Entrevistas

"Hay productos para comer bueno, bonito y barato"

-¿Se considera fundador de la cocina para impostores?

-Así considerada, sí; aunque la cocina para impostores ya existía. Desde la abuela de Litoral, que es mi ídolo, a muchas amas de casa, que son tramposas. Digamos que yo le he dado forma.

-¿Qué caracteriza a la cocina impostora?

-Frente a la cocina pomposa de mercado, ésta es cocina de supermercado. Si los ingredientes no están en el súper, no es cocina impostora. Si no se cocina rápido, si no lo puede hacer cualquiera, no lo es.

-Ahora ha publicado Grandes éxitos de la cocina para impostores.

-Después de mis cuatro primeros libros venía bien hacer este trabajo. Se trataba de recopilar las mejores recetas entre más de 300. Aquí están las 100 que han tenido más éxito.

-¿Cuál es su mayor éxito entre los grandes éxitos?

-Es muy complicado decirlo, hay muchas… No es por echarme flores.

-Alguna le gustará más.

-Una podría ser los Berberechos Sarkozy. Le tengo cariño, porque gracias a esa receta conseguí el trabajo en la radio. Me llamaron de la Ser… Otra podría ser la Tarta Thurman, un homenaje a la actriz Uma Thurman, mi musa. Los postres son lo más visitado en mi web www.falsariuschef.com.

-¿Se puede comer bueno, bonito, barato y de lata?

-La cocina impostora no es sólo de latas. Pero sí se puede comer bueno, bonito y barato, porque en las grandes superficies hay buenos productos a unos precios estupendos.

-Dice que para comer bien no hace falta saber cocinar.

-Efectivamente. El público básico está formado por personas que no saben cocinar. Gente que se siente torpe, pero piensan "esto lo sé hacer hasta yo". Y así se van animando, y al final cocinan de todo, se hacen cocinillas. También me siguen muchas amas de casa que cocinaban bien y ya no necesitan hacer guisos de tres horas.

-Aconseja el engaño como base de la cocina.

-La mitad del placer de la cocina impostora es que cuele. Tener invitados en casa y que se vayan pensando que es alta cocina. La trampilla es reconfortante.

-¿Qué cocinero engaña mejor en España?

-En España hay algunos cocineros buenísimos, que son un lujo. Añado que a su rebufo hay un montón de caraduras para tomarnos el pelo. Nos ponen raciones pequeñas, nos dejan con hambre... Son impostores, desde luego, pero jetas.

-Dicen por ahí que estuvo en El Bulli. ¿Aprendió mucho con Ferran Adrià?

-¿Quién no aprende con él? Es un revolucionario… Yo no hablo de mi pasado. Dicen que me echaron por robar unos cubiertos de plata deconstruidos, pero son maldades que se propagan en internet.

-También tiene una leyenda negra con Arzak.

-Son cotilleos... Dicen que me echó porque me comía el jamón de las croquetas. Tengo muy buena opinión de Juan María Arzak.

-¿Le admira?

-Me gusta mucho Arzak. Coincidimos en un programa de radio. Con él delante, presenté las Costillas gordo feliz y elogió la receta. Es encantador, es una de las personas que realmente admiro. Tiene una trayectoria impresionante, mejor que otros que van en cohetes.

-¿Nuestras abuelas cocinaban mejor?

-Nuestras abuelas cocinaban con mucho tiempo y con mucho amor por la cocina y por nosotros. Hoy no tenemos ni tiempo ni ganas y se buscan otras fórmulas. A la gente joven de internet no le pidas que se estén tres horas con un guisote. Pero la cocina de las abuelas era estupenda. Cocinaban con poquitos ingredientes y aprovechaban todo.

-La cocina popular, decían.

-Se hacía virtud de la necesidad. Por ejemplo, las migas, que se acompañaban sólo de uvas. La cocina popular es fantástica.

-¿Por qué no le gusta el nitrógeno líquido?

-No lo venden en el súper de la esquina, no me sirve… Las cosas con humos raros se pusieron de moda. Y parecía que sin nitrógeno líquido no podías cocinar.

-¿Cuál sería para usted el gran plato de España?

-Sin ninguna duda, los de cuchara. Pongamos una fabada, una escudella o un cocido madrileño. Me parecen cumbres de la gastronomía. Es una pena que ya se hagan menos.

-En sus recetas utiliza muchos guisos de latas.

-Son recetas de guisotes impostores, con las que se dan toques a productos enlatados. Hay que recuperar platos de cuchara. Tenemos suerte de poder utilizar esos productos envasados.

-¿Cuáles son sus restaurantes preferidos?

-Posiblemente los de buenos guisotes de cuchara. Me fascinan los que hacen buenas fabadas, o buenos cocidos madrileños. Claro, que al jamón ibérico o a los percebes no le hago ascos.

-¿El impostor se apunta al jamón y el marisco?

-Por supuesto. Somos impostores, pero no gilipollas.

-Elija los mejores restaurantes, no se escape.

-No me gustaría decir nombres conocidos. Me valen cuatro buenas casas de comidas de toda la vida. Ir a El Bulli era como cuando vas a Disneylandia, al menos se debe ir una vez en la vida.

-Véase como náufrago en una isla desierta sin supermercados. ¿Qué comería?

-Lo que hubiera. Me costaría adaptarme, pero sobreviviría. Buscaría productos para darle imposturas.

-Una receta para el verano.

-Estoy orgulloso de una de las últimas que hice para mi web: unos garbanzos con chorizo en ensalada, que llevan rúcula. Suena pijo, pero se encuentra en el supermercado. También lleva tomates en gajos. Sale con un color estupendo. Es una forma de comer garbanzos con chorizo en verano.

-¿No se atreve a abrir un restaurante impostor?

-No. Un restaurante da un trabajo que es de lo más costoso; es de las cosas más esclavas. Por eso decía que admiro esas casas honestas a las que hizo mucho daño la nueva cocina. Esos mesones, esas ventas…

-Entonces no aspira a tener tres estrellas Michelin.

-Con tres tenedores de plástico ya me vale.

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