Las necesidades se vuelven a hacer virtud

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Eligió un Viernes de Dolores, el 7 de abril de 2006, para anunciar que dejaba la política, pero el amargo adiós de Bono escondía un dulce hasta luego. Este calamar tiene mucha tinta...

El argumento del ministro de Defensa (el deterioro de su núcleo familiar) sonó a excusa. A ejercicio de diplomacia para disfrazar y disculpar sus discrepancias con el presidente del Gobierno. Los análisis más conspicuos y los comentarios a pie de barra se abrazaban: Bono estaba harto y se marchaba porque no comulgaba ni con las reformas territoriales, sobre todo la del noreste, ni con el neonato proceso de paz con ETA, ese melón que se había abierto el mes anterior.

La rueda de prensa que ofreció ese día en La Moncloa tras el Consejo de Ministros con la vicepresidenta del Gobierno fue un memorable homenaje al melodrama. Brillaron hasta la ceguera arrumacos, complicidad, sonrisasý Ni un tímido reproche al gran jefe. Elegancia, no dejar en evidencia a quien confió en ti, eso tan exótico que se llama lealtad, le sobró. Hasta el punto de que los cariños que se prodigó con De la Vega sonaron a sobreactuación. Bono hacía las maletas en el ecuador de la legislatura con la casa a medio barrer y obligaba a Zapatero a acometer la primera remodelación de su Gabinete, del que se caía el ministro mejor valorado.

Bono es una de esas rara avis de la política que cae bien a diestro y siniestro. A derecha e izquierda. Este coleccionista de mayorías absolutas en Castilla-La Mancha (1983-2004) no es un socialista al uso: hijo de un alcalde franquista, católico, ardiente defensor de la nación española, feroz con los terroristas, en ocasiones beligerante con las tesis de sus correligionarios... Además, sabe vender campechanía como nadie cuando está bajo los focos mediáticos.

Y Zapatero necesita ahora a este verdadero animal político en la durísima carrera electoral para revalidar el poder en marzo. Ya intentó, sin éxito, convertirlo en candidato a la Alcaldía de Madrid en las municipales del pasado mes de mayo. De haber aceptado la oferta, Ruiz-Gallardón no se habría paseado como lo hizo ante Miguel Sebastián. El alcalde lo dejó claro: su mejor contrincante habría sido su "amigo".

Estos son los jardines que procuran grandeza al personaje: cultiva amistades en terrenos hostiles, de rival encarnizado de Zapatero por el liderazgo del PSOE pasa a convertirse en uno de sus mejores activos electorales, socialista de misa dominical, con cierta aura de no engañar... Bono siempre se guarda algo por alto y claro que hable, pero tiene una debilidad: no puede vivir sin ella, la política. Quiere volver por el Congreso. ¿Dónde acabará?

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