El desmoronamiento

  • Fuentes socialistas reconocen la gravedad de la situación en el partido, incapaz de recuperar crédito después de ocho años de zapaterismo y con un Pérez Rubalcaba cada vez más cuestionado

ALFREDO no tiene más remedio que aguantar el tipo y decir que no se ha planteado la dimisión. Pero veremos qué pasa después de las catalanas". El que habla así es miembro destacado del actual equipo socialista.

La noche de las elecciones gallegas y vascas ha marcado la peor fecha de la vida política de Alfredo Pérez Rubalcaba, su mayor fracaso. Y según la mayoría de los que han formado parte de la historia reciente del socialismo, todos ellos amigos de Rubalcaba, todos ellos admiradores de Rubalcaba, no estuvo a la altura de las circunstancias. "Tendría que haber salido la noche del domingo -reconoce nuestro interlocutor- pero aquel día estábamos tan hundidos en Ferraz, fue tan serio el golpe al ver que Feijóo iba sobrado con la mayoría absoluta, que cuando dijo Alfredo que a él no le correspondía salir, sino a Pachi Vázquez y Patxi López pensamos que tenía razón. Nos equivocamos".

Desde ese día, todo es rumor en los círculos políticos, sobre todo en la familia socialista. Y a pesar de que Rubalcaba dijo en rueda de prensa que pensaba cumplir su mandato hasta llegar a término porque había sido elegido para mantenerse en la secretaría general hasta el 2016, aparentemente hay personas de su entorno que creen que podría reconsiderar esa decisión si las elecciones del 25 de noviembre trajeran otro mal resultado para el PSC, como auguran las encuestas. En honor de Rubalcaba hay que señalar que dio la cara en la campaña electoral gallega aunque sabía que presentaba un candidato con escasas posibilidades de éxito; dio la cara en la campaña vasca aunque sabía que Patxi López perdería la Lehendakaritza y no se repetiría el número de escaños de la anterior legislatura, y se va a volcar en la campaña catalana aunque todo apunta a que Pere Navarro va a tener muy mal resultado.

"Alfredo ha demostrado su lealtad al partido en estas campañas, se ha mojado personal y políticamente aunque tenía pocas posibilidades de apuntarse éxitos. Y menos aún en Galicia, donde no contábamos con un buen candidato", aseguran en el PSOE. Pérez Rubalcaba habría querido que fuera el ex ministro de Justicia Francisco Caamaño, consciente de que Patxi Vázquez no era la mejor cabeza de cartel que podía presentarse.

Pero el problema no es que el PSOE esté dividido en Galicia, descorazonado en el País Vasco y desnortado en Cataluña; el problema es que los socialistas no levantan cabeza tras los ocho años de zapaterismo. Y Rubalcaba, mal que le pese, no logra que remonte la imagen del partido, entre otras razones porque él formó parte del equipo más próximo a Zapatero.

Que Felipe González esté distanciado de Alfredo Pérez Rubalcaba, que lo está, ya no es noticia, porque son muchos los hombres y mujeres que han formado parte de la historia del PSOE, amigos personales todos ellos de Rubalcaba, que no se encuentran conformes con la forma en que Rubalcaba dirige el partido y plantea su trabajo de oposición. Tampoco es noticia que José Blanco apenas hable con Rubalcaba, a pesar de que fue uno de sus principales promotores y tuvo un papel decisivo para que Zapatero se decantara por él como sucesor.

Tampoco se sienten tan incondicionales de Rubalcaba los que se encuentran en todas las listas que recogen los nombres de quienes forman parte de la nueva generación que dirigirá el partido a corto plazo, Eduardo Madina, Juan Moscoso, Emiliano García Page, Patxi López, Óscar López… No hace mucho era fácil verlos a la vera del hoy secretario general, como una guardia pretoriana que no le dejaba ni a sol ni a sombra cuando lo permitían sus respectivas responsabilidades institucionales.

La razón del distanciamiento, que en algún caso va acompañado del desafecto, es que Rubalcaba no está siendo el secretario general eficaz que se auguraba iba a ser y, sobre todo y por encima de todo, Rubalcaba no está siendo capaz de poner el partido en condición de ganar elecciones.

Algunos ojos -menos de los que se cree- miran hacia Carme Chacón. Los que la miran piensan que está quieta a la espera de que llegue su momento. Los no chaconistas están convencidos sin embargo de que la ex ministra ya no tiene ninguna posibilidad de ser elegida secretaria general tras perder la oportunidad más clara que se presentó en su camino, la del congreso de Sevilla.

Chacón tiene un lastre no desdeñable: pertenece a un PSC que en este momento es criticado por un amplio sector de las bases del partido por su tibieza ante el independentismo.

Con los datos sobre la mesa, sólo hay una certeza: Rubalcaba no tomará ninguna decisión, en ningún sentido, hasta después de las elecciones autonómicas catalanas. Sus declaraciones de estos días han sido las obligadas en un dirigente que debía lanzar algún tipo de mensaje a sus seguidores tras el fracaso electoral. Un mensaje en el que dijo lo que necesariamente tenía que decir: que no dimite. No cabía otra cosa a un mes de unas nuevas autonómicas. Después … ya se verá.

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