Elena Valenciano: La gallinita ciega dio el golpe

  • Se llevó dos meses de precampaña sin rival, dando golpes al aire, pero Miguel Arias se cruzó en su trayectoria tras el debate

Hubo prisas por salir. Elena Valenciano (Madrid, 1960) llevaba desde primeros de febrero como cabeza de lista del PSOE para las elecciones que se celebran hoy. Y durante dos meses estuvo dano puñetazos al aire, cogiendo moscas, sin un candidato popular con el que enfrentarse, debido a la voluntad de hierro de Mariano Rajoy para marcar sus propios tiempos. Es posible que el presidente hubiera leído ya los resultados electorales que tan bien prepara el sociólogo de cabecera de los líderes populares: Pedro Arriola, cuya máxima es que en tiempos de victorias, lo mejor es hacerse el muerto. Es decir, que si el PP, después de más de dos años de recortes, de subidas de impuestos y de incumplimientos de su propio programa, ya tenía una victoria demoscópica en las elecciones europeas, ¿para qué arriesgarse? La incipiente recuperación económica quedaría bordada con esta victoria, así que Elena Valenciano estuvo dos meses sin saber con quién se enfrentaría. Mitin tras mitin, nadie apareció en la otra esquina del ring y, cuando lo hizo, resultó ser un peso pesado: Miguel Arias, ministro de Agricultura, antiguo eurodiputado y conocedor de las intrincadas reglas de la Comisión Europea.

Valenciano ha sido una apuesta de Alfredo Pérez Rubalcaba, el secretario general del PSOE, aunque ella fue una de las pocas que apoyó a Josep Borrell durante la campaña de las primarias que el catalán ganó a Joaquín Almunia. Valenciano es socialista, lo ha sido desde siempre, a pesar de sus orígenes de niña de buena familia madrileña.

En 1977, con 17 años, se afilió al PSOE. El golpe de Estado de Tejero le cogió en la antigua sede socialista, la de la madrileña calle de Santa Engracia, y durante esa noche estuvo al habla con representantes de otros partidos socialistas europeos. Valenciano habla bien inglés y francés, y se colgó al teléfono durante esas horas. Ya antes, se había ofrecido como voluntaria para trabajar en la sede, y durante años fue la telefonista. O lo que hiciera falta. Dejó inacabados sus estudios de Ciencias Políticas, pero, en puridad, su profesión no era la de telefonista. Durante los primeros días, ése fue el punto débil que los dirigentes del PP quisieron explotar frente a Miguel Arias, abogado del Estado, ministro, políglota, soberbio.

"La telefonista de Ferraz frente al abogado del Estado responsable de la gran negociación europea de la PAC. No hay color". Eso es lo que escribía en un tweet la presidenta del PP de Asturias, Mercedes Fernández, en los primeros minutos del debate que en Televisión Española mantuvieron Valenciano y Miguel Arias. Fue el 15 de mayo, con dos días de retraso debido al asesinato de la presidenta de la Diputación de León. Ese debate sí marcó un punto de inflexión en la campaña, aunque, paradójicamente, la cuota de pantalla no llegó ni al 10%. Los frutos se los llevaría Susanna Griso al día siguiente en Antena 3.

Miguel Arias Cañete, el abogado del Estado, había resultado, claramente, perdedor en el debate: leía, no apartaba la vista de los folios, la salivación le fallaba y Valenciano, como una buena opositora, se había estudiado la lección. Y Arias, en todo su ser, le explicó a Griso que su debilidad no fue real, sino que no quiso dar la imagen de prepotente, porque si un hombre demostraba "superioridad intelectual, o la que sea", podía ser tachado de machista. Un debate con una mujer, según Arias, es muy complicado: si él llega a dar con Rubalcaba, y esto dijo, "nos podemos decir todas las barbaridades".

Y Valenciano, que llevaba meses como la gallinita ciega, sin candidato en frente, le dio, como por azar, o no, el gran palo de su vida a Miguel Arias. La candidata socialista comenzó su precampaña con un asunto muy espinoso, que duele mucho en el PP, la reforma de la ley del aborto del ministro Ruiz-Gallardón, y el comentario machista de Miguel Arias la elevó sobre una campaña mustia. Arias prometió que con él, a partir de su candidatura, en la campaña se hablaría de Europa, no del aborto, pero de lo que realmente se ha hablado es de él. Valenciano, siempre bien conectada con los socialistas europeos -fue eurodiputada en dos legislaturas-, volvió a tirar de teléfono, y los grandes partidos, además de los periódicos más influyentes, airearon el comentario de Arias, quien ahora lo tendrá difícil para ser comisario.

Mantienen en el PP, sin embargo, que Elena Valenciano se pasó de frenada, que ha estado con el tema de Arias demasiado tiempo, y es verdad: hasta ayer. Los grandes partidos socialistas europeos la quieren como presidenta del grupo en Estrasburgo, esa batalla la ganó: la otra, hoy mismo, con Rubalcaba de compañía.

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