25-M: un test que va más allá de Europa

  • El PP interpretaría la victoria como un estímulo a sus reformas y el PSOE como un aval a Rubalcaba.

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El 25 de mayo está en juego mucho más que la representación española en Europa: Mariano Rajoy espera el plácet de las urnas a sus reformas y Alfredo Pérez Rubalcaba confía en apuntalar su liderazgo y poner fin al desamor con sus electores. Los demás aguardan a que el PSOE y el PP se estrellen para repartirse el botín.

Jamás unas elecciones europeas habían tenido tantas lecturas y eso que en esta ocasión las encuestas pronostican la abstención más elevada desde que España entró en la UE, en un ambiente de desafecto generalizado de los ciudadanos con la clase política, a la que no ven capaz de sacarles de la crisis.

Para el Gobierno de Mariano Rajoy y el PP, estos comicios pueden convertirse poco menos que en un plebiscito sobre el respaldo de la ciudadanía a sus reformas y recortes en pro del cumplimiento de los objetivos del déficit y en la prueba del algodón sobre si ha calado el mensaje de la recuperación económica.

Una victoria sobre el PSOE podría ser interpretada como un salvoconducto para acometer nuevos ajustes, advierten los socialistas, quienes creen que una derrota del PP frenaría el afán reformista de Rajoy, sobre todo si ese triunfo se ve acompañado de unos buenos resultados de la socialdemocracia europea.

Se trata de ver hasta dónde llega el alcance del castigo electoral que las encuestas vaticinan al PP, pero Rajoy parte con la tranquilidad de estar gobernando y de que no hay nadie que le tosa dentro de su partido, ni siquiera el ex presidente José María Aznar, ausente por primera vez de una campaña electoral.

Así, mientras el PP confía en sus posibilidades, el PSOE está deseando que esta cita se convierta en el primer castigo a Rajoy y en una premonición de lo que puede pasar en las municipales y autonómicas de 2015.

Rubalcaba pone en juego su nuevo y renovado proyecto socialista, pero también su liderazgo, y un triunfo en estos comicios, aunque fuera por un voto de diferencia, sería el espaldarazo que tanto necesita. Sólo dos años y medio después de la debacle del 20-N, el secretario general de los socialistas confía en una remontada casi milagrosa, amparándose en algunos sondeos que en las últimas semanas les han colocado por delante del PP o en situación de empate técnico.

Con un resultado digno, la dirección del PSOE no tendrá problemas a la hora de llevar a cabo su "hoja de ruta", que prevé celebrar primarias abiertas en noviembre para elegir al nuevo cartel electoral. Lo que está por ver es qué pasará si el resultado no es tan bueno o directamente es malo, y no faltan voces que advierten de que se avivarían de nuevo las tensiones internas, hasta el punto incluso de que habrá quien exija un congreso federal extraordinario para relevar a Rubalcaba sin esperar a las primarias.

No obstante, desde la dirección federal se descarta la hipótesis de un congreso extraordinario y se insiste en que habrá primarias con independencia del resultado del 25M. Sea como sea, nadie duda de que los dos principales partidos van a sufrir un fuerte correctivo y van a perder millones de votos y varios escaños en lo que algunos certifican ya como el fin del bipartidismo, a la espera de que las urnas confirmen el naufragio del PP y del PSOE para quedarse con sus puestos.

Los que más pueden beneficiarse de ese hipotético descalabro son IU y UPyD, a los que todas las encuestas pronostican un gran auge, aunque se haya desinflado un poco en los últimos días.

Ambos han abundado estos días en la idea de que en realidad el PP y el PSOE son lo mismo, una tesis que ha contribuido a abonar el ex presidente Felipe González con unas recientes declaraciones sobre la "gran coalición" que han sido consideradas muy desafortunadas por Ferraz.

Y tampoco faltan sondeos que sientan en Bruselas a fuerzas políticas de nuevo cuño, como Podemos -a la izquierda de IU- o VOX -a la derecha del PP-.

También pueden servir las elecciones europeas de aperitivo de la consulta soberanista en Cataluña, una especie de test para medir el apoyo ciudadano a la propuesta de CiU y ERC o para averiguar si, tal y como se augura, hay un trasvase de votos de los nacionalistas a los independentistas republicanos.

Otros que se la juegan son el PSC y el PPC, y los socialistas además podrán saber si han tocado su suelo electoral o si continúan en caída libre.

Las europeas serán igualmente un termómetro sobre las elecciones del próximo año, las municipales y autonómicas de mayo y las generales de noviembre. Con ese escenario encima de la mesa, el resultado de estos comicios será el espejo en el que se miren todas las fuerzas políticas para diseñar sus futuras estrategias electorales, corregir errores y abundar en los aciertos.

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