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¿Qué pasa en el PP?

  • Inquietud. El auge de Ciudadanos alarma en la formación popular, salvo a Rajoy, a quien nadie le exige ningún tipo de responsabilidad; muchos dirigentes sí ven la necesidad de hacer cambios

¿Qué pasa en el PP? ¿Qué pasa en el PP?

¿Qué pasa en el PP?

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En la reunión del lunes de la junta nacional del PP, a la que pertenecen más de 200 personas, nadie se levantó para pedir la palabra. Nadie, aunque se acaban de celebrar unas elecciones catalanes que obligaban a cuestionar la campaña, la elección del candidato y las propuestas del futuro. Nadie. Un asistente comentaba después: "Nadie pregunta, y menos aún demuestra sus discrepancias, porque teme las consecuencias". Otro, veterano y crítico, arremetía contra Rajoy: "Estas cosas hay que saber hacerlas. Le pides a cuatro de los tuyos que se levanten para preguntar lo que te interesa que te pregunten y quedas como dios".

En el PP sólo parece tranquilo el presidente, pero incluso los que pretenden transmitir tranquilidad con el consabido "Rajoy sabe lo que tiene que hacer y lo hará", no consiguen disimular su inquietud. Las noticias que reciben de las direcciones regionales es que la huida de votos a Ciudadanos (C's) es alarmante y, desde luego, la solución no es insistir en que la formación naranja no tiene nadie con experiencia de gobierno, ni en que Rivera es experto en decir lo que la gente quiere oír, pero presenta propuestas inviables, y en que la egolatría de algunos de sus dirigentes ya ha provocado recelos entre Rivera y Arrimadas. Al desencantado del PP que ve en C's el partido del futuro no le afectan esas consideraciones, lo único que quiere es ver una formación de centroderecha ganadora y hoy ese tinte se diluye en un PP que no ha reaccionado ante el desastre catalán y que no se sabe qué medidas está tomando para que Puigdemont no se salga con la suya.

Un dato curioso: Alfredo Pérez Rubalcaba, alejado del PSOE y sin duda una de las mejores cabezas políticas de este país, mantuvo una reunión que esperaba discreta con Marta Pascal, oficialmente la máxima dirigente del PDeCAT, lo que demuestra su inquietud por la situación de Cataluña y su disposición a cooperar para tratar de encontrar una salida. No se sabe si lo ha hecho motu proprio o por encargo, pero ha tomado iniciativas que no se ven en el Gobierno y en el PP para tantear cómo está el bloque independentista.

las luchas intestinas

Soraya Sáenz de Santamaría es acusada de no abordar con inteligencia el problema catalán, que era su responsabilidad, y también por estar desaparecida desde el 21-D. Lo primero puede ser cierto, aunque, vista la irracionalidad de Puigdemont, es difícil saber si otro dirigente habría sabido meter en cintura a un político que no respeta las leyes y que ha entrado en una especie de enloquecimiento que asusta incluso a Marta Pascal. La desaparición es cierta... provocada por una conjuntivitis viral aguda que la ha tenido encerrada varios días.

Soraya está en todas las conversaciones en las que se aborda el problema de desafecto que sufre el PP y el Gobierno. Su falta de conexión con Cospedal no sólo no se ha suavizado, sino al contrario, y no ayuda a que se arreglen las cosas que la ministra de Defensa sea la secretaria general, lo que provoca críticas incluso entre algunos de sus defensores, ni que Soraya haya sido la responsable del caso catalán, que no ha salido bien.

Cospedal no asistió a la reunión del lunes por sus compromisos como ministra que la llevaron a Japón, situación que dio pie a que hubiera algunos comentarios sobre que en el congreso del partido se había aprobado que no se podían compartir varios cargos. Cospedal es secretaria general, ministra, diputada y presidenta del PP manchego.

Es un clamor entre los barones que Rajoy tiene que tomar medidas expeditivas si pretende que el PP no quede borrado del mapa como lo fue la UCD de Suárez. Tiene en su contra el desgaste de Gobierno, la inestabilidad por un independentismo catalán que no se para en barras y al que hay que combatir con contundencia, no con la denuncia sistemática de que no cumplen la ley. Y también tiene en su contra, y es lo más grave para el PP, que ya hay rival al que pueden votar los desencantados.

reunión de alcaldables

Con un agravante: en junio del 2016 el PP mejoró los datos de las elecciones de diciembre de 2015, entre otras razones, porque funcionó el voto útil. Rivera había pactado con un PSOE que coqueteó con Podemos y Rajoy parecía el único dirigente que ponía pie en pared contra el partido de Iglesias. Hoy, sin embargo, C's se ha situado inequívocamente a la derecha, sobre todo en Cataluña, y Podemos ya no es un peligro, pues su declive es más acentuado que el del PP. Por tanto, ese mantra que repiten los afines a Rajoy de que en las generales se volverá a votar al PP porque es el partido más sólido ya no cala como en 2016.

A esta situación evidente, que revuelve las entrañas del partido, se suma la idea generalizada de que el PP y el Ejecutivo necesitan un relanzamiento. Urgente. Y eso pasa por hacer cambios en un Gobierno en el que hay ministros quemados y por potenciar el PP presentando sus mejores caras tanto en ese nuevo Gabinete como en las candidaturas a alcaldes en las principales ciudades españolas, entre ellas, Madrid, Sevilla, Santander y Valencia.

Rajoy y el equipo de dirección han tomado la decisión de organizar asambleas sectoriales en las próximas semanas de las que salgan propuestas que aborden los problemas más importantes de los españoles, que culminarían con una Convención Nacional a la que tan proclives son los partidos cuando viven dificultades. Se celebraría entre marzo y abril, y hay algunos dirigentes que defienden que tendría que utilizarse para presentar las candidaturas municipales porque de esa manera se visualizaría la intención del PP de mejorar el partido y demostraría que hay banquillo frente a otros partidos -C's, desde luego- que no cuenta con personas con experiencia.

Lo que no se ha planteado el PP es que C's pueda pescar en aguas populares pensando en las candidaturas municipales y autonómicas, algo que, sin embargo, sí se escucha en boca de algunos miembros del equipo de Rivera. Los dos partidos, públicamente, mantienen un pacto de Gobierno. En privado, unos abominan de otros, y las relaciones entre Rajoy y Rivera son manifiestamente mejorables. Se soportan, eso es todo, porque se necesitan. Pero si el PP no reacciona, cada vez será menor la necesidad que tiene C's de ir de su mano.

la pesadilla del pp

Nadie duda de los cambios en el Gobierno. Es probable, aunque no seguro, que Guindos salga dentro para ocupar la vicepresidencia del Banco Central Europeo. Quienes conocen bien el escaso entusiasmo de Rajoy por las variaciones, creen que esta vez sí las hará porque es consciente de que necesita dar más potencia en el Gobierno con caras creíbles y de prestigio. Pero dicen también que no lo hará con el 155 en vigor y, preferentemente, después de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Confía en el apoyo del PNV, que Urkullu le ha dado a entender que es seguro salvo que nuevos acontecimientos en Cataluña lo haga imposible.

Y ese es el problema de Rajoy, que con Puigdemont dispuesto a cualquier cosa con tal de ser president se puede producir una situación que provoque tal desprestigio que el PNV se vuelvas atrás. Por ejemplo, que Puigdemont esquive todos los controles y se presente en el Parlament para ser investido. Si sucediera, ni el partido ni Rajoy podrían seguir soñando con ser una formación de Gobierno.

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