Pitarch celebra la propuesta de que el Eurocuerpo sea permanente

  • La Eurocámara aprueba una propoposición en la que insta a los estados miembros a que contribuyan al carácter fijo del cuerpo del ejército europeo

Aunque pueda parecer improbable encontrar puntos comunes entre el estamento militar y otras parcelas aparentemente antagónicas como la política o la empresa, los nexos en común, aunque exiguos, emergen. Uno de los pocos puntos convergentes que comparte el ámbito castrense con su entorno es la forma de organizarse. Cuanto más simplificada es la estructura de poder, más ágil y operativa se demuestra. Es indiferente que la aplicación de este aserto se haga en términos políticos, empresariales o militares.

El comandante general del Eurocuerpo, el teniente general Pedro Pitarch, hizo buena esta tesis al asumir y defender públicamente ayer una "racionalización" de la estructura militar europea, en la que proliferan hasta 20 cuarteles generales, como vía óptima para "progresar de manera paulatina y flexible" en una política de defensa europea común, que invocó repetidamente en la conferencia Europa de la Defensa: razón de paz, en el Club Antares de Sevilla.

Pitarch, ex jefe de la Fuerza Terrestre hasta el pasado mes de septiembre, volvía por segunda vez en los tres últimos días a Sevilla, donde se encuentra el cuartel general en el que pasó los dos últimos años hasta que optó por emigrar a Estrasburgo para mandar el Eurocuerpo. Poco antes de que pronunciara la conferencia, el Parlamento Europeo aprobaba una propuesta por 500 votos a favor y 136 negativos en la que proponía que el Eurocuerpo se constituya como "fuerza permanente", instando a los países comunitarios a contribuir a tal fin.

Aunque la propuesta no tenga carácter vinculante, tiene una gran importancia para los intereses personales de Pitarch, en tanto jefe del cuerpo del ejército europeo, y también para los nacionales, puesto que España es uno de los cinco miembros de pleno derecho del Eurocuerpo junto con Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo, con un potencial de hasta 65.000 efectivos de distintas nacionalidades. La invitación a los 27 países miembros a contribuir al carácter permanente del Eurocuerpo viene a legitimar la iniciativa franco-alemana y supone, además, otro indicio más en la carrera hacia una política de defensa común, que se une a la inminente presidencia francesa de la UE a partir de julio. Sarkozy siempre ha defendido una política de seguridad común,

En declaraciones a los medios, Pitarch calificó de un "paso adelante" la propuesta, que abre la puerta al futuro embrión del ejército europeo. También el general Huberte De Boos, jefe de operaciones del Eurocuerpo, celebró la propuesta "a la espera de cómo nos afecte".

La conferencia de Pitarch, en cambio, pivotó sobre dos grandes ejes: la acuciante necesidad de simplificar la estructura militar europea y su apuesta por una defensa común. Sobre la organización europea dijo que adolece de "una diáspora de organizaciones que no responden a una estructura que pueda articular, a niveles prácticos, una fuerza europea". Por ello, defendió que se aborde "seriamente un esfuerzo de simplificación".

Aunque no lo mencionó explícitamente, el ejemplo de la organización que persigue Pitarch -en un contexto nacional de modernización creciente de las Fuerzas Armadas (FAS)-, lo encarna la Fuerza de Acción Rápida de la UE, que elogió en varias fases de su intervención por ser una "fuerza más interoperable, capaz y ágil". El cuerpo de respuesta rápida se despliega en un radio de hasta 6.000 kilómetros, con una disponibilidad de 5 a 10 días. El segundo eje de la conferencia se condensó en su apuesta por la política de seguridad común como "una meta irrenunciable" para lograr "una Europa fuerte".

Ante un auditorio heterogéneo que concentró a personalidades militares y políticas, como el delegado del Gobierno, Juan José López Garzón, o la consejera de Justicia, Evangelina Naranjo, Pitarch recordó varios pasajes de su estancia en Sevilla y, como hizo en su jura como jefe de la Fuerza Terrestre tras la destitución del teniente general Mena en 2005, reincidió en su "compromiso con los valores democráticos" y el rechazo inequívoco a la guerra; "ese indeseable fenómeno que tan estúpidamente, en la primera mitad del siglo XX, convirtió a Europa en un solar de ruinas".

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