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Feijóo, el candidato del 'sentidiño'

  • La figura del popular ve ratificada la confianza del pueblo gallego en su política de austeridad.

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El único candidato de las tres fuerzas con presencia en el Pazo do Hórreo que repite, Alberto Núñez Feijóo (Os Peares -Orense-, 1961), se reivindica a sí mismo como el gestor que actuó con el sentidiño que evocaba el veterano Gerardo Fernández Albor.Pese a la tensión del trabajo diario, los suyos entienden que "encaja bien las críticas y siempre las pide". Además, "lee cualquier papel que llega a sus manos, desde opiniones especializadas a las de cualquier ciudadano". Obligado a compaginar su agenda institucional con la responsabilidad de liderar el partido, "no entiende de fines de semana y festivos", aunque es "flexible" con sus colaboradores, "siempre y cuando el trabajo esté hecho".

Como curiosidad reveladora, Núñez Feijóo mantiene el mismo número de teléfono desde hace años, aunque el volumen de llamadas y de mensajes se ha multiplicado desde que tomó las riendas de la Xunta. Su entorno asegura que "siempre responde"; también que mantiene una vida "sana" que recomienda "constantemente", que le "frustra la poca colaboración de la oposición" y que "siempre tiene presentes a sus padres" y rememora continuamente su infancia en Os Peares.

De funcionario a líder político

Este Licenciado en Derecho no sólo se ha labrado su imagen de gestor esta legislatura; viene de antes. Su biografía revela una carrera profesional que arrancó con sólo 23 años en la Xunta y el paso por Insalud y Correos. También su capacidad política para liderar la era post Manuel Fraga al frente del PPdeG y como, ya en la oposición, fue capaz de hacerse con las riendas del partido, con el baltarismo como contrapunto en Ourense.

Siempre pendiente de colocarse la boina o el birrete según el complemento que perciba adecuado a cada momento -en Galicia y en Madrid-, cambió de estrategia política, mejoró su dialéctica y transformó su imagen abandonando la gomina y definiéndose reiteradamente como "un niño de aldea" para desterrar la imagen de 'pijo madrileño' con la que se esforzaban en identificarle sus rivales políticos.

Finalmente, en 2009 superó la prueba de fuego y recuperó la Xunta para el PPdeG a la primera el mismo día en el que el socialista Patxi López protagonizaba también una jornada electoral histórica en Euskadi. Ambos iniciaron su mandato en una época de crisis, convirtiéndose en figuras políticas en ascenso en el panorama nacional y ambos se someten de nuevo a la prueba de las urnas, con los sondeos pronosticando esta vez un camino distinto.

Simpatías en Madrid

Si en su etapa en la oposición logró hacerse con las riendas del PP gallego, al frente del Gobierno nadie ha puesto en duda su liderazgo. El proceso que más alteró la paz en el seno del partido fue el congreso de sucesión del 'barón' ourensano José Luis Baltar, que dejó las riendas del partido en manos de Manuel Baltar. Desde la sede de San Lázaro se articuló una estrategia para hacer frente a este relevo de padre a hijo, pero el candidato avalado por la cúpula autonómica y regidor de Verín, Juan Manuel Jiménez Morán, salió perdedor.

Feijóo se ha acostumbrado a convivir con el baltarismo y dirigentes destacados del partido coinciden en que, aunque "padre e hijo no son lo mismo", el vástago ha heredado la capacidad de José Luis Baltar para controlar su formación en la provincia. Quizás por ello, su jefe de filas renunció a plantar batalla cuando sucedió también a su padre al frente de la Diputación y ha pactado con él la candidatura para las autonómicas.

Mientras, en Madrid Feijóo ha ganado peso en el partido y su lealtad a Rajoy es incuestionable, aunque la estrategia en esta campaña ha pasado por centrarse más en su figura, que resiste mejor frente al desgaste del presidente del Gobierno. Y es que, aunque se declara galleguista, sus discursos profundizan más en los principios del "reformismo" y el "tan gallego como español", lo que multiplica en Madrid las simpatías por su figura.

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