Marlaska cita a Bono y Trillo como testigos por la contratación del Yak-42

El juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska citó ayer a declarar como testigos el próximo 14 de febrero al ex ministro de Defensa, Federico Trillo, responsable del departamento cuando sucedió el accidente del Yak-42, en el que murieron 62 militares españoles, así como a su sucesor en el cargo, José Bono. El primero anunció que prestará declaración por escrito, mientras que Bono señaló que no se le "caen los anillos" por colaborar en el esclarecimiento de la verdad.

El magistrado adoptó esta decisión después de que la Sección Cuarta de lo Penal de la Audiencia Nacional le obligara a reabrir el caso, que había archivado al entender que se trató de un accidente exento de responsabilidades. En su nueva investigación, Grande-Marlaska cita también a los altos representantes del Ejército, al ex jefe del Estado Mayor del Ejército, Luis Alejandre; al general del Aire, Carlos Gómez Arruche -en aquel momento jefe del Mando Aéreo del Levante-; al ex jefe del Estado Mayor Conjunto, Juan Luis Ibarreta -el que firmó el contrato con la agencia Namsa de la OTAN-. También acudirá a declarar Antonio Bendada, que recibió un correo electrónico del comandante Ripollés, posteriormente fallecido en el accidente, en el que denunciaba las pésimas condiciones del aparato siniestrado.

Éstas son las nuevas actuaciones del magistrado tras rechazar la Sala de lo Penal su argumento que responsabilizaba a la intermediaria Chapman Freeborn y a la subcontratada UM Air de las negligencia en el control del avión, habiendo delegado de forma total y absoluta el control y gestión del vuelo en Namsa, la agencia de la OTAN que gestiona este tipo de contratos. "Es obvio -afirmaba el auto de la Sala de lo Penal- que quien tenía la obligación de cumplir con el transporte de las tropas españolas era Defensa, siendo Namsa, Chapman Freeborn, UM Air y demás contratistas los medios de los que el Ministerio se sirvió para alcanzar dicho objetivo". El auto recordaba que Defensa recibió 14 quejas sobre el estado del Yak, por lo que conocía "las circunstancias de los viajes de sus militares, incómodas, penosas y en ocasiones peligrosas".

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