"El premio Ondas no me va a volver carajote"

-No me diga más, escuchó La guerra de los mundos, de Orson Welles.

-Jurásico no soy. A mí no me cogió el esplendor del radio teatro. A lo más que me remonto es a La saga de los Porretas. Me influyó más un radio teatro que se hizo en el Falla de Cádiz, a inicios de los 90, sobre el maremoto de Cádiz de 1755 con las voces que había escuchado desde chico.

-¿Y las radionovelas?

-Recuerdo el corredor en penumbra a la hora de la radionovela de mi madre, la hora de no hacer ruido. Esos sonidos se mezclan con olores de la infancia, el aroma del pan tostado...

-¿Cómo surgió su radio teatro sobre la Constitución de Cádiz que le ha supuesto un Ondas?

-Un chispazo. Hoy son accesibles los periódicos que se editaban en el Cádiz sitiado de 1812 y descubrí los libros de padrones que hablan de gente sobre la que te dan pinceladas que te hacen imaginar. Durante el Doce, en esos padrones ponía fulanito de tal que está en tal batallón de las milicias urbanas. Pensé que se podía contar la historia como un magacín de radio, que ahí había un guión.

-Figurar cómo sería la radio antes de inventarse.

-Claro. Contar un hecho real aceptando algunas licencias. La primera es que la radio no existía. A partir de ahí, y tomando anuncios de la época, se pueden meter cuñas comerciales, e incluso cantes. Se está produciendo en Cádiz, Jerez o Triana, la génesis del flamenco y las seguiriyas son una auténtica crónica de aquella actualidad.

-Incluso conectan con redacciones de periódicos.

-Es lo que se hace en la radio. Obviamos, naturalmente, que ni las redacciones de los periódicos eran lo que son ahora o que los periódicos de principios del XIX no tenían titulares.

-¿Es verdad que le dieron un Ondas de plástico?

-El de la gala es de atrezzo, pero el de verdad no.

-Pregunta sosa: ¿qué sintió al ganar el Oscar de la radio?

-No lo he ganado yo, lo han ganado las 32 personas que han participado en el proyecto, y la Asociación de la Prensa de Cádiz y el Consorcio del Bicentenario que creyeron en mi guión.

-Ya, pero el Ondas se lo queda usted.

-Claro, sólo hay uno, pero habrá réplicas para todos.

-¿Ya tiene sitio en su casa?

-En un mueble muy bonito, el mueble bar. Como es un caballo alado, mirando al sureste para que le dé el viento de dirección suroeste. Todo está pensado.

-La entrega de premios sería una feria de las vanidades...

-Sí y no. Hay grandes estrellas de la televisión, como Ana Rosa Quintana, y te los figuras muy atildados, pero ella se lo pasó bomba riéndose con las paridas de la delegación gaditana.

-¿Cómo ve la profesión?

-¿El periodismo? No soy periodista.

-La comunicación, digo.

-No sé si somos conscientes de la revolución que vamos a vivir. Ahora cualquiera tiene la herramienta para comunicar, cualquiera puede tener un blog, pero, pese a ello, en la profesión sigo viendo un exceso de egos, codazos por estar en la primera línea. El uniforme del oficio podría ser un jersey con coderas.

-Vaya, hoy llevo coderas.

-Uy, perdón, no me había dado cuenta.

-A la radio no le va mal.

-La radio goza de buena salud, pero me preocupan las cosas que se escuchan sobre la razón de ser de los medios de comunicación públicos. Entiendo el debate, pero me preocupa.

-Hablábamos de vanidad y los premios los carga el diablo. ¿Vértigo?

-Ja, ja. No, en absoluto. Yo no cambio por nada lo cotidiano, el suelo de serrín, la charla... He visto a demasiada gente normal transformarse al alcanzar relevancia. El premio lo entiendo como un reconocimiento a un trabajo colectivo bien hecho. No, a mí el Ondas no me va a volver carajote. Hay que acudir al trabajo cada día y no están los tiempos para despistarse.

-Además, ya conoce el éxito. Fue productor de uno de los grandes pelotazos de Canal Sur, El pelotazo.

-Con el Yuyu y con el Selu de coguionistas. Fue un producto de laboratorio de Manuel Casal, el mismo que puso en marcha Canal Fiesta. Humor y fútbol casaron muy bien.

-Todo el día hartándose de reír.

-No se vaya a creer. Se suda. A veces, llegas a la radio a las cinco de la tarde, son las once menos cuarto y te das cuenta de que no tienes nada. Un guión diario de humor no es como pintar una pared.

-Rompió audímetros.

-No era por los audímetros. Te das cuenta de que la cosa funciona con el espejo de la calle, cuando te paran y te dicen "ayer qué pechá de reír me pegué" o cuando te critican y te dicen "ese chiste del otro día está ya un poco visto".

-Cuénteme una batallita.

-A ver... Cada personaje tenía un latiguillo. Kiko, por ejemplo, tenía el de maricona porque se lo había soltado a un árbitro. Llamaron los sindicatos para decir que eso había que quitarlo, que era homófobo. Un ejemplo del imperio de lo políticamente correcto.

-Abanderando gaditanismo, usted tuvo agrupación de carnaval.

-Hace mucho, en los tiempos de la Transición. Los tontos de capirote nos llamábamos. Era muy anticlerical. Hablábamos de los curas, los penitentes... Montamos una buena. Algunos salieron escoltados en el furgón de la policía.

-Qué carnaval el de la Transición.

-Humor y denuncia, lo que debe ser el carnaval.

-Venga, pues suélteme una copla.

-A finales del siglo XIX, a los pobres los enterraban con un cartel que ponía por caridad. En 1893 se compuso un tango que decía: "Caridad que se divulga ofende al que la recibe. ¡Que se borre ese letrero puesto allí por vanidad, que no es honroso ni humano ni digno de esta ciudad!". Y nunca más enterraron a nadie con ese letrero.

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