Piratas en el siglo XXI

  • La odisea sufrida por el 'Playa de Bakio' no es cosa del pasado ni un hecho aislado, pues sólo en el primer trimestre de 2008 se han registrado 49 asaltos a buques

Los asaltos piratas no son cosa del pasado. No llevan la bandera negra con la calavera y las dos tibias cruzadas, ni buscan oro en las bodegas de barcos españoles procedentes del Nuevo Mundo, pero están de vuelta en el oficio. Así lo pueden atestiguar los 26 tripulantes del barco atunero congelador español Playa de Bakio que fueron capturados el pasado domingo por piratas en aguas internacionales frente a las costas de Somalia, el lugar más peligroso del planeta para la navegación y convertido desde 1990 en un territorio sin Estado.

En los libros de cuentos infantiles, estos personajes son dibujados como valientes y misteriosos aventureros. En la vida real, según la Agencia Marítima Internacional (AMI), los piratas "son peligrosos criminales cada vez más violentos" que operan en países desestructurados e inestables donde proliferan bandas criminales y facciones armadas.

Durante el primer trimestre del presente año los piratas internacionales llevaron a cabo 49 ataques contra buques, lo que significó un aumento del 20% con relación al mismo periodo de 2007, aunque el número de ataques podría ser mayor porque muchos incidentes no son denunciados a las autoridades, indicó el Centro de Información e Inteligencia contra la Piratería.

El centro señaló en un informe que "el uso de la violencia contra los tripulantes es alarmante", por lo que pidió más esfuerzos a los países para proteger a los navíos que transitan por sus aguas.

En Nigeria, con diez incidentes en sus aguas, numerosos grupos armados atacan los buques petroleros en las zonas cercanas al delta del Níger, por donde pasan los tanques que transportan el fuel del país, que cuenta con la mayor producción de crudo de África. "La violencia en las aguas de Nigeria está fuera de control", alerta el informe.

La India y el Golfo de Adén en Somalia ocuparon el segundo puesto entre las zonas marinas con más ataques de piratas, con cinco cada uno durante estos tres primeros meses. Mientras que los casos de piratería en la India se limitaron a robos en buques, en Somalia los piratas secuestraron navíos para exigir el pago de rescates. El último caso conocido aconteció el pasado 11 de abril cuando el armador del velero de lujo francés Le Ponant pagó un rescate de algo más de un millón de euros a los piratas por liberar a los 30 tripulantes retenidos durante una semana frente a las costas somalíes.

En las aguas de Indonesia, hasta hace poco en las que los piratas tenían mayor actividad, el número de ataques descendió a cuatro, el mismo número que en Tanzania en el primer trimestre de este año, frente a los nueve ocurridos durante el mismo periodo de 2007. "Por primera vez en esta década, Indonesia no es el país con más incidentes piratas registrados y su Policía y Guardia Costera deberían ser reconocidos por ello", subraya el informe.

Existen dos tipos de ataques: la agresión "clásica", que consiste en que los piratas abordan el buque, intimidan a la tripulación y se apropian de sus efectos personales y de la caja fuerte del navío; la otra forma tiene que ver con el crimen organizado establecido por auténticos sindicatos de la delincuencia que roban el cargamento y los equipos del barco con el uso de métodos modernos. La carga es trasladada a través de medios ultramodernos, particularmente lanchas muy rápidas, a barcos nodriza.

Pero cada vez es mayor el número de casos en los que los piratas quieren forzar a los dueños de los navíos a pagar rescate por ellos y por una tripulación convertida en rehén. Otros escogen navíos con mercancías valiosas de las que apoderarse y que luego revenden. Y también están los piratas más organizados que tienen como objetivo el propio buque, para convertirlo en un barco fantasma con el que traficar con drogas, armas, personas o cualquier otra cosa. Los beneficios de este tráfico se pueden cifrar en millones de euros.

Este fenómeno delictivo dista cada vez más de la imagen romántica de los piratas que en otros tiempos infestaron las aguas del Caribe. Los del siglo XXI ya no vienen con arcabuces, ni abordan los barcos que toman por asalto colgados de cuerdas de las que se sostienen con un garfio mientras hacen malabarismos con sus patas de palo. Los piratas de hoy se aproximan más a las películas de James Bond con sus AK-47, teléfonos, sistemas de navegación por satélite y embarcaciones rápidas con motor fuera de bordo que responden a un barco nodriza desde donde se dirigen todas las operaciones.

Actualmente es complicado pelear contra ese tipo de profesionales del asalto, que contratan a mercenarios curtidos en mil guerras y que se conocen las costas de los países como la palma de su mano. La lucha contra la piratería requiere una actuación internacional que, pese a haber sido discutida en numerosos foros, nunca se ha planteado con la necesaria seriedad y eficacia. Así las cosas, cada vez que se produce un acto de piratería, es el Gobierno afectado quien busca la mejor solución para garantizar la vida de los secuestrados y lograr su liberación.

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