Absuelto por 'falta de pruebas' un etarra implicado en el asesinato del juez Lidón

  • La Audiencia Nacional deja en libertad a Urtzi Murueta al rectificar su declaración inculpatoria otro miembro de la banda terrorista alegando que fue torturado · El fiscal pedía 30 años de prisión

La única prueba que implicaba a Urtzi Murueta Gondra en el asesinato del juez de la Audiencia Provincial de Vizcaya José María Lidón era el testimonio de otro etarra, Orkaitz Gallastegui Sodupe, que no ratificó su declaración en el juicio, algo que no es "suficiente" para condenarlo. Así es como la Audiencia Nacional justifica la absolución por falta de pruebas de Murueta, que abandonó el martes la prisión de Fontcalent (Alicante) después de que Sección Tercera de la Sala de lo Penal le comunicara su absolución.

En la sentencia, que se hizo pública ayer, la Sección Tercera de la Sala de lo Penal considera probado que "un miembro de ETA se encargó de llevar a Orkatz Gallastegui hasta las proximidades de domicilio del magistrado y de indicarle él mismo quién era la persona sobre la que debía hacer la vigilancia", aunque no puede acreditar que ese integrante de la banda fuera el acusado.

Según la Sala, en la que ha actuado como ponente el magistrado Guillermo Ruiz-Polanco, la declaración autoinculpatoria de Gallastegui es "suficiente" para justificar su condena pero no la de Murueta, ya que no existen en la causa "hechos de alguna objetividad mínimamente acreditados que vengan a respaldar la verosimilitud, sin sombra de duda, de la inculpación".

La Fiscalía pedía para Murueta 30 años de cárcel como colaborador necesario y el pago de una indemnización de un millón de euros para los herederos del fallecido. Durante el juicio, el Ministerio Público afirmó que Orkaitz Gallastegui, condenado a 26 años de cárcel por estos hechos, reconoció ante la Policía y el juez haber elaborado la información sobre el magistrado por orden de Murueta, quien le acompañó en la primera vigilancia que realizaron. Pero, como suele ser habitual en estos casos, durante el juicio Gallastegui se negó a inculpar a Murueta alegando que las declaraciones que realizó ante la Policía y el juez las hizo bajo torturas, intentando así dejar en entredicho la principal prueba de la acusación. El abogado defensor de Murueta solicitó su libre absolución amparándose en que "no pueden ser valoradas las declaraciones pre-sumariales".

En el juicio también declararon varios mandos de la Policía y de la Ertzaintza, que corroboraron la versión ofrecida por la Fiscalía. Además, uno de los peritos policiales certificó la pertenencia a ETA del acusado a través de una carta incautada a la banda terrorista por la policía francesa. En esta misiva, un miembro recién ingresado en la organización comunicaba a sus superiores que Murueta ya le había "encargado información de matrículas de varios coches de Policía".

En la vista también declararon ayer la viuda del juez Lidón y su hijo. La viuda, María Luisa Galarraga, relató el momento en el que dos etarras entraron en el garaje de su casa y tirotearon al magistrado en su presencia y la de su hijo. "Me quedé atónita, no supe reaccionar", declaró la mujer cuando recordó que en la mañana del 7 de noviembre de 2001 un hombre entró por sorpresa en el garaje de la familia y comenzó a disparar. "Después, un segundo terrorista salió de detrás de una columna y también comenzó a disparar", explicó. "Mi hijo empezó a gritar y se abrazó a mi", prosiguió María Luisa Galarraga, quien añadió que, tras el tiroteo y con el cuerpo de su marido tendido en el suelo, "el segundo terrorista comenzó a correr, parecía desconcertado". "Al saltar la valla para huir se giró y nos miró como asombrado", concluyó.

Murueta fue detenido en la localidad francesa de Limoges en noviembre de 2002, donde tuvo que ser hospitalizado después de que le explotara un artefacto que estaba manipulando. En el hospital, al que llegó armado con una pistola, fue sometido a una operación en una mano y una pierna.

En aquellos momentos, el etarra estaba en libertad bajo fianza tras ser procesado como autor de varios actos de kale borroka. La Justicia francesa le condenó en 2004 a seis años por asociación de malhechores y en septiembre del año pasado fue entregado a España para que fuera juzgado por su participación en el asesinato del juez Lidón.

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