Andrés Olivares , Fundación Andrés Olivares de ayuda a niños enfermos de cáncer

"La vida se vive desde el amor o desde el temor, uno decide"

"La vida se vive desde el amor o desde el temor, uno decide" "La vida se vive desde el amor o desde el temor, uno decide"

"La vida se vive desde el amor o desde el temor, uno decide" / javier albiñana

-¿Cómo se puede afrontar el cáncer cuando toca a un niño?

-Un hijo es un regalo para crecer en conciencia y ser mejores personas, pero no es un ser de nuestra propiedad. Por tanto, no se puede perder lo que no nos pertenece. A lo largo de la enfermedad vamos trabajando esa parte de la emoción de las familias e intentamos hacerles entender el proceso de su hijo desde el para qué y no desde el por qué. Y en esa pregunta se hallarán las respuestas. Mi hijo, por ejemplo, vino para que yo me despertara y encauzara mi realidad. La vida se vive desde el amor o desde el temor, son los dos pilares, y uno decide.

Las familias relacionan de forma inmediata cáncer con muerte, y eso es un impacto emocional brutal"

--¿Qué le proporciona la Fundación Andrés Olivares a las familias?

-Sobre todo amor, que es la esencia de todo.

-¿Cómo llegan estas familias?

-Llegan hechas papilla, la verdad. En las primeras visitas a Urgencias por los cientos de síntomas que se pueden dar, lo último que se piensa es en una enfermedad oncológica. Cuando los ingresan en la cuarta planta se les viene el mundo encima, porque relacionan inmediatamente cáncer con muerte, y aceptar en décimas de segundo esto es un impacto emocional brutal, el mayor leñazo que te pueden dar.

-Es ahí donde empieza su trabajo...

-Sí, cuando llegan a Oncología hacemos una visita de cortesía para que sepan que estamos ahí, pero hay que dejarles su espacio. Tienen que reubicarse, empezar a asimilar la multitud de noticias que llegan, los consejos de familias y amigos, las recomendaciones de internet. Lo primero que pedimos es que no se metan ahí, porque es mucha información en muy poco tiempo y en un estado de shock importantísimo, y no pueden asimilarla. Cuando se asientan vamos entrando poco a poco.

-¿Cuesta acercarse a ellos en esos momentos?

-A mí me es fácil porque yo pasé lo mismo. En muchos casos, son más ellos los que me buscan a mí.

-¿El apego a la vida nos impide vivirla realmente?

-El apego a la vida nos impide vivir la muerte, que no es más que la vida. Por eso, la mayoría de la gente vive muerta o muere en vida. Estamos demasiado preocupados por el tener porque pensamos que somos lo que tenemos y no es cierto. Nos da miedo perder lo que consideramos que nos define.

-¿Tendríamos una existencia más plena de la vida con otro concepto de la muerte?

-Sin lugar a dudas. Si tú eres un alma, si tu parte física es el disfraz que te permite desenvolverte en este espacio, si no somos una parte humana para vivir una experiencia espiritual, sino un espíritu para vivir una experiencia humana, si le damos la vuelta al concepto no tendríamos tanto miedo. En la vida hay que ser travieso, hay que disfrutar, lo que pasa es que la gente no sabe disfrutar. Vivimos hacia delante y hacia atrás y el ahora nos lo perdemos.

-¿Cuesta salir de nuestro estado de confort?

-Sí. Preferimos estar mal toda la vida que dar el paso y saltar al vacío, estamos asustados con el qué dirán, con las consecuencias, con el qué haré o harán los otros.

-¿Cómo se afronta la pérdida en las familias desde la fundación?

-Bueno, todo esto tiene sus fases, pero es verdad que las familias cada vez más entienden la marcha de sus hijos de una manera muy diferente a la mayoría de los seres humanos. El cáncer es una enfermedad larga y hemos tenido mucho tiempo para poderlos acompañar e ir preparando para una cosa u otra. Acompañamos en el proceso, sea cual sea el resultado, porque es una enfermedad con unos altibajos tremendos.

-¿Tener a alguien que ha pasado por lo mismo es un apoyo fundamental?

-Ellos necesitan cualquier apoyo, están muy desamparados emocionalmente. Médicamente, tenemos un equipazo, pero esa parte de dudas, de necesidad de llorar, de desahogarse... tiene que atenderse también. No se pueden acumular emociones unas detrás de otras en una planta de Oncología que son días y días de agarrarse a clavos ardiendo o recibir malas noticias. Si todo te lo guardas explota por algún lado; normalmente, por una enfermedad.

-¿Qué supuso el caso de Pablo Ráez?

-Siento que fue un ser elegido para transmitir un mensaje, pero como lo son todos estos niños. Pablo fue elegido para mandar un mensaje importantísimo, que es el trasplante de médula. La gente no tenía ni idea de lo que es la médula ósea ni lo que es un trasplante y hacía falta que apareciese una figura que apoyara esto. Me pareció brutal. Lo que ocurre es, como le pasó a mi hijo, que su físico no aguantó, tenían que haber durado hasta la eternidad. Pablo ha dejado muchas huellas.

-¿Qué proyectos tiene?

-Estoy montando un blog personal porque creo que ha llegado el momento de despertar conciencias y, aunque sé que no soy nadie, sí creo que estoy aquí para ayudar a todo aquel que lo necesite.

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