Alegato monárquico para empezar

Lo del diputado del PP por Sevilla Juan Manuel Albendea es, por lo menos, para un marquesado. Si en 2008, con la Monarquía en lo más alto de las encuestas del CIS, se atrevió a lanzar un alegato a favor del Rey Juan Carlos y los suyos, ahora, con la cosa de palacio en horas bajas gracias a un Urdangarín cortito de ejemplaridad, se tiró al barro con la valentía de los leales de corazón para destacar el "papel moderador" del jefe del Estado español y su gran contribución a la democracia española.

El egabrense, sevillano de adopción, tomó la palabra como presidente de la Mesa de Edad, conformada con el diputado de más años y los dos más jóvenes para dirigir la sesión constitutiva de la Cámara Baja. Aunque de entrada se acordó de los diputados no elegidos o fallecidos, Albendea centró su intervención en destacar el reinado de don Juan Carlos I como el "más fructífero de nuestra historia". "Gracias al papel moderado que le otorga la Constitución, podemos celebrar con normalidad la sesión constitutiva de la undécima legislatura de la democracia, si contamos la constituyente", agregó.

Hubiera continuado con su alegato monárquico -aplaudido con poco entusiasmo, dicho sea de paso-, si el diputado de IU por Málaga Alberto Garzón y la diputada por Valencia Belén Hoyo -los dos parlamentarios más jóvenes que le acompañaron- no hubieran comenzado a leer los nombres de los 350 diputados elegidos en los comicios del 20-N para proceder, después, a la votación de los miembros de la Mesa del Congreso. Por cierto, atentos a Garzón; es un político joven y de largo recorrido, rara avis dentro del actual rojerío. Quizás sea el germen del 15-M.

De las votaciones sucesivas, soporíferas e interminables, salió como presidente del Congreso Jesús Posada, un santo varón a quien por su moderación llegarán a insultar en lo que le resta, que es todo. La popular malagueña Celia Villalobos salió de vicepresidenta primera; el socialista onubense Javier Barrero, será vicepresidente segundo. Los escalones tercero y cuarto fueron para la popular Dolors Montserrat y para Jordi Jané, de CiU. Las secretarias de la Mesa se las repartieron populares y socialistas: Ignacio Gil Lázaro, Santiago Cervera, Carmela Silva y Teresa Cunillera.

En estas votaciones de la elección de la Mesa del Congreso, el diputado de IU Gaspar Llamazares interrumpió la sesión constitutiva para protestar a viva voz por la exclusión de su grupo, la tercera fuerza política en número de votos. Apoyó su reclamación en el artículo 72.2 del Reglamento de la Cámara Baja, pero Albendea, presidente de edad, apenas le prestó atención y zanjó la cuestión sin más explicaciones. Curiosamente, Llamazares, uno de los mejores diputados de la pasada legislaturas, apenas si contará para su propio grupo, que le ha ofrecido la quinta portavocía en un acto más de ignorancia que de sectarismo.

Entre los dimes y diretes de la constitución de la Mesa del Congreso hay que destacar que una veintena de los 350 diputados acataron la Constitución ante el Pleno del Congreso introdujeron añadidos para tratar de poner de manifiesto sus discrepancias con la Carta Magna sin dejar de cumplir ese requisito de promesa o juramento que es imprescindible para asumir la condición plena de parlamentario.

Nunca antes, hubo tanta variedad. Así, los seis diputados de Amaiur presentes prometieron acatar la Constitución por imperativo legal ( fórmula avalado por el Tribunal Constitucional) en español y en euskera. La misma fórmula utilizaron los representantes del PNV y Uxue Barkos, de Garoa Bai, así como el diputado de IU Alejandro Garzón. También la usaron, en catalán, los diputados de ICV-EUiA Laia Ortiz y Joan Josep Nuet. El sindicalista Joan Coscubiela, cabeza de filas, declinó adornarse en esta faena inicial. Serán los trienios.

Los tres diputados de ERC, encabezados por Alfred Bosch, dieron un paso más y, además de acatar por imperativo legal, añadieron, en catalán, que trabajarán por una Constitución propia para Cataluña. Y tres diputados de IU, con Cayo Lara a la cabeza, utilizaron la fórmula del imperativo legal, sin renuncia a sus "convicciones republicanas".

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