Marta Poveda. Actriz

"Soy una mujer con los pies en la cabeza"

  • Actualmente representa 'La Verdad Sospechosa' (Alarcón)) y en breve estrena 'Donde Hay Agravios No Hay Celos' (Zorrilla), ambas con la Compañía Nacional de Teatro Clásico que dirige Helena Pimenta.

-Una vez confesó que le gustaría entrevistar a Calderón. ¿Por qué?  

-Porque mató a una persona. Uno de los episodios que más me impactan de La Vida es Sueño es cuando el tipo tira a un noble por el balcón justo en el momento en que llega a palacio. Eso tiene que ver con un episodio real en el que el autor, una noche, mató a un ser humano. Me encantaría saber por qué. Le preguntaría un millón de cosas más: cómo puede conocer así el género femenino, jugar así con la ambigüedad en una mujer. Es muy especial que en el Barroco eso lo haga un hombre. Le otorga un valor a los personajes femeninos que no le daba Lope de Vega.

-Imagine que le llaman a la vez Wes Anderson y Woody Allen.

-Es una faena muy grande que me haga esa pregunta. Wes me gusta muchísimo. Me encantaría buscar la lógica en las rarezas de sus guiones. Crea universos singulares. Si tuviera dinero, quizás en España pudiera hacer lo mismo Cavestany (Gente en Sitios). 

-Le da el sí a Wes y entonces le quiere Eastwood.

-En tal caso, sintiéndolo mucho, le digo a Wes que ya hablamos después. Amo a Clint. Es un señor de casi 90 años que se está reconstruyendo y tiene la humildad de decir que no sabe nada, que sigue formándose e investigando.

-Con Sanchis Sinisterra ha trabajado recientemente en Últimos Golpes.

-Sanchis es un genio absoluto, una especie de científico del teatro, un tipo que se hipoteca hasta las cejas cuando podría vivir como un señor. Busca siempre el porqué del actor. Nos tiene como si estuviera rodando un documental de la National Geographic, como si filmase desde detrás de una piedra y nos tirase cosas para ver qué hacemos con ellas. Investiga las reacciones en base a la inteligencia actoral, intenta potenciarla en todo su esplendor, y a mí eso me gusta más que el trabajo emotivo o emocional.

-¿Hay demasiado efecto teatro entre los actores españoles cuando se pasan al cine?

-También hay actores que son exclusivamente de cine que a mí me parecen muy insípidos por esta moda de ser naturalete, de hablar bajito y casi sin vocalizar. Veo a actores, entre comillas, porque muchos son modelos o simplemente guapos, que ya con eso emocionan. Es verdad que yo, que estoy más trabajada en el teatro, encuentro a veces una energía más alta de la que necesita el cine, donde con un primer plano y moviendo una pestaña ya ofreces cosas. Creo que sobre todo se trata de cómo manejar la energía.

-¿Proliferan las caras bonitas en detrimento de la calidad interpretativa?

-Para mí sí. Veo muchas caras bonitas y mucho mal actor. Incluso gente que no es actor o actriz pero se llama así porque lo han contratado. En otras profesiones el intrusismo no está tan a mano.

-En Vicenta, una pieza de animación, dobló a uno de los personajes. La importancia de la voz.

-En este tipo de cine primero pones la voz y luego adaptan los movimientos y gestos del personaje a lo que tú has hecho. Ahí puedes desplegarte. Es otro universo, mucho más libre y muy mágico. Yo ponía la voz a una prostituta, pero como es plastilina, siempre tiene una pincelada infantiloide. Podría dedicarme a eso toda la vida.

-¿Perturba mucho cambiar de alma con cada personaje?

-Quizás esté grillada, pero creo que soy una mujer con los pies en la cabeza [sic]. Intento no meterme en el alma del personaje sino que el alma del personaje se meta en mí. Intento ser respetuosa con el personaje y dibujarlo en base a lo que yo veo. En el futuro, cuando consiga ser una muy buena actriz, me gustaría tener las herramientas suficientes para que Marta exista lo menos posible cuando interpreta. La fortuna que estoy teniendo es que mis personajes me hacen crecer mucho. Hay aspectos de la vida que no me he planteado hasta que los he conocido a través no sólo de mí sino de otros compañeros: el Don García de Rafa Castejón o el Basilio de Joaquín Notario, por ejemplo.

-¿Cuál es el reverso tenebroso de ser actriz?

-No me gusta el exceso de ego. Ni la endogamia. No me gusta esa sensación que con la crisis tenemos casi todos los trabajadores de estar obligatoriamente agradecidos todo el rato. No me gusta la jerarquía. Y no es un topicazo: hay cierto postureo en algunos ambientes.

-Otro de sus deseos-ficción: haber nacido en el universo Blade Runner.

-Adoro ese ambiente decadente. Me identifico un poco con los replicantes: me gustaría moverme como Daryl Hannah, aunque en realidad preferiría interpretar el personaje de Harrison Ford. Me atrae la idea de ser una especie de Llanera Solitaria en una ciudad futurista en la que en cualquier momento puedes morir o hacer el amor.

-Reflexión en auge: el nuevo cine está en las series.

-En España en principio no es así. Es cierto que no disponemos del presupuesto ni del número de espectadores de otros países. Mad Men, por mucho que inicialmente fuese para una minoría, de repente tiene 30 millones de seguidores. En España, al no existir tanto mercado, el riesgo que se asume es menor. Hay excepciones como Crematorio, la serie de Pepe Sancho. Sobre todo creo que se subestima mucho el criterio del público. Hay un público al que le gusta simplemente desconectarse y reír, pero ese mismo público puede recibir cosas más arriesgadas. La filosofía de las series anglosajonas es otra cosa: imagínese en España una producción como Shameless, cuyo protagonista es un tipo borracho perdido cuya hija se ocupa de todo y a cuyo hijo homosexual le pegan palizas en el colegio. Los Serrano [participó en un capítulo] es lo más lejos que llegamos aquí, y eso es cartón piedra. Al final es falta de confianza en esta sociedad.

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