Juan Echanove. Actor

"Ser un mito cuando has desaparecido es muy fácil"

  • Echanove, que se dio a conocer en 'La huella del crimen', tiene dos Goyas, uno por 'Divinas Palabras' y otro por 'Madregilda'.

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Una semana antes de la Feria, Juan Echanove (Madrid, 1961) vino a Sevilla a presentar la biografía de Rafael Moreno sobre el torero Juan Antonio Ruiz Espartaco. Una semana después, viene con María Galiana, su compañera de reparto en Cuéntame, con la que protagoniza la comedia romántica Conversaciones con mamá. Dos Goyas por Divinas Palabras, de José Luis García Sánchez, y Madregilda, de Paco Regueiro, trabajó con José Luis Castro y Antonio Andrés Lapeña en El cerdo. “En 1993 era el único huésped del Patio de la Cartuja”. Se dio a conocer en La huella del crimen.

 –¿Qué le llevó a escribir Cocina para novatos? 

–Mi pasión son los libros de cocina. Soy un peligro comprando en Amazon. 

–Su primera receta es el gazpacho. ¿Le tira el sur?

–Lo de Echanove tiene su explicación. El vasco es mi padre, aunque nació en Zamora porque mi abuelo paterno iba haciendo saltos de agua mientras mi abuela iba haciendo hijos. Mi madre es soriana y yo me considero un castellano de sierra adentro, de pocas palabras y silencios prolongados.

–Ha presentado la biografía de Espartaco. ¿El toro lo descubre en la dehesa?

–Lo descubro primero con mi abuelo materno, que era un gran aficionado. Después ya me adentro en la dimensión universal de la tauromaquia, el que llega y el que no llega, el que triunfa y el que fracasa, ese enfrentamiento entre un animal fiero y un hombre sabio.

–¿Ha hecho de torero en el cine?

–No. Si acaso me iría mejor el papel de picador. 

–¿Trató a Sara Montiel?

–He pasado muchas tardes en su casa, fui testigo de su sentido del humor y su retranca manchega, y también de lo bien que administraba el mito que era ella misma, porque ser un mito cuando has desaparecido es muy fácil.

–¿Puede presumir como Fraga de que no le falta provincia por conocer? 

–Pues sí, pero todos los sitios a los que he ido con la serie Un país para comérselo ya los conocía por el teatro. Tengo 52 años y debuté a los 18 en Alicante con El gran teatro del mundo. 

–¿Han cambiado la Alcarria de Cela y las Hurdes que vio Marañón? 

–La Alcarria sigue siendo esa tierra mágica de la piedra. Las Hurdes, afortunadamente, dejó de ser patrimonio de la pobreza, la enfermedad y la necesidad. He ido a Puerto Hurraco y ya no es el emblema del cainismo y el crimen, pero en este país nos agarramos a los estereotipos como a un clavo ardiendo, porque los tópicos nos facilitan mucho las cosas, aunque no sean ciertos. Uno de los tópicos más extendidos es que en Andalucía se come mal y sólo se hace fritura. No conocen Grazalema, Aracena o el arroz de la campiña de Sevilla.

–Le dieron el Goya por interpretar a Franco en Madregilda. ¿Ha coincidido con los otros Francos? 

–Juan Diego, que lo fue en Dragón Rapide, es íntimo amigo. Pepe Soriano (Espérame en el cielo) vive en Argentina. Los actores que encarnamos a Franco éramos abiertamente antifranquistas. Pero en ningún momento utilizamos el personaje para ajustar cuentas personas. Se trataba de hacerlo tuyo y hacerlo bien. 

–¿Se ha quedado huérfano sin Juan Luis Galiardo y Pepe Sancho?

–No me gusta compadecerme en esa orfandad, pero llevamos una mala racha. Raro es el día que no pienso alguna vez en Rafael Azcona y Juan Luis Galiardo.

–¿No se aburre de Imanol Arias y viceversa?

–Somos amigos hace muchos años. Soy padrino de su hijo y su ex mujer, Pastora Vega, es madrina del mío.

–¿Había tanta efervescencia política cuando usted recibió el Goya? 

–La efervescencia no está en los Goya, está en la calle. La gente sufre en la calle y hay quien prefiere mirar para otro lado. Les puede pasar como en el poema de Bertolt Brecht. Vinieron a por los comunistas, pero como yo no era comunista... Vinieron a por los homosexuales, pero como yo no era homosexual... A cualquier actor lo que le gustaría sería dedicarle el Goya a su madre, pero la cosa está muy complicada. En la puerta de un banco, en pleno centro de Madrid, en 2013, conté cincuenta personas durmiendo en cartones y en colchones. Y a esta gente nadie la saca adelante como a los bancos. 

–¿Cómo ve el final de esta película?

–Muy mal. La gente va a perder la confianza en las instituciones y se puede producir una fractura social. Mi hijo no va a volver a conocer el Estado de bienestar, va a sonar a quimera que hubo gente que disfrutaba de una jubilación o tenían la Seguridad Social. La inmensa mayoría paga sus impuestos, cumple en su trabajo, no roba y los que ahora deberían disfrutar de tanto sacrificio tienen que tirar de la locomotora de la sociedad, lo que me parece que es una injusticia lacerante. 

–O sea, que hay Cuéntame para rato...

–En septiembre empezamos la próxima temporada. No sé si llegaremos a contarlo, pero mi hijo, que tiene 15 años, se enteró por Cuéntame del golpe de Tejero. Cada vez le gusta más a la gente. Después de catorce temporadas, hay cuatro millones y pico de personas que todos los jueves lo ven.

–La única buena noticia que venía en la portada de un diario era usted anunciando un vino...

–Un vino bueno, El Coto, que lo puede pagar casi todo el mundo. Hay dos cosas de aspecto muy raro, el bacalao y la viña, que dan dos de las más grandes maravillas. Con el dinero de ese anuncio he podido coproducir la obra de teatro Conversaciones con mamá, en la que mi madre es María Galiana.

–La abuela de Cuéntame fue catedrática de instituto. ¿Le da lecciones?

–Todos los días. Es prudente, independiente, muy trabajadora y amante de las pequeñas cosas.

–¿Una pasión oculta?

–Las motos, pero me caí, me rompí una costilla y el neumotórax y estuve tres días en la UCI. Me gusta todo lo que pueda ser conducido, desde un camión a un patinete. He conducido hasta el Dumper de una obra.

–Como hijo de soriana, ¿es del Numancia como Javier Marías? 

–No. Soy del Atleti y soy de Javier Marías. Un genio increíble.

–¿Trabajó alguna vez con Bigas Luna?

–No, pero teníamos mucha relación por la gastronomía. A través de Óscar Aibar, uno de los directores de Cuéntame, me mandó un aceite arlequino de su cosecha.

–¿Cómo conoció a Espartaco?

–En el rodaje de Manolete, que como película no fue una buena tarde de toros, pero me permitió conocer a este genio, un torero de verdad, una verdad toreante.  

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