Rajoy resurge, vuelve la alegría al PP

  • El líder de los populares inyecta optimismo a los suyos con la primera ventaja sobre los socialistas que le da el CIS desde las generales de 2004, una situación inédita después de cinco difíciles años de oposición

La imagen del balcón de Génova la noche de la segunda decepción electoral de Mariano Rajoy en unas generales invitaba a pensar en la retirada, en el punto y final a los más de treinta años de extenso palmarés del político gallego, con una carrera labrada en las tres administraciones del Estado. Las señales emitidas por el líder del PP en la adversidad de aquellas horas no dejaban lugar a la duda. El enigmático "adiós" que dedicó a la hinchada desde las alturas del primer piso de la afligida sede de Génova, y los gestos de cariño y atenciones que dedicó a su mujer, Elvira Fernández, ante los más incondicionales, no hacían pensar otra cosa que no fuera en una marcha segura.

La mañana siguiente al 14-M, Rajoy se refugió en casa con los suyos, sopesó con ellos si seguir o tirar la toalla, y 48 horas después del segundo mazazo electoral anunciaba su continuidad hasta 2012, en busca de la tercera oportunidad de medirse a Zapatero para disputarle La Moncloa, siempre que las bases lo aprobaran. Haciendo honor a su fama de superviviente, logró el aval de los suyos en el mes de junio en Valencia, en un congreso precedido de fuertes disputas internas.

Han pasado un año y cuatro meses de la noche del balcón, y un entusiasmo generalizado recorre ahora todos los estamentos del partido después del largo periplo de difícil oposición para Rajoy, obligado todo este tiempo a la doble tarea de convencer de su capacidad de liderazgo no sólo a los electores sino también a los críticos del partido, discordantes con el proceder del líder y decididos a buscarle sustituto.

Lejos quedan esas tensiones ante el renovado optimismo que Génova respira. La razón del entusiasmo es el cambio de tendencia recogido por el último estudio del CIS sobre estimación de voto de cara a unas generales, publicado el pasado lunes. Por primera vez desde 2004, el sondeo da una ventaja a Rajoy de 1,2 puntos sobre su rival del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero. La alegría es doble para el PP porque el CIS depende directamente del Ministerio de la Presidencia o, lo que es lo mismo, del Gobierno de turno, con la eterna sospecha que han mantenido viva todos los partidos en la oposición, ahora el PP y antes el PSOE, de que los sondeos del CIS se cocinan según los intereses de quien hace la encuesta, edulcorando la realidad demoscópica en favor de quien manda.

A un lado las elucubraciones, la noticia del sondeo es un momento clave en las dos legislaturas de Zapatero, pues es la primera ocasión en la que el nombre del presidente se asocia a la derrota desde que en 2004 cruzara las puertas de La Moncloa, relevando al ex presidente Aznar después de ocho años de mandato.

Diezmado por el impacto de la crisis y por el incesante goteo de nuevos parados, el PSOE experimenta un fuerte desgaste en la encuesta, con la pérdida de 4,6 puntos en intención de voto en un solo año, desde las últimas generales. Son unos niveles desconocidos hasta ahora para Zapatero, que asiste con preocupación a la factura política que le está pasando la economía.

Aunque los populares sólo ganan una décima con respecto al 14-M, la euforia se extiende a gran velocidad en todos los estratos de poder del PP debido a que la discreta ventaja que el CIS le otorga a Rajoy halla correspondencia real con el apoyo mayoritario obtenido en las elecciones gallegas y en la reciente victoria de las europeas de junio. Dos éxitos electorales que apuntalan la esperanza de los populares de una próxima vuelta al poder.

Es la noticia perfecta para Rajoy en un momento muy difícil, en plena eclosión del caso Gürtel. Faltaba un revulsivo capaz de devolver el optimismo a los populares, con el ánimo mermado por las revelaciones diarias del caso Gürtel. La novedad del CIS coincide con la dimisión del tesorero del PP, Luis Bárcenas, cuya relación con la trama corrupta -que investiga el Tribunal Supremo-, eclipsaba la acción de oposición del partido, monopolizaba el debate político y lastraba la imagen del PP.

Las expectativas negativas se han revertido. A un mes del inicio del curso político, los populares regresan a la actividad parlamentaria con las encuestas más a favor que nunca, mientras Zapatero afronta la legislatura con el peso negativo de la crisis. Se espera con interés la respuesta de Rajoy a partir de septiembre: si se limitará a ejercer una oposición correcta, sin más, aguardando a que el Gobierno se desgaste, o si optará por una estrategia sin concesiones, inspirado por el mantra del ex presidente Aznar de que quien sale a empatar, pierde. De momento, Rajoy ha agitado el entusiasmo de los suyos, persuadidos ahora de que con él todo es posible.

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