Las claves

Soria: Una renuncia con luces y sombras

  • Rajoy quiso creer desde el primer día las explicaciones de su ministro y, sobre todo, amigo, pero las dudas se dispararon entre evidencias y argumentos poco convincentes.

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N O tengo ni idea de lo que está pasando", es la frase que con más frecuencia ha pronunciado José Manuel Soria esta semana, sobre todo cuando la tarde del jueves tres diarios digitales publicaron que había tenido una sociedad en Jersey.

Rajoy, desde el primer día, quiso creer las explicaciones de su ministro de Industria pero sobre todo su amigo. Quería creerle y además la rotundidad con las que negaba que hubiera tenido una sociedad offshore, como recogía El Confidencial, que junto a la Sexta publicaba los documentos del despacho Mossack Fonseca de Panamá, hicieron pensar al presidente del Gobierno que Soria era víctima de un error societario cometido varios años atrás, antes de dedicarse a la política. De hecho, la propia sociedad admitía el error en el nombre de la sociedad compartida por el ex ministro y su hermano Alberto.

Había además un elemento a tener en cuenta: incluso en el caso de que Soria hubiera creado una sociedad offshore asesorado por un bufete panameño, no se trataba de nada ilegal. Éticamente reprobable, porque esas sociedades tienen como objetico pagar menos impuestos o mantener en la opacidad sus fondos. Esto último sí es delito, como también no justificar el origen del dinero. Pero el mundo está plagado de sociedades offshore perfectamente legales, declaradas y que cumplen con los requisitos fiscales a los que obliga Hacienda.

A las veinticuatro horas de que el nombre Soria apareciera en los papeles de Panamá se publicaron datos de una nueva sociedad, esta vez en el Reino Unido. El ministro en funciones, que desde el primer momento había dado públicamente las explicaciones necesarias sobre los documentos de Panamá, es menos convincente respecto a esa nueva sociedad, daba la impresión de que no sabía nada o que ocultaba algo, y tanto en el partido como en el propio Gobierno empezaron a dudar. Pero era tanto el prestigio personal de José Manuel Soria, al que sus compañeros consideraban uno de los miembros más brillantes del Gobierno, que se resistían a pensar que hubiera cometido alguna irregularidad. Hasta que dos periódicos digitales, eldiario.es y elespañol.com, y la edición digital de El Mundo, publicaron todos los datos sobre una sociedad domiciliada en Jersey en la que aparecía la firma de Soria en 2002, cuando era alcalde de Las Palmas.

En una nueva conversación telefónica con el presidente, Soria le transmitió su consternación: de la misma manera que no tenía idea de la sociedad de los papeles de Panamá, y tampoco del Reino Unido, aseguró que desconocía que tuviera una sociedad oculta en una isla que internacionalmente está considerada paraíso fiscal. Previamente había pedido comparecer ante el Congreso de los Diputados mañana para explicar su situación, pero a raíz de la aparición de Jersey empezó a barajar la idea de la renuncia.

Explicó al presidente que había decidido desplazarse a Las Palmas para hablar con su hermano, saber exactamente cómo había administrado la empresa familiar estos años, y preparar minuciosamente la comparecencia. Era consciente de que se había precipitado al dar explicaciones públicas a través de los medios de comunicación sin contar con los datos necesarios y cómo la falta de concreción en algunas explicaciones habían provocado una gran confusión que permitían pensar que ocultaba algo… o que mentía, la sensación más generalizada.

Soria habló también varias veces con María Dolores de Cospedal a lo largo de la semana y, la tarde del jueves, a medida que se conocían las reacciones de los medios periodísticos y de dirigentes de la oposición, Soria se fue afianzando en su idea de renunciar. Por el partido, por Rajoy y por él mismo, pues si en cualquier momento su situación perjudicaba al presidente y al PP, en unos días de negociaciones de gobierno y de convocatoria de posibles elecciones, las noticias sobre las sociedades offshore eran letales para Rajoy y para el PP. El lunes, a las 8 de la mañana, telefoneaba al presidente del Gobierno para comunicarle que tras una noche de reflexión había decidido renunciar a todos sus cargos públicos, y a continuación llamó a la secretaria general del partido, con la que también habló Rajoy.

El presidente, antes de comunicar la decisión de Soria al resto de los ministros, que iniciaban la reunión del Consejo poco después, telefoneaba al vicesecretario de política territorial del PP, Fernando Martínez Maíllo, para comunicarle la renuncia de Soria, ya que tenía concertada una entrevista radiofónica y quería alertarle de la renuncia para que la tuviera en cuenta a la hora de responder las preguntas de los periodistas. Casi al mismo tiempo, Soria enviaba el texto de su renuncia al partido y a La Moncloa, para que la distribuyeran a los medios de comunicación. Excesivamente autoinculpatoria por la forma en que había gestionado la crisis, se suavizaron algunos de los términos que el propio ministro en funciones había redactado personalmente.

Quienes conocen bien a Soria defienden a capa y espada su honradez aunque admiten que se precipitó al ofrecer explicaciones tan rápidas sin conocer los datos sobre las empresas familiares. Insinúan que su hermano Luis Alberto pudo haber tomado decisiones societarias que no comunicó a su hermano, dedicado ya a la vida política en cargos de responsabilidad como la alcaldía de Las Palmas, presidente del Cabildo de Gran Canaria, vicepresidente del Gobierno canario y ministro de Industria, Energía y Turismo. Es decir, le creen cuando asegura que no tenía la menor idea del entramado de sociedades familiares, aunque algunas de ellas se crearon cuando todavía asumía responsabilidades en las empresas que gestionaba con su hermano al fallecer su padre.

Y quienes le conocen bien y han seguido de cerca lo ocurrido la última semana, marcan diferencias entre los llamados papeles de Panamá y las informaciones sobre la sociedad en Jersey. No solo por la diferencia de situación legal de las sociedades creadas en el bufete panameño a tener una empresa domiciliada en un paraíso fiscal, sino porque los papeles de Panamá proceden de una investigación realizada por un consorcio de periodistas, en base a unos documentos facilitados por un hacker o alguien con posibilidad de obtener información del bufete Mossack Fonseca, mientras que lograr información sobre Jersey obliga a disponer de tiempo, dinero e infraestructura.

En medios periodísticos de Las Palmas circulaba el rumor desde hace tiempo de que existía un dossier sobre el ex ministro, y ese rumor ha sido recordado estas últimas horas a raíz de la aparición de los datos sobre Jersey. ¿Cómo es posible que alguien con una cabeza tan ordenada como Soria haya cometido tantos errores si efectivamente había creado una red de empresas offshore? ¿Confió excesivamente en su hermano? ¿Alguien ha querido destruir la carrera de Soria? ¿Es víctima de una venganza por parte de alguien o de algunos afectados por sus decisiones como ministro? ¿O es José Manuel Soria una persona que, en contra de lo que parecía, tiene una vida empresarial oculta y poco ejemplar?

El tiempo lo dirá. Pero son preguntas que merecen respuesta. Por él mismo y por su partido. Y posiblemente el propio Soria se dedicará a buscarlas.

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