lole montoya. Cantaora

"Soy una persona, lo de artista es por añadidura"

-¿Cuál fue su escuela del flamenco?

-Mi abuelo Joaquín emigró a Argelia. Allí nace mi madre, Antonia Rodríguez La Negra.

-¿Eso hacía que estuviera en Egipto como en su casa, en la patria de Om Khalsoum?

-Fui a Egipto para conocer esas músicas. Mis tías, todas gitanas, crecieron en Argelia con la música de los franceses, de los moritos, pero nosotros no somos árabes, no somos moros, somos gitanos. Y yo nací en la calle San Juan, que ahora se llama Evangelista.

-¿Se forma en su familia?

-Mi madre se vino muy jovencita, con 16 ó 17 años, se enamoró de mi padre, que eran primos, y ya no volvió a Argelia. Ellos actuaron en Macama Honda, hicieron Cumbre Flamenca con Paco Sánchez.

-¿Actuó con Paco de Lucía?

-Muchas veces. En Marbella, en Mont-de-Marsan.

-Antes, los artistas eran los que iban en la cabeza de las reivindicaciones...

-Ya no es así. Era así. Seguimos en la memoria del público, que sólo sabe lo que sale en la televisión y dicen los periódicos.

-¿Qué recuerda del colegio?

-Lo mucho que me gustaba la Historia y lo pronto que lo dejé para trabajar. Con 16 años ya me llevaban mis padres a bailar. Empecé a trabajar en Madrid con Camarón, con la Perla de Cádiz. En un tablao cerca de la Gran Vía que tenía unos azulejos árabes.

-Camarón y usted eran dos chiquillos...

-Camarón siempre era más grande que yo. No sé si de años, pero ya estaba muy crecidito.

-¿Su primera actuación?

-En la Ronda de Capuchinos de Sevilla. Un local que se llamaba La Trocha que ahora es un bingo.

-¿La fama es una amiga o una extraña señora?

-Yo siempre he estado habituada a cantar y bailar en público. Igual que le pasa a mi hija Alba. Hemos nacido con eso. Yo defiendo mi identidad no como artista, sino como persona. Lo de artista es por añadidura.

-Lole y Manuel revolucionaron Madrid...

-Madrid no, España entera. En todos los lugares del norte. Nos trataban muy bien, nos contrataban y se comía muy bien.

-¿Con Manuela, de García Pelayo y Pancho Bautista, dan el salto al cine?

-Sale nuestra voz, pero no actuamos. Nunca lo hicimos. Igual que en Kill Bill de Tarantino. Tan extravagante como su director.

-¿Ha ido a la Feria?

-No, primero porque no bebo. Antes el ambiente era mucho más sencillo. Llegábamos familias de Umbrete, de Triana y del Tardón. Te tomabas una copita, los niños cantaban y bailaban. Te ibas a descansar y cuando volvías por la noche te encontrabas a Fernanda y Bernarda de Utrera, a Caracol, a Rancapino. Y los dueños de las casetas estaban encantados. ¡Ahora viene gente de todos sitios, por favor! Es como Madrid. Vas allí y no ves a ningún madrileño, sólo extranjeros. Antes llegabas en coche o en taxi, bajabas la ventanilla y decías: esto es Madrid. Ahora se ha convertido en una ciudad muy impersonal. Es de todo el mundo y no es de nadie. Los tiempos pasados son tiempos de oro, eran de oro. Tenían buenos quilates.

-Creció en el Tardón, el barrio de Susana Díaz. ¿Conoce a la presidenta?

-Conozco mejor a Zoido, el alcalde de Sevilla. Lo conocí cantando en la calle San Jacinto. Durante tres años, el Ayuntamiento nos denegó el permiso para cantar en la calle. Hablé con las tiendecitas, el ambiente estaba muy triste por el manto de la crisis. Llamé a los guitarristas y desapareció ese manto. Y así conocí al alcalde.

-Estuvieron en una campaña con Felipe...

-En el Prado. No nos llamaron más.

-¿Ha cambiado el comportamiento del público?

-Hubo una época en la que todo el mundo era torero, todos sabían cantar y tocar las palmas. Hoy existe una cosa que se llama flamenquito. Vas a cantar y todo el mundo con el móvil, haciendo fotos, no ven la actuación, no ven al artista; las suben a un sitio para que las vean los demás. Que las hagan en la playa tumbados en una toalla comiéndose una sandía.

-¿Por qué antes se era más feliz con menos?

-Eso está dentro del ser humano. Existen más mundos que el mundo físico. No lo vemos porque nuestros ojos no están abiertos. Nos quedaríamos asombrados. Somos cuerpo, espíritu y alma. Tenemos miedo, mucho miedo. Si me muero, que me entierren, y estoy pensando en la gran pérdida de mi amigo Paco. Tenemos la obsesión de ganar. Si haces las cosas de corazón, no necesitas nada a cambio. Eso es ganar.

-Si volviera a las clases de Historia, ¿a qué personaje le gustaría conocer?

-Al personaje histórico que me gustaría conocer ya lo conozco. La gente lo sabe. Es muy real. Si no fuera real, apaga y vámonos. Él es mi canción y mi fuerza.

-¿Por qué ese personaje entra mejor por el blues, el gospel el rock (Jesucristo Superstar) que por el flamenco?

-Es que nosotros adoramos a dioses ajenos. Los mejores cantantes han pasado por el gospel.

-¿Por qué Lole?

-Por mi abuela Dolores. No la de Argelia, sino la malagueña, madre de mi padre.

-¿Qué prepara?

-Ya tengo tres canciones de un nuevo disco. Historia de Amor, de Frank Sinatra, No me vayas a engañar, homenaje a Machín, con quien actué en una Feria de pueblo, y una tercera con la que estamos trabajando.

-Lole, ¿y Manuel?

-Lo veo, pero yo no vendo mi vida. Hemos ayudado a mi hija en su último vídeo.

-¿Ha cantado sevillanas?

-No me gusta. Me gusta oírlas, no a todo el mundo. Y las he bailado. Las aprendí en la academia de Enrique el Cojo.

-El mismo maestro que la duquesa de Alba.

-Sí, también aprendió allí.

-¿Actuó con el grupo Triana?

-Muchas veces. Éramos tan jóvenes, era una época muy creativa. Había gracia, nos reíamos mucho. El pasado no es una losa.

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