El año más agitado no calló al Rey

  • El incidente con Chávez, la quema de fotos y la polémica por la visita a Ceuta y Melilla 'incendiaron' la agenda política · El nacimiento de la infanta Sofía fue un bálsamo para los Reyes

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Pocos años ha tenido la Familia Real tanto protagonismo como el pasado, a excepción de los primeros años de la Transición que, al ser impulsada por don Juan Carlos, tuvo al Rey en el primer plano de la vida política.

2007 ha estado plagado de titulares centrados en la figura del monarca. El pasado año trajo noticias preocupantes para la Corona e, incluso, sobresaltos, pero también alguna satisfacción personal como el nacimiento de la infanta Sofía, segunda hija de los Príncipes de Asturias, aunque fue su hermana Leonor la que centró todos los focos. Una niña seductora para los fotógrafos por su expresividad y que en 2007 empezó su vida escolar en la guardería de El Pardo.

La otra cara de la moneda en el plano familiar fueron la separación de la infanta Elena, rumoreada desde unos meses antes y que se oficializó en noviembre, y la muerte de la hermana menor de doña Letizia. Tras la expectación inicial que desencadenó el anuncio de la ruptura matrimonial, que doña Elena abordó apareciendo en público con toda naturalidad sin esconderse de los periodistas, finalmente se respetó el derecho de los duques de Lugo a mantener su vida privada al margen de las cámaras.

2007 estuvo también marcado por la polémica en torno al debate sobre la Monarquía, planteada por partidos y grupos radicales que, aunque minoritarios, sí provocaron algaradas. La Justicia no actuó con suficiente contundencia, trató con guante blanco a los cabecillas de los manifestantes que quemaron fotografías de los Reyes sin que el Gobierno concediera máxima relevancia a lo que ocurría: la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, declaró que se trataba de acciones minoritarias.

Ante la tibieza de las reacciones de apoyo, ERC se envalentonó. Entre otras cosas, la formación republicana reclamó que el Rey dejara de ser el Jefe de las Fuerzas Armadas, cuestionaron los presupuestos de la Casa Real y abogaron por la abolición de la Monarquía. En esos días difíciles, los Reyes recibieron pruebas sobradas de respaldo no sólo institucional sino también ciudadano. A la celebración de la Fiesta Nacional el 12 de octubre, con una recepción a la que generalmente las ausencias eran la tónica dominante, se sumaron personalidades que llevaban años sin acudir, como fue el caso del diputado socialista Alfonso Guerra, que no dudó en declarar que estaba allí por "razones obvias".

En noviembre se produjo un hecho de enorme carga política, y que puso de manifiesto que los Reyes saben muy bien cuándo deben estar al lado de la gente. Con sólo dos días de anticipación anunciaron su visita a Ceuta y Melilla, las dos únicas ciudades españolas que hasta entonces nunca habían sido visitadas por los Reyes en 32 años de reinado porque los sucesivos gobiernos tenían miedo de que Marruecos reaccionara airadamente.

Como se pensaba, Rabat protestó llamando a consultas a su embajador, pero el entusiasmo y la emoción con que fueron recibidos los Reyes en las dos plazas españolas demostraron hasta qué punto esa visita era necesaria para los miles de ciudadanos que viven allí en una zozobra constante porque cada vez se hacen más patentes los intentos de marroquización por parte de Mohamed VI y su Gobierno.

Nunca en sus treinta años de reinado los Reyes habían sido recibidos con más entusiasmo en sus viajes por España ni con más emoción. Y ocurría en fechas en que los Reyes no estaban atravesando precisamente días tranquilos, por lo que es seguro que esas dos jornadas las vivieron con un ánimo especial.

Pero el momento que pasará a la historia en el último año fue el incidente que se produjo el 11 de noviembre, el día de la clausura de la Cumbre Iberoamericana de Chile. El presidente venezolano, Hugo Chávez, había llegado a Santiago, la capital chilena, pronunciando frases despectivas dedicadas a España, al ex presidente Aznar y hacia los empresarios españoles. El Rey y Zapatero acordaron que el presidente del Gobierno sería quien le respondería en la clausura, pero Chávez cortó en seco a Rodríguez Zapatero, al que no dejaba hablar. Fue entonces cuando el Rey le gritó al líder venezolano un contundente "¿Por qué no te callas?" que dejó perplejos a los dignatarios que acudían a la cumbre. Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, arremetió entonces contra España y don Juan Carlos decidió abandonar el plenario.

El ¿por qué no te callas? se convirtió en el grito de la oposición a Chávez en Venezuela, que días más tarde perdía un referéndum que creía ganado, y el líder venezolano no dudó en lanzar sus dardos contra el Rey por su actitud, pretendiendo que se disculpara, algo a lo que el don Juan Carlos se resistió respaldado mayoritariamente no sólo por la clase política y multitud de personajes públicos de todos los sectores sociales, sino también por gran parte de la ciudadanía, con la habitual excepción de Llamazares y de ERC.

El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, provocó un incidente diplomático cuando le dijo al embajador venezolano que el Príncipe Felipe podría mantener un encuentro con Chávez durante los actos de toma de posesión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. La Casa Real se vio obligada a desmentir al ministro de Asuntos Exteriores y, en Buenos Aires, el Príncipe se limitó únicamente a intercambiar un protocolario y breve saludo con el controvertido mandatario venezolano. Un año complicado, turbulento, polémico, y con momentos no siempre gratos para la Corona. El año del ¿por qué no te callas? demostró hasta qué punto el Rey saca su genio cuando alguien insulta a España y a los españoles.

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