Chaves gana el pulso a Montilla

  • Zapatero mantiene a la malagueña Magdalena Álvarez al frente de Fomento, pese a las presiones de la Generalitat y el PSC, y entrega Igualdad, una de sus apuestas más firmes, a la gaditana Bibiana Aido

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La continuidad de la malagueña Magdalena Álvarez al frente del Ministerio de Fomento y la ubicación de la gaditana Bibiana Aido en el de Igualdad suponen, sobre todo, un triunfo político para Manuel Chaves, que ha logrado que Zapatero incluya en el nuevo Gobierno a dos personas de su más absoluta confianza. Por el contrario, el gran derrotado ha sido José Montilla, presidente de la Generalitat, que se ha visto sorprendido por el nombramiento de dos políticos más afines al PSOE que al PSC -especialmente Celestino Corbacho, en el departamento de Trabajo e Inmigración-.

Para el presidente de la Junta tiene un valor especial la permanencia de la malagueña al frente del Ministerio de Fomento, después de las presiones que la propia Generalitat catalana y el PSC han ejercido sobre Zapatero para que la descabalgara de dicha cartera ministerial y situara en ella a Carme Chacón.

Detrás de esta aspiración estaba la victoria electoral que los socialistas catalanes habían logrado en las elecciones legislativas del pasado 9 de marzo y el ligero retroceso de sus correligionarios andaluces. En opinión de los dirigentes del PSC, Zapatero había ganado los comicios gracias, fundamentalmente, a sus 25 escaños, que habían supuesto una diferencia de 18 diputados y casi un millón de votos sobre el PP, mientras que en Andalucía, el otro granero de voto socialista, los populares habían recortado dos escaños, casi seis puntos y más de 300.000 votos.

Sobre esta lectura de los resultados electorales, además de la cabeza de Magdalena Álvarez y su ministerio, el PSC solicita una segunda cartera en el nuevo Ejecutivo de Zapatero, la vicepresidencia segunda del Congreso y una representación destacada en el Grupo Socialista en la Cámara Baja.

El líder socialista se retira a Doñana a meditar sobre su nuevo Gobierno. Allí decide que Magdalena Álvarez no seguirá en Fomento, pero continuará en el Ejecutivo. Zapatero justifica su decisión en base a que quiere dejar el Ministerio fuera de las tensiones territoriales. En el retiro onubense, baraja a Bibiana Aido como futura ministra de Igualdad. Pero, sobre todo, ultima el giro al centro que pretende darle al PSOE y decide que lo iniciará sin hipotecas, sin forzar el apoyo de los nacionalistas en la investidura.

El Domingo de Resurección, el diario La Vanguardia publica una entrevista con el conseller de Economía y Finanzas de la Generalitat, Antoni Castells, en la que marca los exigentes objetivos de los socialistas catalanes y deja claro que si el PSC tuviera que elegir entre el PSOE y Cataluña, elegiría siempre Cataluña.

A pesar de que Zapatero encaja mal estas manifestaciones, los socialistas catalanes logran, a la vuelta de las vacaciones, colocar a sus diputados en la dirección del Grupo -Daniel Fernández, y en la Mesa del Congreso, Teresa Cunillera-.

Una vez cubiertas sus expectativas institucionales y orgánicas, el PSC, eufórico, se lanza en una doble dirección, apuntada ya por Castells: por una parte, presiona a Zapatero para lograr sus objetivos en el nuevo Gobierno, y por otra, esgrime sus exigencias programáticas, que incluyen la publicación de las balanzas fiscales como punto de partida de una negociación bilateral con el Gobierno sobre el nuevo sistema de financiación autonómica.

Pese a que el PSC le incomoda cada día más, Zapatero mantiene incólume su intención de descabalgar a Álvarez y le ofrece varios ministerios alternativos, pero la malagueña, apoyada por Chaves y el PSOE andaluz, se cierra en banda y le traslada que sólo seguiría en el Gobierno como ministra de Fomento.

Mientras tanto, la Generalitat, acuciada por los problemas de abastecimiento de agua al área metropolitana de Barcelona, plantea el trasvase del Segre como única opción, a sabiendas de que el Gobierno no la aceptaría. La desautorización llega al día siguiente, y las relaciones entre los dos Ejecutivos se enturbian pocos días antes del inicio de la sesión de investidura. En ella, Zapatero se muestra generoso con el portavoz de los nacionalistas catalanes, Josep Antoni Durán Lleida, a quien concede la publicación de las balanzas fiscales, y, sobre todo, estudiar el trasvase del Ródano, provocando la indignación contenida de la Generalitat y el PSC.

En estas circunstancias, la Junta y el PSOE andaluz hacen valer claramente su peso en el Grupo Socialista, once diputados más que el PSC.

Finalmente, Zapatero decide mantener en Fomento a Álvarez, a quien otorga, de paso, alguna responsabilidad en los buenos resultados obtenidos por el PSC, obviando las reprobaciones, y otorga el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aido, destinada a arrebatarle la Alcaldía de Cádiz a Teófila Martínez, para satisfacción de Chaves, mientras que a Montilla le envía dos mensajes muy claros en términos políticos: Carme Chacón, ministra de Defensa de España, y Celestino Corbacho, un viejo enemigo del president, titular de Trabajo e Inmigración.

Con Fomento e Igualdad bajo el brazo, a Chaves no le ha importado sumar como cuota andaluza Interior y Exteriores, en manos de Rubalcaba y de Moratinos, cuando al inicio del proceso no formaban parte de ella. Cuatro siempre es más que dos, ha debido pensar el veterano líder de los socialistas andaluces.

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