"La igualdad no es sólo justicia social, también es un poderoso impulso para la economía"

  • A la lucha contra la violencia de género y la discriminación laboral se une el reto de avanzar en la regulación del aborto y aprobar un plan contra la explotación sexual

Bibiana Aído Almagro (Alcalá de los Gazules, 1977) continúa su labor como ministra con el mismo ímpetu con que empezó: ¿No le ha moderado la experiencia? "Es que no hemos podido parar ni un momento. Había que montar un ministerio. Y partíamos de cero". El maratón del pasado lunes en Granada da idea del ritmo de esta joven que con sólo 16 años ya militaba en las Juventudes Socialistas de Cádiz. Licenciada en Administración de Empresas, con formación en el extranjero y experiencia en una sucursal bancaria, se ha convertido en una de las imágenes más populares y controvertidas del equipo de Zapatero. Ha contribuido algún tropiezo en el camino, pero no mayor que los que se cometen a diario en la esfera pública. Si es ingenuidad o ilusión, su conversación no deja lugar a dudas: está convencida de que puede cambiar el mundo: "Era consciente de que mi vida iba a cambiar, pero pienso que va a valer la pena si logro cambiar la vida de mucha gente. Creo que no hay nada más digno que luchar por que las personas tradicionalmente sometidas tengan voz propia". Sorprende en sus respuestas la reflexión pausada que imprime al discurso con su carácter extravertido y cercano. No hay espacio para la improvisación.

-Que el mundo es machista resulta una obviedad. Pero ¿hasta qué punto se tiene que inmiscuir el Estado para cambiarlo?

-Las cifras a nivel mundial acerca de la desigualdad son escalofriantes. Tenemos datos como que el 80% de las personas que viven en extrema pobreza (con menos de un dólar diario) son mujeres. Estamos hablando de que 500.000 mujeres mueren cada año por causas relacionadas con su embarazo; de que millones de mujeres sufren la mutilación genital; de que dos millones de niñas son introducidas cada año en el comercio sexual. Por tanto, son necesarias las políticas de igualdad en el mundo. Si lo trasladamos a España, mientras muera una sola mujer víctima de violencia de género, mientras siga existiendo discriminación en el ámbito laboral por el hecho de ser mujer, mientras una mujer siga cobrando menos que un hombre por desarrollar el mismo trabajo, mientras no tengamos las mismas posibilidades de acceder a puestos de responsabilidad, mientras el cuidado siga siendo algo casi exclusivo de mujeres, obviamente, siguen siendo necesarias las políticas de igualdad. Hay un informe de la ONU que estima que, si no hubiera acciones directas por parte de los gobiernos en esta materia, tardaríamos unos 500 años en llegar a la igualdad real y efectiva. Y desde luego no estamos dispuestas a esperar tanto. Los gobiernos, los poderes públicos no sólo tienen que hacerlo; deben hacerlo.

-Al ser nombrada ministra, el reto era 'montar', dar forma, a un Ministerio de la Igualdad. ¿Qué perfil está adoptando?

-El Ministerio de Igualdad nace con el cometido de desarrollar el ambicioso programa que aprobamos en la legislatura pasada en materia de igualdad. Los retos que tenemos por delante son la lucha cada vez más eficaz contra la violencia que se ejerce sobre las mujeres y la ampliación de los espacios de libertad e igualdad de las personas. En los próximos meses será fundamental avanzar en la nueva regulación de la interrupción voluntaria del embarazo, aprobar una nueva ley de igualdad de trato para que no exista discriminación ni por causas de raza, orientación sexual, religión, discapacidad o edad, y la lucha contra la violencia de género y contra la discriminación laboral.

-En el caso de la violencia machista, las estadísticas son elocuentes. Algo más hay que hacer...

-Debemos tener en cuenta que la Ley Integral es una ley reciente. Apenas han pasado cuatro años desde su aprobación; un tiempo quizá demasiado corto para evaluar el impacto. Sin embargo, todos los datos que hemos obtenido son positivos: ha aumentado el número de denuncias y órdenes de protección, tenemos un mayor número de juzgados especializados contra la violencia de género, la formación está creciendo entre los agentes especializados en la protección de las víctimas y las mujeres tienen cada vez más recursos para salir de la espiral de la violencia. Se está desplegando un sistema de protección sin precedentes.

-Pero para que todo ese sistema funcione, primero hay que denunciar...

-Desde luego, es el primer paso. Y es verdad que se ha producido un aumento importantísimo en los últimos años. Pero entendemos que hay que seguir insistiendo en la sensibilización social. Los últimos datos del CIS lo sitúan en un 2%; un cifra muy baja si tenemos en cuenta que tiene una incidencia directa sobre la violencia de género e, incluso, sobre la reducción del número de víctimas mortales.

-Resulta desalentador que después de un caso de violencia machista, familiares o amigos reconozcan que había un peligro...

-Está creciendo el número de denuncias que ponen tanto los profesionales como los familiares de las víctimas. Y esto es positivo. Pero tenemos que seguir insistiendo. Y de ahí campañas como la de Ante el maltratador, tolerancia cero. Entendemos que la protección está directamente vinculada al concepto de responsabilidad de la víctima, un contexto en el que tienen que implicarse los profesionales responsables de la asistencia integral, pero también el entorno y la propia víctima, que en ningún caso debe minimizar el riesgo.

-El sistema también falla...

-Estamos trabajando en muchas líneas. Cada vez tenemos un conocimiento más exhaustivo de la violencia y estamos viendo cuáles son los principales problemas que se están teniendo, que básicamente son de coordinación. El mejor diagnóstico nos permitirá tomar medidas más adecuadas para abordar la violencia.

-¿Podría avanzar alguna línea de trabajo en ese sentido?

-Estamos trabajando, por ejemplo, en un plan de atención específica para mujeres inmigrantes víctimas de violencia porque el número ha crecido de una forma muy significativa. Sabemos que la ley tiene un efecto claro en la población española, pero no así sobre la población inmigrante. También estamos desarrollando un plan específico de empleo para mujeres víctimas de violencia. Desde el punto de vista de la coordinación, estamos mejorando los mecanismos entre comunidades autónomas, municipios, Gobierno y agentes implicados...

-De cara a 2009, ¿ha logrado introducir las perspectiva de género en los presupuestos o ha frenado la crisis su proyecto?

-Ha habido un incremento de un 37% del presupuesto del Ministerio de Igualdad. Estamos en una cifra de 113 millones de euros. Pero lo más importante es lo que el Gobierno, desde todos los ministerios y todos los departamentos, invierte en igualdad. Y estamos hablando de más de 1.100 millones. Tenemos que tener en cuenta que es un ministerio de carácter trasversal. Por primera vez, los Presupuestos Generales del Estado llevan un informe de impacto de género. Evidentemente, tenemos que seguir avanzando para tener los indicadores mucho más claros.

-Junto a la lucha contra la violencia de género, uno de los proyectos más importantes de su departamento será la nueva ley del aborto.

-Como saben, hemos constituido el grupo de expertos en el ámbito jurídico y sanitario para que hagan un análisis del Derecho comparado y pongan sobre la mesa las bases de lo que será la futura ley. Estamos hablando de que la ley vigente tiene casi un cuarto siglo, que la situación, la realidad española, no tiene nada que ver con la que era hace 23 años y que, obviamente, hay que adaptar una norma de estas características para que solucione los problemas que la actual ley está generando.

-Sin embargo, hay quien piensa que la actual ley responde con los tres supuestos a las necesidades reales de la sociedad y que no es necesario afrontar un cambio...

-Yo entiendo que el debate debe ser diferente al que se mantuvo entonces. Se trata de evaluar qué está fallando y de resolver los problemas: la nueva ley debe garantizar la seguridad jurídica de los profesionales; la seguridad de las mujeres y la equidad territorial.

-Lo cual no significa que haya que apostar por algunas de las leyes de plazos más avanzadas.

-Se trataría de asemejarnos de alguna manera a lo que está vigente. Por eso se está realizando ese estudio de Derecho comparado.

-¿Cree que la sociedad española está preparada para una ley de plazos tan avanzada?

-Bueno, de momento no estamos hablando de una ley de plazos...

-Aunque se sitúe a medio camino con una serie de garantías...

-La sociedad española estuvo preparada hace 23 años para abordar una legislación en esta materia que suponía un avance importante. Si lo estuvo hace 23 años, naturalmente, lo está ahora.

-En el aspecto laboral, parece difícil poner fin a la llamada segunda carga. Aún hay que avanzar para que la conciliación sea real...

-En la Ley de Igualdad tenemos una poderosísima herramienta para avanzar de forma efectiva. Creo que ha supuesto un paso importante en cuanto a conciliación. Hablamos de corresponsabilidad de hombres y mujeres en las esferas públicas y privadas. En la ley se articulan medidas como la ampliación del permiso de maternidad en el caso de partos múltiples, la hora de lactancia, la ampliación de la reducción de jornada, el permiso de paternidad... También estamos trabajando intensamente con las empresas y cada vez son más las que ponen en marcha sus planes de igualdad, tanto las grandes como las pymes.

-En las empresas, la reducción de la jornada puede tener un efecto negativo en las plantillas...

-Yo creo que las empresas cada vez están desarrollando más planes de igualdad y, a tenor de las conversaciones que he mantenido, resulta que la igualdad tiene un impacto positivo en las cuentas de resultados de las empresas. Hay quien apuesta por incorporar a mujeres en los consejos de administración, por que compartan responsabilidades, por el desarrollo de planes de igualdad... Al final resulta que hay un efecto positivo. Cuando hablamos de igualdad no hablamos sólo de justicia social, estamos hablando también de asistencia empresarial: la igualdad es un poderoso impulso de desarrollo económico de nuestra sociedad. Y es un despilfarro no aprovechar el potencial, el talento y la capacidad de la mitad de la población que somos las mujeres.

-Para la propia mujer, las políticas de igualdad también pueden suponer ciertos riesgos. Se preguntan si están ahí por capacidad o por cuota.

-Yo creo que lo que tiene que valorarse, lo más importante, es el mérito y la capacidad. Si lo que se valora es eso, la Ley de Igualdad va a beneficiar tanto a las mujeres como a los hombres. Si tenemos en cuenta que somos un 60% de las personas que acaban estudios universitarios, que lo hacemos con mejores expediente que nuestros compañeros y, sin embargo, eso no se traduce en nuestra mayor contratación, como tampoco se traduce en que asumamos puestos de mayor responsabilidad... Si de verdad se tiene en cuenta la capacidad de la mujer, la Ley de Igualdad también beneficiará a los hombres.

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