Petrodólares al servicio del deporte

Caso de que Urdangarín fiche por la selección de balonmano de Qatar, el ex jugador y yerno del rey encontrará un país con sus petrodólares al servicio del deporte.

Pocos aficionados al balonmano conocerán a algún jugador qatarí, pero el pequeño, autoritario, emergente y tremendamente rico emirato árabe apuesta muchas de sus fichas al deporte: organizará el Mundial de fútbol 2022 -bajo sospecha de haber comprado la votación-, el de balonmano 2015 y sueña con albergar los Juegos Olímpicos.

Urdangarín se convertiría en la última cara del deporte internacional que aterrice en Doha, una ciudad en constante transformación gracias al dinero que proporcionan las enormes reservas de gas y petróleo: rascacielos al estilo Nueva York, hoteles de lujo, estadios ultramodernos y carreteras con farolas a cada paso que atraviesan el desierto.

El futbolista Raúl González fichó por el Al Sadd cuando dejó el Schalke 04 y se convirtió junto con el ahora entrenador Pep Guardiola en embajador del fútbol en Qatar, donde pasa gran parte del año el también ex madridista Míchel Salgado, uno de los comentaristas estrella de Al Jazeera Sport, una cadena que al igual que el país está en completa ebullición.

La falta de talento y de tradición se compensará con lujosos medios para exprimir las habilidades de los jugadores. Símbolo de esa opulencia es la Aspire Zone, una ciudad con hotel, centro comercial y todas las facilidades deportivas en la que Raúl tiene un despacho como miembro de la academia de jóvenes valores.

Aunque es un país regido por la sharia (ley islámica) y el emir Hamad bin Khalifa Al Thani concentra en su persona todo el poder, Qatar presume de ser uno de los estados más aperturistas del mundo árabe tanto en la política como en la moral. En cualquier caso, con competiciones de motociclismo, tenis, golf, fútbol o balonmano en el calendario, un aficionado al deporte como Urdangarin no se aburrirá.

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