamidades. Las marchas nocturnas en Beirut son conocidas.

-¿Nos va a enterrar el polvorín de Oriente Próximo?

-Temo que cuando el Estado Islámico pierda sus últimas bases, Mosul y Raqa, la venganza en Occidente será muy grande, el arma del terror será tremenda. No hace falta ser un visionario.

-¿Hemos dejado olvidados a los palestinos?

-Totalmente. La guerra siria les conviene a todos, nadie quiere acabarla, no interesa. Y el tema palestino ha quedado postergado. En Israel estarán contentos, siempre decían que los primeros enemigos de los árabes eran sus dirigentes. También es culpa de los propios palestinos.

-¿Cuál de los personajes históricos que ha entrevistado le impactó más?

-Arafat. Conocía muy bien las cámaras, sabía cómo moverse, qué hacer...

-Es catalán y el Govern está haciendo rondas por el extranjero para dar a conocer el procés. ¿Ha contactado con usted Puigdemont para que le busque un hueco en Beirut?

-No, hace pocos días estuve en Beirut con el conseller de Asuntos Exteriores, Raúl Romeva, para un tema de ayudas a los refugiados aunque de Puigdemont no he recibido llamada.

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