El susto, después de las autonómicas

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MARIANO Rajoy dejó pintada ayer su difícil hoja de ruta de gobierno, cuya encrucijada consiste en saber cómo conjugará el ajuste del gasto público -al menos, 16.500 millones de euros de la administración eliminados de la circulación- con la creación de empleo. Ahora bien, los 16.500 millones de euros son sólo una cifra indicativa, de ahí que no será hasta finales de marzo cuando el nuevo presidente del Gobierno anuncie la realidad de los ajustes a los que nos enfrentaremos a lo largo de 2012. Es cierto que Rajoy esbozó su hoja de ruta, pero no bajó al detalle completo: qué tipo de firme lleva el camino, qué baches esconde y, sobre todo, si el terreno será de una inclinación sostenida o habrá una sucesión de repechos que llevarán, indefectiblemente, a la pájara. ¿Lo esconde Rajoy? No.

Aunque ayer no avanzó en qué consistirá la reforma laboral ni dio detalles de la reestructuración del sector bancario ni aclaró en qué consiste esa reforma de la carta de servicios básicos sanitarios que, por cierto, ya existe, al nuevo presidente le aguarda una incógnita que él no puede resolver ahora.

Rajoy cifró el ajuste en esos 16.500 millones de euros, pero para ello es necesario que el déficit de las administraciones se quede a finales de este año en el 6%. A medida que éste aumente, y es casi seguro el desvío, habrá que ir sumando cientos de millones, sino miles. Si fuera del 8%, estaríamos manejando una cifra superior a los 25.000 millones de euros: la pájara asegurada. La razón es que el compromiso urgente de Rajoy -no el importante, sino el ineludible- es cerrar el año 2012 con un déficit del 4,4%: a medida que nos elevemos desde ese 6% objetivo, el esfuerzo será mucho mayor.

Rubalcaba ya propuso durante la campaña que se aminorase, de acuerdo con la Unión Europea, el ritmo de reducción del déficit público, pero todo indica que espíritu espartano y prusiano de Merkel lo impedirá. Así, que a por el 4,4% con un cueste lo que cueste -vino a advertir Rajoy-, al que no se le oyó solicitar al Banco Central Europeo una política monetaria expansiva que ya lo pide todo el espectro ideológico-económico.

Rajoy no sabrá hasta principios de enero cuáles son las perspectivas de crecimiento económico -ahora, de un increíble 2,3%-; esperará a que se lo dé la Unión Europea; diseñará su propia previsión con ese primer dato, y en marzo tendrá ya la cifra final de déficit de 2011. Será, entonces, cuando lleve a las Cortes y apruebe el Presupuesto de 2012: el de la cuesta sostenida o el de los repechones asfixiantes. Por eso no puede adelantar todas las medidas: porque no es lo mismo recortar 16.500 millones que 25.000 millones. Y porque si nos prepara para el susto, nos daría una pájara anticipatoria de la hipoglucemia fiscal.

De aquí a marzo habrá medidas poco gratas -por seguir con la expresión marianista- ; se aprobarán la reforma laboral y el decreto de medidas urgentes del 30 de diciembre, pero será en primavera cuando llegue el gran susto. O el susto a secas. Eso le da un cierto respiro al líder del PP andaluz, Javier Arenas, porque podrá afrontar su campaña electoral sin el peso de lo peor. Las elecciones andaluzas no se convocarán más allá del domingo 25 de marzo, y los Presupuestos del Estado se firmarán a finales de este mes. Un poco antes, imaginaremos el ajuste, atisbaremos el grado de la pendiente, pero la crudeza de una exigencia de déficit convertida en garbanzos no arreciará hasta marzo.

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