La niña de Ibarretxe

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La presentó a bombo y platillo hace dos años en Ajuria Enea pero pasó de puntillas y su popularidad se quedó a años luz de otra niña celebérrima, la de Mariano Rajoy, aunque la de Ibarretxe también existe. Sobre el papel.

El lehendakari sacó a la palestra en abril de 2006 su Plan de Paz y Convivencia, un documento en el que el plusmarquista de la equidistancia entre víctimas y verdugos volvía a echar sal en la herida de las primeras al constatar la "diversidad de sufrimientos" y apostar por una serie de iniciativas tanto a favor de los presos de ETA como de la legión de azotados por el terrorismo, ejerciendo de nuevo de apóstol de víctimas y victimarios. Como colofón, a mayor gloria de su presunta bonhomía, esgrimió un dibujo con una niña que le entregó otra -todo muy espontáneo, ¿verdad?- que simboliza la apuesta por la paz y el perdón y por que el gato respete al ratón y le deje comerse el queso.

Ya estamos. ¿Qué demonios quiso decir el lehendakari? ¿Ese queso es la independencia? ¿Quizá, la convivencia? ¿Ese gato es ETA? ¿O es el ratón? La autora, Mirari, criatura, apuntó muy buenas maneras ante el campeonísimo de la ambigüedad, que al menos tuvo un gesto que le honra meses después, en junio de 2006, cuando pidió perdón a las víctimas del terrorismo. Acabáramos. Después de 40 años mirando para otro lado, un lehendakari admitía "la lejanía de los poderes públicos" y la "soledad" de los damnificados por ETA. Algo sin precedentes. Fue con motivo del 19 aniversario de la matanza de Hipercor. Hace un año, en abril de 2007, volvía a entonar el mea culpa, reconociendo que la sociedad vasca "no ha estado a la altura de las circunstancias frente al sufrimiento de cientos de familias".

Vale. Lo malo del propósito de enmienda es que si no va más allá de la retórica se queda en farsa. Obras son amores. Y cuando ves a la portavoz del Gobierno vasco (26-XII-07) equiparando a los asesinados por ETA con las personas que mueren en carretera por la dispersión de presos etarras o cuando Ibarretxe calla tras la tropelía del PNV en Mondragón al mantener a ANV en la Alcaldía a despecho de su indiferencia ante el asesinato de un trabajador del pueblo, algo huele a podrido.

El gran problema de Ibarretxe es que al ejercer de pastor de lobos y ovejas los confunde. Ayer inauguró otro monumento de homenaje a las víctimas, pero la mayoría de ellas apenas confían en él. No basta con pedir perdón, que su niña va a resultar una niñata.

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