De la juerga flamenca a La Moncloa

Gadafi puede ser considerado, entre otras muchas cosas, un personaje extravagante. Pero aun así, su cupo de excentricidades queda lejos de las de cualquier estrella de rock de medio pelo. Su capricho más exquisito ha sido enviar a su cocinero particular a la cocina del hotel donde se alojaba para que le preparara estofado de cordero. No se trató de un guiso cualquiera.

Por lo demás, Gadafi se ha comportado como un cliente poco quisquilloso. No ha pedido sábanas ni almohadas especiales y cuando se ha reclamado al servicio de habitaciones tampoco ha exigido materias diferentes a las utilizadas por el establecimiento. Lo único que demandó fue que se montara un tablao flamenco en una sala para uso particular, pero nada más, porque la propia comitiva había ya contratado en Málaga al cuadro que actuó. Tras la cena, Gadafi y gran parte de sus acompañantes asistieron al espectáculo flamenco, que se prolongó hasta pasada la media noche con intervención del mismísimo líder libio -tocó las palmas- incluida. Y después, todo el mundo a la cama tras una noche completa que también incluyó una vista nocturna de la capital malagueña desde el monte de Gibralfaro.

El director del hotel, Andrés Castillo, tiene dudas de la habitación que ha ocupado el líder libio. "Se reservaron entre 80 y 90 habitaciones, incluidas dos suites. Creemos que pudo utilizar una de ellas, pero no estamos seguros. Es posible que se fuese a cualquier otra por seguridad". Ninguno de los empleados pudo entrar en las habitaciones reservadas por la comitiva libia. "Era tanto el personal de seguridad que las bandejas con los pedidos que hacían las recogían en el propio pasillo", indica Castillo.

Ayer hacia las once, la mayor parte de la comitiva ya había desayunado y se marchaba del hotel. Sólo quedó un pequeño grupo para rematar la organización de la partida y algunas toallas y alfombras dispuestas junto a las ventanas donde posiblemente se llevó a cabo el primer rezo del día.

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