Las claves

El nuevo Mariano Rajoy

  • El futuro presidente está actuando con el sentido de responsabilidad propio del cargo, pronuncia a menudo la palabra Gobierno y transmite una autoridad que no tenía antes de su gran triunfo del 20-N

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HABLA con quien tiene que hablar", explica uno de los pocos colaboradores de Rajoy que tiene contacto fluido con el presidente electo, y al que importa poco que se critique su silencio.

Habla con quien tiene que hablar, que son muchos y muy importantes. Había diseñado previamente la agenda que quería tener si ganaba las elecciones: primero banqueros, después empresarios y expertos económicos, a continuación dirigentes sindicales y de las organizaciones empresariales y después los responsables regionales de su partido. Nadie que haya seguido su campaña electoral podría sorprenderse por ese calendario: su prioridad es la creación de empleo y su segunda preocupación es el sistema financiero, porque si no arregla sus problemas difícilmente logrará uno de los objetivos que se ha marcado Rajoy: que se abra el crédito. En tercer lugar está decidido a que se apruebe una reforma laboral en pocos meses, y también está entre sus prioridades corregir lo que considera graves desaciertos de la política autonómica de Zapatero, donde además es básico sentar las bases de reducción drástica del gasto y poner en marcha mecanismos de devolución de la deuda de las autonomías.

Los socialistas han pasado los últimos ocho años tratando de deteriorar la imagen de Rajoy presentándole como un dirigente político poco trabajador , con cierta indolencia a la hora de tomar decisiones, dubitativo y poco amigo de mojarse. Quizá tenían razón en lo segundo, ha demostrado sobradamente que prefiere dar tiempo a que los problemas se solucionen por sí mismos en lugar de intervenir cuanto antes, pero en cambio mienten descaradamente sus acusadores cuando afirman que es vago. Y mienten porque saben perfectamente que Rajoy lleva años dejándose la piel en el partido. Es verdad que se escapa cuando puede para disfrutar de su familia, procura que las vacaciones en Sanxenxo no sean interrumpidas y suele hacer un viaje al extranjero con su mujer. Pero le echa muchas horas al despacho y no ha habido semana en la que no haya desplazado a alguna ciudad o región española para apoyar a los dirigentes de su partido.

Estos días de presidente in pectore llega muy pronto a su despacho, donde cumple escrupulosamente con la agenda que ha preparado junto a Jorge Moragas.

Pero Rajoy, sobre todo escucha. Los que se han entrevistado con él coinciden en que hay un "nuevo" Rajoy. Que se pronuncia con el sentido de responsabilidad propio de un presidente, que pronuncia a menudo la palabra gobierno y que, aunque tiene buen cuidado de no referirse nunca a sí mismo como presidente en activo, sí transmite una autoridad que no tenía antes del 20 de noviembre. Habla con seguridad, con la certeza de que su proyecto se va a llevar adelante.

Tiene obsesiones, hay palabras que repite constantemente: empleo, emprendedores, pensiones -está decidido a subir todas el año que viene- gasto, déficit - es reiterativo en el cuatro coma cuatro-, austeridad… La economía y las cuestiones económicas ocupan el 90% de su tiempo. Y además de las entrevistas programadas con dirigentes de los distintos sectores sociales, está metido en el discurso de investidura.

Prepara dos discursos al mismo tiempo. Uno, muy breve, que pronunciará en Marsella el día anterior a la cumbre europea. Dispondrá de cinco minutos de tiempo pero sabe que centrará más atención que los discursos de otros primeros ministros, con la excepción lógica de lo que digan Sarkozy y Merkel. Rajoy no quiere salir del paso, sino ir más allá de anunciar que cumplirá puntualmente lo que marque la UE. En esos cinco minutos, con su primer discurso tras el de la noche electoral, se juega la credibilidad de los líderes europeos.

Y luego está el de investidura. Todos los días, absolutamente todos a pesar de su cargada agenda, deja espacio para trabajar en ello. Le han llegado ya centenas de papeles de sus colaboradores y de los responsables sectoriales de su partido, y ha escrito ya algunas ideas. Será un discurso muy centrado en las cuestiones económicas y laborales, con anuncios concretos de programa porque se trata de una enumeración de las iniciativas que va a llevar a su Gobierno, pero en el que necesariamente debe referirse a todas y cada una de las actuaciones en los diferentes campos. En todos, desde el medio ambiente a la investigación, desde la política del agua a la de seguridad, pasando por las propuestas agrarias, pensiones, educación, dependencia o sanidad. Y si algún asunto no entra en su discurso inicial, ya se ocuparán los portavoces de la oposición de preguntar, por eso su gabinete pone orden ya a las fichas que deberá manejar durante el debate.

¿Y el equipo de gobierno, quienes serán los ministros? Ni una palabra. A ese apartado no dedica Rajoy ni un minuto, al menos durante su encierro en la sede de Génova. Los ministrables, que no ocultan su nerviosismo, ni siquiera saben si tiene ya el Gobierno definitivo en la cabeza o si deja el asunto aparcado hasta que sea investido presidente.

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