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"La verdadera desaparición es el olvido"

"La verdadera desaparición es el olvido" "La verdadera desaparición es el olvido"

"La verdadera desaparición es el olvido" / RAFAEL BELTRÁN DE TORRES

-ha cubierto durante décadas la información de episodios truculentos. ¿Cree que existe el mal en la condición humana?

-No los llamaría truculentos, sino dramáticos, dolorosos. Hay una parte de la sociedad que causa daño a otra, pero principalmente el ser humano es bondadoso. No hay que mirar con temor al ser humano. Mayoritariamente hay buena gente.

Coincido con Kapuczinski en que los desaparecidos y los refugiados justifican la militancia periodística"

-Un amigo usa recurrentemente la expresión "la esperanza es infinita". ¿El ser humano no claudica nunca ante las evidencias?

-De hecho, hay una máxima que he constatado con las familias de los desaparecidos: mientras no hay evidencias de muerte, hay esperanzas de vida. Lo que sostiene a muchas familias es la expectativa, la esperanza.

-¿Qué historia no se le va de la cabeza?

-En el libro (Te buscaré mientras viva, Aguilar) hay 14 que espero que no olvide la gente porque la verdadera desaparición es el olvido.

-Su programa Desaparecidos ha durado poco, ¿tiene sentido una televisión pública si no apuesta por programas de servicio público?

-Tiene poco sentido si no conecta con las necesidades reales y en este caso existía por encima del compromiso contractual, que se ha cumplido. Hay demanda por un hecho objetivo: hay 6.053 casos sin resolver y cada día se presentan 50 o 60 denuncias de desaparición.

-¿Quién sabe dónde lo encasilló?

-Descubrí un universo ignoto, conocí una causa a la que me he vinculado de una forma imperecedera. Coincido con Kapuczinski en que los desaparecidos y los refugiados justifican que los periodistas seamos también militantes, que abracemos una causa. Y ésta es la mía.

-Las periodistas de TVE han lanzado la campaña #AsiseManipulaTVE.¿Dónde ha vivido más manipulación allí o en Canal Sur?

-Quizás, por mi trayectoria o por adquirir una determinada posición, no me he visto sometido a manipulación, sí a presiones muy fuertes determinadas por las cuotas de pantalla. Pero hay que saber resistirlas.

-El ministro Zoido presentó el Centro Nacional de Desaparecidos. ¿Hay voluntad política para impulsar en este centro?

-Hubo voluntad al ponerlo en marcha, pero debe renovarse y reforzarse. No basta con abrir un departamento, hay que dotarlo de contenido y de presupuesto.

-¿Qué país es referente en este tipo de proyectos?

-EEUU gracias al National Center for Missing and Exploited Children, que se dedica a los niños víctimas de desapariciones o de explotación sexual, pero también de todas las casuísticas de desapariciones. Bélgica tiene desde hace 20 años una unidad especializada e n desapariciones.

-¿Hemos aprendido los medios de la cobertura por el niño Gabriel Cruz?

-Tenemos que hacer una lectura en profundidad y obtener conclusiones que eviten la saturación y la transgresión. No por informar más se informa mejor. Y hay líneas que hay que respetar porque si se interfiere en la investigación, se pone en riesgo la vida del desaparecido y se daña a la familia. Las dos leyes de oro son no añadir dolor y no interferir en la investigación.

-Gabriel Cruz, la Manada... ¿Es peligroso que los políticos se dejen llevar por la calle para legislar?

-Sí, el proceso por el que la sociedad se dota de normas, de leyes, tiene que ser sereno y de largo recorrido, no hacerse a impulsos.

-Recuerdan el caso de las niñas de Alcácer como el inicio del amarillismo televisivo, pero ahí está El gran carnaval de Billy Wilder que se rodó hace casi 70 años.

-Hay otros precedentes, no sólo en la televisión. El sensacionalismo es un atajo en el ejercicio periodístico, sobre todo en hechos altamente sensibles. El caso de Miriam, Toñi y Desirée desencadenó alarma social y tuvo mucha cobertura en la televisión, que en los 90 era el gran medio.

-¿Programas frívolos como Sálvame le han ganado la partida a los comprometidos?

-No, pero sí algunas jugadas. La oferta puede tener esas propuestas, pero debemos intentar otras jugadas para ganar la partida.

-Fue un estudiante muy reivindicativo. Con su talante no le pega nada parecerse a Pablo Iglesias.

-Fui muy reivindicativo. Seguramente en los 70 era más radical que Pablo Iglesias, pero las dictaduras no se disuelven diciendo: "Váyase, señor dictador". Hay que mojarse y te puede ocurrir como a mí: me detienen, me encarcelan, me condenan y me exilié en Ginebra para ser un militante por la democracia.

-Hablando de Suiza, ¿alguien lo ha llamado para localizar a Anna Gabriel?

-No, no, pero no lo descartaría. Ya ocurrió en Quién sabe dónde con Luis Roldán, cuando el estadio del Atlético de Madrid cantó a coro: "Lobatón, busca a Roldán".

-Un veterano le dijo a un joven aprendiz del periódico que no era serio firmar Paco en lugar de Francisco. ¿Resta credibilidad?

-En absoluto. Si tuviera que firmar con mi nombre completo... Es Francisco de Asís Nicolás Andrés Ambrosio de la Santísima Trinidad.

-Mucha gente no lo ve contando chistes...

-No tengo una gran retentiva, aunque a veces recupero mi memoria de historias verídicas, como decía Paco Gandía. Pero es verdad que el otro día María del Monte en Canal Sur me dijo en tono simpático "esto es como hacer reír a Lobatón"... Mi rol y mi personaje tienen cierta gravedad.

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