las claves

La diplomacia sin diplomáticos

  • En la sombra. Las negociaciones secretas de eurodiputados españoles frenaron el respaldo buscado por Puigdemont tras su huida a Bruselas después del trabajo previo del Diplocat

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La diplomacia sin diplomáticos

Donald Trump se va a reunir con Kim Jong-un en mayo. Hace un mes nadie creería que se produciría ese encuentro, pero hoy se abre una puerta a la esperanza con esa cita de dos personajes tan opuestos y atrabiliarios como los presidentes de EEUU y Corea del Norte. Los antecedentes de la reunión se han repetido hasta la saciedad; se iniciaron con la decisión de Kim de proponer a su colega surcoreano Moon que desfilaran juntas las delegaciones de las dos Coreas en los Juegos de invierno de Pyeongchang y que hubiera un equipo único en la competición de hockey femenino. Kim, además, envió a su hermana al frente de la delegación norcoreana para asistir a la ceremonia inaugural de los Juegos, con atribuciones para que hiciera contactos con dignatarios de otros países. De esas maniobras surgió el acuerdo de celebrar una cumbre entre Kim y Moon en la zona desmilitarizada que separa los dos países y, finalmente, el anuncio "histórico".

La diplomacia a través de intermediadores, personajes pero con bagaje político, social o cultural, se ha apuntado importantes tantos en la historia reciente. Los embajadores con frecuencia no tienen más papel que prestar asistencia y logística a quienes desbloquean situaciones que llevan años enquistadas, y con menos frecuencia se enteran de que sus gobiernos están utilizando personas ajenas a la diplomacia profesional para asistir a reuniones secretas, o discretas, que sólo pueden tener un buen resultado si se preservan secreto y discreción.

favores de vuelta

"Le debo favores a todo el mundo", dice un eurodiputado español que ha trabajado hasta la extenuación en Bruselas para impedir que esa importante e influyente institución considerara a Puigdemont como un represaliado político al que había que prestar apoyo en su propuesta independentista. Favores que, apunta, algún día tendrá que devolver.

El escaso respaldo institucional al ex president y acompañantes en Bruselas, que incluso empieza a verse entre los nacionalistas flamencos, no se debe al temor de que las iniciativas de Puigdemont calen en partidos independentistas de otros países. O no sólo. El trabajo constante, sólido, implacable y eficaz de media docena de eurodiputados del PP, PSOE y C's ha sido fundamental para que a Puigdemont le falte apoyo político e incluso se le haya impedido la entrada en la sede de la Eurocámara.

Y es que la diplomacia sin diplomáticos está siendo fundamental para paralizar operaciones, potenciar mensajes o lograr que los medios de otros países conozcan todas las versiones de un mismo asunto. Trabajo que no infravalora el de los embajadores, pero hay temas que van más allá de los que puede abordar un diplomático con los interlocutores del país en el que está destinado.

Ese puñado de hombres y mujeres con escaño en Bruselas y Estrasburgo que han dado prioridad a contrarrestar la campaña independentista han abierto las puertas necesarias para que a continuación ministros, o el propio presidente del Gobierno, pudieran rematar asuntos delicados que previamente los negociadores habían suavizado.

No es casual que el pasado jueves se celebrara en Valencia una reunión del Partido Popular Europeo (PPE), el más poderoso del Parlamento Europeo, y al que pertenecen varios de los más influyentes jefes de Gobierno de la UE, entre ellos Merkel o el que podría haberse convertido en líder del Ejecutivo italiano si Berlusconi hubiera tenido mejor resultado, Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo.

En esa reunión hubo un apoyo unánime del PPE a la unidad de España, un aviso a navegantes independentistas. Al PPE pertenece el CDV, partido democristiano que forma parte de la coalición de Gobierno en la que también está el NVA flamenco que apoya a Puigdemont. Los democristianos, igual que el primer ministro Charles Michel, liberal, ya han advertido a los nacionalistas flamencos del riesgo de romper la alianza si van muy allá en su respaldo a los catalanistas. Iniciativa que era respuesta a sugerencias españolas más o menos directas.

No es casual que en el Ejecutivo de Puigdemont una de las consellerias con más medios económicos y políticos fuera la de Raül Romeva, responsable de las relaciones internacionales a través del llamado Diplocat, que abrió nuevas sedes de la Generalitat que ellos llamaban embajadas, y cuya principal labor no era orientar y ayudar a empresarios catalanes que querían expandirse, sino organizar actos culturales para vender una imagen muy concreta de Cataluña y, sobre todo, organizar encuentros con responsables de medios de comunicación y analistas influyentes de los países en los que sus embajadores estaban acreditados. Diplomacia política.

TIMMERMANS, un apoyo

A los pocos días de la huida de Puigdemont, los independentistas maniobraron para que una figura internacional importante mediara con el Gobierno español; conscientes, por la experiencia de Romeva pero también del propio Puigdemont y de Artur Mas, de que ese tipo de negociaciones las siguen con el máximo interés los medios y de esa manera el problema catalán tendría más visibilidad. Pensaron en Juncker, presidente de la Comisión Europea, buen amigo de Rajoy, un tanto a favor para presentarlo así como una personalidad preocupada por la situación en Cataluña.

De nuevo se puso en marcha la diplomacia paralela: Rajoy, los ministros con mejores contactos en Bruselas -incluido Dastis- y los eurodiputados de siempre que "deben favores a todo el mundo". Juncker tenía dudas, no por dar la razón a los independentistas, sino porque pensaba que con una buena negociación quizá él podía conseguir lo que no había logrado Rajoy. Éste, sin embargo, ya no quería reabrir conversaciones con los independentistas que, durante dos años, se habían negado a cualquier tipo de diálogo si no había referéndum. Ante las dudas de Juncker, se tocó a otra figura influyente de la Comisión, el vicepresidente Frans Timmermans, holandés que comprendió el problema desde el inicio, cooperó para que Juncker comprendiera que las supuestas negociaciones podrían ser usadas políticamente por los independentistas contra Rajoy.

Estos días, las negociaciones internacionales para impedir el avance independentista están paralizadas. Llega el turno de otras, las que mantienen ERC y JxCat con la CUP. Pueden ser las últimas: de ellas depende que haya o no un nuevo Govern. Si se elige a un independentista, la diplomacia sin diplomáticos volverá a moverse para bloquear la república independiente que promueve Puigdemont.

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